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10/9/07

Hormigas, de Lafcadio Hearn

Kwaidan, de Lafcadio Hearn tiene al menos dos distintas ediciones en castellano: La de Siruela y la de Alianza Editorial (con el subtítulo, Cuentos fantásticos del Japón) En el feed de Leelibros puede compararse los listados de relatos que componen ambas ediciones. De la edición de Alianza encuentro a faltar un par de relatos de la película de Kobayashi , Pelo negro y En una taza de te. Ésta última me interesaba especialmente por el recurso metanarrativo que emplea el director de la película para resolver la historia inconclusa y compararla con su equivalente literario.
En compensación, Alianza Editorial incluye tres curiosos textos de Hearn reunidos como Estudios de insectos: Mariposas, Mosquitos y Hormigas.
En Mariposas el lepidopterólogo lo es de insectos literarios, un buscador de poesía que descubre maravillas aladas en haikus y leyendas. En Mosquitos la muerte alimenta a los insectos.
En Hormigas el escritor se convierte en apologista de un sistema social que, desde nuestra perspectiva histórica, se puede considerar entre ingenuo y peligroso. Peligroso en su ingenuidad.
La biografía de Hearn puede explicarnos algo sobre esta fascinación del escritor griego-irlandés por las ideas de Herbert Spencer , llevando el evolucionismo hasta sus últimas consecuencias, considerando el sistema social que se establece en un hormiguero aquel al que evolutivamente tiende la humanidad, en el cual el individuo pierde su esencia en beneficio de la comunidad. Como extranjero en el Japón de finales del siglo XIX, sus esfuerzos para integrarse debieron ser enormes. ¿Debe considerarse sintomático el escrito de Hearn sobre las hormigas? Es decir ¿ve Hearn en la sociedad japonesa en la que quiere integrarse un sistema social más perfecto que el occidental? Y hablamos de una sociedad jerárquica con connotaciones feudales en la que el Emperador, su máximo representante, goza incluso de atributos divinos. Esta tendencia a considerar evolutivamente deseable una sociedad en la que la voluntad y los deseos (sí, incluso el deseo sexual) son abolidos o absorbidos por el bienestar y supervivencia del grupo social parece anticipar muchos de los totalitarismos que, bajo distintos aspectos, asolaría el siglo XX.
La lectura de Hormigas de Hearn me ha recordado al Eureka de Poe, no por su contenido sino por el desmedido entusiasmo en que ambos, literatos pero no científicos ni sociólogos, se lanzaron a especular sobre el futuro de la humanidad. El opúsculo de Poe puede ser perdonado ya que su ingenuidad dota al texto de un tono poético que contrarresta en cierta manera su concepción mística de los nuevos, para su época, avances científicos. Hasta que punto el texto de Hearn puede ser disculpado es otra cuestión. Leyendo Hormigas uno recuerda 1984, Un mundo feliz, Nosotros... pero debemos replantearnos la recurrencia ya que en Hormigas no hay un espíritu crítico, ni una denuncia del totalitarismo que anula al individuo. Al contrario, hay un deseo vehemente, una creencia cierta en la superioridad de un sistema estratificado en el cada individuo vive y muere a causa de su funcionalidad dentro del grupo, sin que ni la hormiga ni el grupo se cuestionen el entorno.
Podríamos comparar la sociedad japonesa de finales del XIX con un hormiguero y a Hearn con un individuo dispuesto a ser uno más, indistinguible, intentando borrar el estigma del extranjero, su cualidad de Otro.
Pero las mejores intenciones, las ideas más poéticas, pueden conducir a siniestras conclusiones.



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En el viejo Japón existen antiquísimas y fantásticas creencias sobre la mágica eficacia de ciertas operaciones, implicadas, aunque no descritas, en el verbo nazoraeru. El significado intrínseco de esta palabra no puede traducirse con exactitud (...) porque se relacionan con varias clases de magia mímica que no tienen fácil explicación, así como también refiérense a muchos actos de fe religiosa. Los significados más corrientes de nazoraeru, según los diccionarios, son: imitar, comparar, asemejar; pero la significación esotérica es "sustituir en el pensamiento un objeto o acción, por otro, con el fin de obtener un resultado mágico o maravilloso".

Por ejemplo: vuestras fuerzas no os permiten construir un templo budista; pero fácilmente podéis colocar un guijarro delante de la imagen de Buda con el mismo sentimiento fervoroso que si pudierais suministrar lo necesario para construir un templo, si vuestras fuerzas económicas os lo permitieran. El mérito de ofrecer un guijo de este modo adquiere tanta extensión, o casi tanta, como el mérito de construir un templo. Acaso no podréis leer los seis mil setecientos setenta y un volúmenes que componen los textos budistas; pero sí podéis hacer una estantería giratoria donde colocaréis los libros y daréis vueltas a su alrededor, empujándola igual que si fuerais un torno. Y si la empujáis con el mismo fervoroso deseo con que hubierais leído los seis mil setecientos setenta y un volúmenes, adquiriréis un mérito semejante al que os hubiera valido su lectura. Esto baste quizás para explicar el significado religioso de nazoraeru.
Y en cuanto a la significación mágica, no puede ser explicada sin una gran variedad de ejemplos. Más para este caso nos servirá el siguiente: Si queremos hacer un hombrecito de paja, por la misma razón que la hermana Helena lo construyó de cera, y deseamos clavarlo, con clavos no menores de cinco pulgadas de longitud, en cualquier árbol de la alameda del templo, a la Hora del Buey, y si la persona representada imaginativamente muere después en medio de una agonía terrible, en este caso tendremos la ilustración de uno de los significados de nazoraeru... O supongamos que un ladrón ha entrado durante la noche en vuestra casa, llevándose vuestros valores. Si en el jardín podéis descubrir las huellas del bandido e inmediatamente quemáis una gran moxa en cada una de las señales, entonces las plantas de los pies del facineroso se inflamarán y no podrá estar en ningún sitio hasta que, por su propia intención, vuelva a entregaros lo que os robó. Esta es otra especie de magia mímica de las expresadas por el término nazoraeru. (...)

De Kwaidan, El espejo y la campana; de Lafcadio Hearn (traducción de Pablo Inestal para Alianza Editorial)

Texto completo en inglés