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Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño

Como le suele ocurrir a toda colección de relatos, Llamadas telefónicas es, en conjunto, una obra desigual. No se trata de que los relatos de Bolaño sean buenos o malos, más bien que en la recopilación se pueden apreciar altibajos narrativos. Cada relato, como cada novela, tiene su vida propia y reunir varios en un mismo volumen acaba condicionando cada relato al que le precede, y todos ellos a la totalidad, lo cual no deja de desvirtuar la esencia del relato.
De todas formas hay en Llamadas telefónicas un par de detalles que me gustaría destacar, con la salvedad de que lo hago desde la perspectiva de la obra completa de Bolaño, o, más bien, retrocediendo desde 2666 y Los detectives salvajes. De esta forma se puede apreciar el germen de estas dos grandes novelas en los relatos que conforman Llamadas telefónicas, por ejemplo en el intento de desvincular al protagonista del narrador, tal como ocurre en los detectives salvajes, de forma que, y siendo Arturo Belano el alter ego narrativo de Bolaño, el autor intenta verse (a él o a Belano) a través de los ojos del resto de los personajes. El narrador omnisciente queda así diluido, no hay posibilidad de contemplar la narración desde el punto de vista del “que sabe”, sino desde la perspectiva del “que sabe y muestra lo que los demás creen” Se abre así un campo de “realidad subjetiva”, o de suma de subjetividades en el caso de la novela, a partir de la realidad del autor, una realidad que queda oculta por ser ininportante para la narración. En este sentido es curioso comprobar como los relatos más interesantes de Llamadas telefónicas indagan en esta forma de narrar y aquellos en los que Belano narra en primera persona son los más decepcionantes.Hay otra cosa que me ha llamado la atención, pero pertenece al campo de lo privado, que la menciono porque este va siendo el motivo recurrente de este blog. Podríamos llamarlo literaturalización de lo cinematográfico. Un par de relatos de llamadas telefónicas, Detectives y Joanna Silvestri, me han recordado dos películas. El primer relato, Detectives, en la que se contempla una conversación en un coche entre dos policías remite inmediatamente a Pulp Fiction y a las triviales charlas que mantienen Vincent Vega y Jules Winnfield en idéntica situación. Tanto el relato como la película tienen en común mostrarnos a personajes moralmente deleznables con los que el lector-espectador se identifica a causa de la naturalidad del diálogo.



El relato Joanna Silvestri tiene en algo en común con una escena de Mighty Aphrodite de Woody Allen. Tanto Silvestri, personaje de Bolaño como Linda, de Allen, tienen una especie de revelación mientras están rodando una escena pornográfica:

Linda: Okay, so I had one guy fucking me from behind and two guys dressed as cops in my mouth and all I could think was, "I like acting. I wanna study."

O en el relato de Bolaño, mientras la actriz se encuentra en la misma “situación”: (la presencia de Jack) parecía santificar nuestra película y nuestro trabajo y nuestras vidas



No tengo nada contra la hibridación de disciplinas artísticas, creo que puede dar resultados interesantes. Tampoco pretendo afirmar tajantemente que los referentes de Bolaño mientras escribía esos relatos fuesen precisamente esas dos películas (en las que, curiosamente, el diálogo es fundamental) Simplemente quería mostrar como las cosas se relacionan entre sí.
Y no digáis que la idea es descabellada: La primera edición de Llamadas telefónicas es de 1997, Pulp Fiction es de 1994 y Mighty Aphrodite de 1995

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Existe un fragmento (en que usted seguramente ya ha reparado)donde una actriz pornográfica también tiene una revelación: en el tercer libro de 2666, se narra una escena donde una mujer actúa una doble penetración, sin ella quererlo alcanza un "orgasmo inesperado" un instánte místico.

Los detectives de "detectives" no tienen la conversación meliflua de Travolta y Jackson en Pulp Fiction, de hecho es una conversación cargada de la culpa que llevan sobre las espaldas luego de ser parte del golpe del 73, asimismo, su conversación no es chistosa (como la de Pul Fiction), sino más bien tristísima. A mí ese relato me recordó, por lo de la relación reo-guardián, a una película totalmente distinta, Pasqualino SetteBelleze, de Lina Wertmuller.


PD: por cierto, bonito blog :)

Bueno, es otro punto de vista. Lo que demuestra, una vez más, que cada lector crea su propia obra literaria.
Un saludo, Diegogue, y gracias por la visita, el comentario y el cumplido.

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