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23/10/11

Rant, de Chuck Palahniuk

Según advierte el autor (¿?) en una nota introductoria Rant “está escrito al estilo de las crónicas orales”. Se trata de una recopilación y montaje de información obtenida a través de entrevistas a varios personajes, con lo que la veracidad de lo que se cuenta es más que dudosa.
Partiendo de esta premisa, Rant (que en la edición española de Mondadori se subtitula innecesariamente “La vida de un asesino”) tiene una estructura similar a la de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
De las declaraciones del primer entrevistado obtenemos información que nos es difícil asimilar y valorar: Buster “Rant” Casey está muerto; es el responsable de la propagación de una enfermedad altamente contagiosa que ha matado a miles de personas y ha trastocado el orden social, llevando incluso a la proclamación de la ley marcial indefinida en los EEUU; existe algo llamado “choquejuergas” en principio algo anecdótico, pero importante poco después. En las siguientes declaraciones un grupo de “choquejuerguistas” hablan sobre una visita nocturna a la zona rural donde creció Rant. Sin saberlo se nos anticipa información que en cierta manera explica todo lo que ocurrirá luego… aunque en realidad lo que se nos está planteando es la posibilidad de que todos los acontecimientos que se nos van a contar respecto a Rant estén contaminados por teorías conspiratorias y leyendas urbanas sin fundamento, encaminadas a la deificación de su figura.
Pero en estas primeras páginas aún no sabemos nada, aún no entendemos nada. No comprendemos el fundamento de las choquejuergas, en una de las cuales, envuelto en llamas, al parecer murió Rant, ni tampoco el significado de esas lunas y soles que acompañan a los nombres de los entrevistados, ni sobre la misteriosa enfermedad que diezma a la población y que muchos enarbolan como insignia de rebelión. La novela, en sus primeras páginas, está envuelta en un misterio del que, al parecer, no se debe hablar. Palahniuk recupera en Rant el espíritu de El club de la lucha.
De esta forma, aunque de manera insatisfactoria, se cumple la igualdad:

Rant = Los detectives salvajes + El club de la lucha

Pero no podemos negar que hay ecos de Ballard, ni resonancias a Días extraños de Kathryn Bigelow, influencia de P. K. Dick (claro, es imposible ya escribir sin tener a Dick de referente), extrañas concomitancias con 12 monos, hasta incluso una revisión del mito de Edipo. Tantas referencias y conexiones pueden hacernos pensar en Rant como en un pastiche de ideas adquiridas y acumuladas de cualquier forma. Pero Palahniuk logra zafarse de la referencia y el homenaje, sin por ello renegar de las influencias, creando una obra original gracias a su personal estilo.
Rant viene a confirmar la actual tendencia de hibridación de géneros (obviarla y optar por el realismo es, a mi parecer un grave error) y coloca un relato de ciencia-ficción, aunque en principio no lo parezca, entre aquellas obras que los amantes de las catalogaciones consideran “serias”.
(Tan serias como Ada o el ardor, Contraluz, El fondo del cielo…)
Tal vez esta tendencia que tiene Palahniuk en desmarcarse del realismo y recurrir a lo que tradicionalmente se consideran géneros menores, hace que no sea uno de los escritores más destacados desde una perspectiva “literaria” en el panorama narrativo estadounidense. Pero no se puede negar que es uno de los más certeros al describir, de una forma alegórica si se quiere, la quiebra del capitalismo consumista. Y de los más críticos respecto a las tibias protestas contra el sistema. La tesis que puede obtenerse de las novelas de Palahniuk es que la única reacción posible es un nihilismo atroz. Pero un nihilismo fruto también, y por tanto contradictorio, del sistema capitalista. Un nihilismo destructivo y egoísta que no busca derribar los cimientos de la sociedad como principio de la (re)creación de un estado social mejor, sino como enseña del individualismo y, por tanto, materialista y asocial.
Demos la bienvenida al Radicalismo solipsista (término que, siendo consecuente, voy a registrar como creación personal)
Rant puede parecer una obra menor, es una novela de género y es, además, divertida. Tal vez su subversión sea nominal, un simple, aunque aterrador, juego literario. Pero, y ocurre con todas las novelas de Palahniuk deja en el lector una serie de imágenes e ideas difíciles de olvidar. Creo que sólo por eso merece la pena.

20/5/08

No se debe hablar...

—Tiene que ser algo grande —dice Tyler—. Imagínatelo: en la cima del edificio más alto del mundo, todo el edificio en poder del Proyecto Estragos. El humo saliendo por las ventanas. Los despachos cayendo sobre la multitud en la calle. Una verdadera ópera de la muerte, eso es lo que vas a tener.



Chuck Palahniuk- David Fincher, Figth Club

Otras formas de destrucción:

Sanxia haoren de Zhang Ke Jia
Infierno en la ciudad de Beichuan

18/9/07

El apóstol de la era del miedo, una reseña de Milo J. Krmpotic

Don DeLillo
El apóstol de la era del miedo.
Por Milo J. Krmpotic:
Digamos que Philip Roth, John Updike, Chuck Palahniuk y Don DeLillo se encuentran en un bar para tomar unas copas. De repente, el televisor que preside uno de los extremos de la barra muestra en directo un avión que se estampa contra un rascacielos. Roth coge de inmediato una servilleta y se lanza a escribir como era su país hasta dos segundos antes del accidente. Updike se reclina sobre su asiento, cruza las manos tras la cabeza e intenta imaginar lo que habrán sentido y pensado los ocupantes de la aeronave durante su último y fatídico viaje. Palahniuk ya está propinando puñetazos a una pared a fin de exacerbar la rabia y el dolor que esta misma noche vomitará en frenética sesión de mecanografía catártica. Y DeLillo, por su parte, ha salido del establecimiento y se encuentra ahora en medio de la calle, escuchando los comentarios de las personas que aguardan inquietas en la cola del autobús, viendo la repetición del suceso multiplicada por nueve en el escaparate de la tienda de televisores de pantalla plana, aprehendiendo las estructuras que subyacen en una realidad que quizás no sea tal. “El accidente sucede una vez, de hecho ya ha sucedido. A partir de ahora, todo es miedo y simulacro”, murmurará para sus adentros.

Así inicia Milo, nuestro amigo Ladrador su reseña sobre “El hombre del salto” ese incomprensible título con el que han traducido Falling man, la última (¿?) novela de DeLillo, que aparece en el número de septiembre de la revista QueLeer.
Creo que toda literatura estadounidense posterior al 11-S esta influenciada por el atentado y por sus consecuencias políticas y sociales. Ignorarlo sería absurdo. Lo que sí parece absurdo (y no es un tema que aparezca ahora, es algo que define en cierta manera a la sociedad estadounidense: no se trata sólo de ser bueno sino de ser el mejor) es la aparente competición entre escritores que culminará con La Gran Novela post 11-S. Lo que ellos llaman La gran Novela Americana circunscrita a nuestra (convulsa) cotidianeidad.
¿Imagináis a un grupo de escritores intentando escribir la Gran Novela Española? ¿Se supone que esa novela sería la definitiva y anularía a todas las demás, las anteriores y las que aún no están escritas? ¿y no es eso lo que hacen en definitiva los libros sagrados? Sería paradójico que La Gran Novela Americana debiera contener al Talmud, a la Biblia y al Corán, o que, en todo caso, la creencia en ella fuera cuestión de fe.