"Mientras Freud exponía sus argumentos, yo sentí una extraordinaria sensación. Me pareció como si mi diafragma fuera de hierro y se pusiera incandescente —una cavidad diafragmática incandescente. Y en este instante sonó un crujido tal en la biblioteca, que se hallaba inmediatamente junto a nosotros, que los dos nos asustamos. Creímos que el armario caía sobre nosotros. Tan fuerte fue el crujido. Le dije a Freud: «Esto ha sido un fenómeno de exteriorización de los denominados catalíticos».
«¡Bah —dijo él—, esto sí que es un absurdo!». «Pues no», le respondí, «se equivoca usted, señor profesor. Y para probar que llevo razón le predigo ahora que volverá inmediatamente a oírse otro crujido». Y, efectivamente: ¡apenas había pronunciado estas palabras se oyó el mismo crujido en la biblioteca!
Freud me miró horrorizado."
Carl Gustav Jung. Recuerdos, sueños, pensamientos«¡Bah —dijo él—, esto sí que es un absurdo!». «Pues no», le respondí, «se equivoca usted, señor profesor. Y para probar que llevo razón le predigo ahora que volverá inmediatamente a oírse otro crujido». Y, efectivamente: ¡apenas había pronunciado estas palabras se oyó el mismo crujido en la biblioteca!
Freud me miró horrorizado."
Esta reseña empezó hace tiempo con un reproche a Murakami por presentar 1Q84 como un folletín. A ello le siguió una rectificación debido a la estructura musical que domina los dos primeros libros de la trilogía.
Y ahora de nuevo me remito a la primera reseña, porque ¿es 1Q84 una trilogía? No sé, me he sentido bastante decepcionado con el tercer libro que, supuestamente, cierra la serie. Pero, ¿está de verdad cerrada la narración? Tengo la sensación de que ciertamente es una obra terminada, pero temo que, debido a la falta de conclusión de algunos aspectos de la trama, Murakami puede estar tentado de escribir una continuación de la novela o trilogía o folletín o lo que sea. Y esa incertidumbre me fastidia.
Ya he hablado en varias ocasiones de las dos características que dominan las narraciones de Murakami, la sentimental y la siniestra. 1Q84 es, puesto que la trama se centra en el reencuentro de Tengo y Aomame, principalmente sentimental, pero con la peculiaridad de estar inmersa en un entorno siniestro.
Ya no sé de cuantas cosas más tendré que retractarme, pero esta novela me ha dejado descolocado: Por una parte quería que me gustase y por la otra me ha decepcionado profundamente. Y por otra, más, desconfío de la conclusión. Quizás dentro de unos años tendré que volver a retractarme.
Porque hay otros indicios para entender este Libro 3. Si en los dos primeros la estructura se basaba en El clave bien temperado de Bach, en esta tercera parte son mencionados de forma aparentemente casual a Proust y a Jung. Si Proust es relevante en la forma de escribir de Murakami, la mención a Jung, sobre todo a la Torre de Bollingen, en la que Jung se aisló del mundo como los personajes de Murakami parecen vivir, abre la puerta a una interpretación psicológica de 1Q84 basada en términos jungianos.
Pero, la verdad, estoy cansado. La decepción que me ha provocado no me permite investigar y argumentar sobre si la novela tiene un sentido oculto. Si sigo escribiendo lo haré para convencerme de que debe gustarme en función de una segunda lectura simbólica que subyace al texto. Pero la narración principal, la que constituye la primera lectura, se demora demasiado, avanza con demasiada lentitud, se detiene en detalles intrascendentes (aunque importantes en la narrativa de Murakami) que hacen que el lector se irrite, porque, sí, Tengo y Aomame deben encontrarse, así quedó claro en las dos primeras partes, pero hay muchas cosas más que debían ocurrir. En esta tercera parte Tengo y Aomame esperan encontrarse y el lector desespera de la tardanza de ese encuentro. Luego se encuentran y fin (¿fin?)
Escribo esta reseña porque debía escribirla. Javier Munguía lo hizo mejor y más exhaustivamente.