19/9/19

La cadena fácil, de Evan Dara

¿Quién es Lincoln Selwin?
Y lo que es más importante, ¿trata de eso la novela, de la identidad de Selwin?
Lo que leemos en la novela es una sucesión de testimonios en torno al fulgurante ascenso social del objeto de la narración, Lincoln Selwin. Una caída y auge de un personaje a través de ciertos hechos que son explicados a través de muchos declarantes que en realidad conocían poco al protagonista. En cierta manera, lo que esta novela coral viene a demostrar es la imposibilidad de conocer a otra persona simplemente ciñéndonos a su vida pública, a lo que la persona hace o dice o dicen que dice y hace.
La verdad es que somos conscientes de dicha imposibilidad. Pero, como siempre, lo importante es el viaje, la forma en que Dara es capaz de plasmarnos esa imposibilidad. El puerto, la conclusión, puede ser conocido. Pero el viaje es sencillamente delirante. No solo porque las voces se ciñen a sus propios y limitados conocimientos en torno a Selwyn, lo cual se demuestra en fiestas, casas, acompañantes, ropa y vehículos deslumbrantes que “adornan” la existencia del protagonista, todo aquello mundano y visible, superficial y lujoso, desmedido y trivial, clasista, exclusivo y estúpido, sino porque esas mismas voces demuestran, sin pretenderlo, su banalidad. Puede que se queden en la superficie del tema tratado pero lo que hacen en definitiva es mostrarse a sí mismas en cuanto, sobre todo aquellas que se desarrollan más, lo único que quieren es hablar de ellas. Así, el viaje narrativo en busca de la identidad y el misterio en torno a Lincoln Selwin, se convierte en una muestra de voces que conforma un panorama de la nueva alta sociedad estadounidense (¿global?) aquella que se dedica a los negocios y a la especulación, de la que no sale demasiado bien parada. Crítica social despiadada que esconde un misterio, que deviene una especie de macguffin hasta que toma verdadero protagonismo. Porque nosotros buscamos a Selwin mientras éste busca a otras personas y acaba siendo buscado. Lo curioso del caso es que nadie quiere ser encontrado.

¿Es de eso entonces de lo que habla la novela? ¿De quién es Evan Dara, de la imposibilidad de saber nada de un autor a través de lo que escribe, de que nunca encontraremos a quien no quiere ser encontrado? ¿De que debemos de dejar de buscar y ceñirnos a los hechos, es decir a las novelas?

Me da igual quien sea Evan Dara, ni si la foto que aparece en la red es de verdad él o no, o si es otro escritor usando un seudónimo o bla, bla, bla. Lo que me importa es la brutal contundencia de las novelas de Dara, su endiablada escritura, la falta de concesiones al lector, las múltiples lecturas que ofrece, la estructura desligada de todo convencionalismo. Dara, sea quien sea, lleva la narrativa contemporánea a los límites de la ruptura.

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