22/2/05

En el principio fue...

II. Los Egipcios vivieron en la presunción de haber sido los primeros habitantes del mundo, hasta el reinado de Psamético. Desde entonces, cediendo este honor a los Frigios, se quedaron ellos en su concepto con el de segundos. Porque queriendo aquel Rey averiguar cuál de las naciones había sido realmente la más antigua, y no hallando medio ni camino para la investigación de tal secreto, echó mano finalmente de original invención. Tomó dos niños recién nacidos de padres humildes y vulgares, y los entregó a un pastor para que allá entre sus apriscos los fuese criando de un modo desusado, mandándole que los pusiera en una solitaria cabaña, sin que nadie delante de ellos pronunciara palabra alguna, y que a las horas convenientes les llevase unas cabras con cuya leche se alimentaran y nutrieran, dejándolos en lo demás a su cuidado y discreción.
Estas órdenes y precauciones las encaminaba Psamético al objeto de poder notar y observar la primera palabra en que los dos niños al cabo prorrumpiesen, al cesar en su llanto e inarticulados gemidos. En efecto, correspondió el éxito a lo que se esperaba. Transcurridos ya dos años en expectación de que se declarase la experiencia, un día, al abrir la puerta, apenas el pastor había entrado en la choza, se dejaron caer sobre él los dos niños, y alargándole sus manos, pronunciaron la palabra becos. Poco o ningún caso hizo por la primera vez el pastor de aquel vocablo; mas observando que repetidas veces, al irlos a ver y cuidar, otra voz que becos no se les oía, resolvió dar aviso de lo que pasaba a su amo y señor, por cuya orden, juntamente con los niños, pareció a su presencia. El mismo Psamético, que aquella palabra les oyó, quiso indagar a qué idioma perteneciera y cuál fuese su significado, y halló por fin que con este vocablo se designaba el pan entre los Frigios. En fuerza de tal experiencia cedieron los Egipcios de su pretensión de anteponerse a los Frigios en punto de antigüedad.

Heródoto, Historia, Libro II (Logos Egipcio)


Traigo el texto por curiosidad. Sé que Robertokles quiere detenerse en la voluntad de no aprender, en la negación voluntaria del conocimiento, y que Iria quiere destacar la importancia de la palabra para comunicar la experiencia y lo que ocurre cuando la palabra falta. Por mi parte me limito a recopilar, a acumular palabras y conocimiento.

(No mencionaré a Graves para no llevarme la regañina de Robertokles, pero hay teorías, bellas poéticamente pero faltas de rigor, lo sé, que apuntan hacía un origen mítico de la palabra, hacia el poder que encierra el conocimiento exacto de los nombres que designan las cosas. Ursula K. Le Guin desarrolla esa teoría narrativamente en su ciclo de Terramar. Nosotros, ocultos en nuestros voluntarios nicks no hacemos más que prolongarla)