15/12/04

El teatro de Sabbath, de Philip Roth

“Todo el mundo se masturba en las bibliotecas, para eso están...”.
Philip Roth, El teatro de Sabbath.


Este es un libro que levantó polémica por su contenido. Un libro que comienza con la frase "- Renuncia a joder con otras o lo nuestro se termina" y que narra las peripecias sexuales de un sexagenario, estaba destinado a levantar ampollas en los sectores más puritanos de la sociedad estadounidense.
Pero, aunque el libro es provocador, directo y grosero en muchos momentos, eso no es más que la parte que impactará a los malos lectores: El teatro de Sabbath es Literatura con mayúsculas.
Una reflexión sobre la vida y la muerte, que se inicia con esta cita de La tempestad: "De cada tres de mis pensamientos, uno se consagrará a mi tumba". Y hacia la tumba se encamina Sabbath, el titiritero artrítico, con sus fracasos sentimentales a cuestas: Su primera mujer desaparecida; la segunda alcoholizada; su última amante muerta por el cáncer. Hacia la tumba donde le espera su hermano muerto en la segunda guerra mundial. Y mientras camina repasa su vida, una vida dedicada a provocar el dolor en sus semejantes. No pensemos en desviaciones sexuales, en el sadismo. El poder de Sabbath es la palabra; con ella se deshará de su primera mujer, destrozara a la segunda, conquistará y disfrutará con su amante croata, que apenas habla inglés.
Es fascinante el uso del dialogo, las expresiones mordaces e hirientes, el poder de la palabra del que Roth hace gala en boca de Sabbath. La palabra que conduce a una muerte siempre eludida y que sólo consume a los que le rodean.
Así Sabath plantea su epitafio:

Morris Sabbath
"Mickey"
Amado putero, seductor, sodomita,
ultrajador de mujeres,
destructor de la moral, extraviador de la juventud,
uxoricida, suicida
1929-1994

Y así divaga sobre el suicidio:

Como era un marinero de gran experiencia hizo perfectamente su cama. Su cama... Dos simples palabras, unas sílabas tan viejas como el mismo idioma, pero que ejercían un poder tiránico sobre Sabbath. ¡Con qué tenacidad se aferra a la vida! ¡A la juventud! ¡Al placer! ¡A las erecciones! ¡A las prendas interiores de Deborah! Y no obstante, mientras hacia la cama no dejaba de mirar abajo, a la mancha verde del parque, desde la ventana del piso dieciocho, pensando que había llegado el momento de saltar al vacío. Mishima, Rothko, Hemingway, Berryman, Koestler, Pavese, Kosinski, Arshile Gorki, Primo Levi, Hart Crane, Walter Benjamin...una cuadrilla incomparable. No seria nada deshonroso incluirse en la nómina. E1 mismo Faulkner... era como si se hubiera suicidado con el alcohol, lo mismo que (decía Roseanna, ahora una autoridad sobre los muertos distinguidos que podrían estar vivos si hubieran “compartido” sus experiencias en Alcohólicos Anónimos) Ava Gardner. La bendita Ava. Pocas cosas de los hombres podían sorprender a Ava. Elegancia y suciedad, inmaculadamente entrelazadas. Muerta a los sesenta y dos, dos años más joven que él. Ava, Yvonne de Carlo... ¡esos eran los modelos! A la mierda con las ideologías loables. ¡Superficial, sí, superficial! Basta de leer y releer Una habitación propia... hazte con las obras completas de Ava Gardner. Una pellizcona y manoseadora virgen lesbiana, V. Woolf, una vida erótica consistente en una parte de sensualidad y nueve partes de temor, una parodia inglesa de un borzoi demasiado educado, superior sin esfuerzo, como sólo pueden serlo los ingleses, hacia todos sus inferiores, y que jamás se quitó la ropa en toda su vida. Pero una suicida, Sabbath no debía olvidarlo. La lista era más alentadora cada año. Él sería el primer titiritero.
(...)
Le faltaba la nota. ¿Coherente o incoherente? ¿Enojada o indulgente? ¿Malevolente o cariñosa? ¿Rimbombante o coloquial? ¿ Con o sin citas de Shakespeare, Martin Buber y Montaigne? Deberían vender una tarjeta expresa para la ocasión. No podía enumerar todos los grandes pensamientos que no había alcanzado; lo que no había dicho acerca del significado de su vida era insondable. Y algo chistoso es superfluo... el suicidio es realmente chistoso, aunque pocas personas lo perciban así. No lo impulsa la desesperación o la venganza, no nace de la locura, la amargura o la humillación, no es un homicidio camuflado o una pomposa exhibición de odio hacia uno mismo, sino que es el toque final de la sarta de chistes. Se consideraría mas fracasado todavía si acabara sus días de cualquier otra manera. Para todo amante de las bromas, el suicidio es indispensable. Para un titiritero, en particular, no hay nada más natural: desaparecer detrás de la mampara, insertar la mano y, en vez de representar como tu mismo, realizar el acto final como el títere. Merece la pena pensar en ello. No existe una manera mas divertida de desaparecer. Un hombre que quiere morir. Un ser vivo que elige la muerte. Eso es diversión.
Sin nota. Las notas son un engaño, escribas lo que escribas.


Y así contempla la agonía de su amante croata:

También había aprendido a decir "morfina", una palabra que a él no se le había ocurrido nunca enseñarle. Pero sin la morfina, Drenka se sentía como si la estuvieran descuartizando viva, como si una bandada de aves negras, de aves enormes, decía ella, caminaran por la cama y sobre su cuerpo y tirasen entrañas. Y la sensación, solía decirle... si, a ella también le encantaba decirlo... la sensación cuando él se corría dentro de ella. "La verdad es que no noto el chorro, no puedo, sino la pulsación de la polla y mis contracciones al mismo tiempo, y todo tan húmedo, nunca sé si es mi jugo o el tuyo, el coño me gotea y el culo también, y noto las gotas que se deslizan por mis piernas, oh, Mickey, tanto jugo, Mickey, por todas partes, tanto jugo, una salsa tan liquida y abundante..." Pero había desaparecido la salsa liquida, la pulsación, las contracciones; se había perdido los viajes que nunca hicieron, lo había perdido todo, sus excesos, su obstinación, su temeridad, su naturaleza amorosa e impulsiva, la división de su yo, el abandono de sí misma, y el cáncer satírico y sardónico convertía en carroña el cuerpo femenino que para Sabbath había sido el más embriagador de todos. El anhelo de seguir siendo Drenka interminablemente, de seguir siendo una mujer ardiente, sana y en posesión de si misma, todo lo trivial y lo prodigioso ahora consumido, órgano por órgano, célula por célula, devorado por las ávidas aves negras. Sólo el fragmento de la historia presente y los fragmentos de su inglés, sólo trozos del corazón de la manzana que era Drenka, sólo eso quedaba. Ahora el jugo que fluía de ella era amarillo, rezumaba la amarillez de ella y empapaba las almohadillas, y amarillo, amarillo, amarillo concentrado en la bolsa de irrigación.

Y al fin:
“Gracias a Dios, murió al cabo de seis meses, a causa de un émbolo pulmonar, antes de que hubiera tiempo para que el cáncer, que se había extendido omnívoramente desde los ovarios a todo su organismo, torturase a Drenka hasta vencer incluso la firme resistencia de su fortaleza inquebrantable”

El sexo como contrapunto a la muerte domina la narración de El teatro de Sabbath. La crudeza con las que estas obsesiones, sexo y muerte, son mostradas no impiden que estén llenas de gran lirismo. La fuerza visceral de la narración esta controlada por el poder creativo de Roth. El teatro de Sabbath es una de las grandes obras estadounidenses del siglo XX. Y no exagero.

Los textos están extraídos de la edición de Alfaguara, en traducción de Jordi Fibla.

3 comentarios:

ferran dijo...

Admiro tu blog, aunque admirar sea una palabruzca demasiado fuerte. En fin, que hoy empiezo con "El teatro de Sabbath" y mañana (cuando lo termine) continuaré explorando McCarthy en el último libro que me queda por leer de él. En fin, no sé porqué te cuento eso, puede que para que me des ánimos en lo de Sabbath y unas palabras de tu opinión al respeto.
Visita mi humilde blog, a ver si consigo que te interese.

lexapro online dijo...

I really liked your article.

Pedro dijo...

Claro qué en um blog de Portnoy no podria faltar Sabbath!