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14/9/12

Libertad, de Jonathan Franzen

Con las notas que he estado tomando estos últimos días, debo tener unas veinticinco maneras distintas de empezar la reseña de Libertad, de Jonathan Franzen.
En resumen, podría decir que se decantan en dos vertientes. La que confiesa la vergüenza de seguir hablando mal de Franzen, algo que ya es algo más que una tendencia y se está convirtiendo en un deporte; el “tiro al Franzen”. Y aquella en la que me muestro sorprendido por el dominio de la técnica narrativa del autor de Libertad, de la maestría literaria de un gran escritor para no contarnos nada.
Porque eso es lo que ocurre con Libertad, una novela escrita magistralmente que se convierte en una nadería, en una sucesión intrascendente de acontecimientos mínimos e insustanciales.

Pongamos orden a las notas.

1- “Meterse con Franzen”

Es famosa, tras la publicación de Las correcciones, su polémica con Oprah Winfrey, a cuyo programa de televisión no quiso acudir ya que, según dijo Franzen, él pertenecía a ''the high-art literary tradition''. Aunque años más tarde se disculpó (quizás debido a motivos promocionales; lo hizo tras publicar Freedom, no antes), la arrogancia y esnobismo de Franzen quedaron patentes.
Dejo mi selección favorita de Franzen facts:

Mientras trabajaba en Libertad, se le metió en la cabeza que ser padre quizá podría ayudarle con el proceso creativo. “Me planteé seriamente adoptar a un par de huérfanos de guerra iraquís”

“La riqueza de un país y su creación de literatura realista están ligadas”

“Wharton did have one potentially redeeming disadvantage: she wasn’t pretty”

“La literatura no goza de tan buena salud como para permitirse novelas difíciles o lejanas a la gente. No tengo problema con las obras «difíciles», pero sí con que solo ellas sean consideradas válidas”

El caso es que en su labor crítica pervierte su afirmación y considera que las obras difíciles no son válidas. Él, que confiesa no haber terminado Moby Dick, afirma que «la dificultad literaria puede operar como una pantalla de humo sobre un autor que no tiene nada interesante, acertado o entretenido que decir»
(Véase La novela: Una historia alternativa, de Steven Moore)

Y la cuestión es que él rechaza la dificultad literaria para acabar contando cosas nada interesantes, acertadas y entretenidas.



2- Tradición narrativa reivindicada por Franzen

Destaca Steve Moore otra frase de Franzen en su prólogo: «La narrativa es el arte humano más fundamental. La narrativa es contar cuentos, y podría decirse que nuestra realidad consiste en cuentos que nos contamos a nosotros mismos. La narrativa es también conservadora y convencional porque la estructura de su mercado es relativamente democrática…»

No es cuestión de seguir buscando citas en la red. Franzen, durante la promoción de Libertad, ha reivindicado continuamente la narrativa del siglo XIX, especialmente Dickens y Tolstoi. “La narrativa es conservadora y convencional” dice apelando a la estructura del mercado. Quizás sea así y la estructura del mercado narrativo no ha sufrido grandes modificaciones en el siglo pasado y que todo se reduzca a contar cuentos.
En el brutal inicio de “Risa en la oscuridad” Nabokov resumía en pocas frases la historia que iba a contar. Escribir la novela, explicaba, obedecía al placer de contar la historia. Y al de leerla, por supuesto (aunque eso a Nabokov no parecía (o es decía) interesarle demasiado) A Franzen no parece interesarle demasiado todos los avances literarios del siglo XX, ni el placer de escribir (ya que lo reduce todo a la “estructura del mercado narrativo”) Franzen escribe como si el siglo XX hubiese sido un error. Franzen pretende ser Dickens y Tolstoi.
Pero no es ninguno de ellos.

Inciso:
Llevo 20 días intentando escribir esta lo-que-sea sobre la novela de Franzen y quiero acabarla ya, librarme de ella y de la novela de una vez.
El problema fundamental es que Franzen se equivoca al invocar a Dickens como su referente. Porque, no hay que dudarlo, Dickens es un grandioso, inconmensurable narrador, y el hecho de ser popular no le quita grandeza narrativa. Pero Franzen, buscando quizás esa popularidad para sí mismo olvida un detalle importante. A pesar de lo que se pueda pensar, Dickens, con sus denuncias sociales, no quiere cambiar la sociedad en la que vive. Las atroces desigualdades que describe no buscan estrictamente la ruptura de la sociedad en la que vivió y escribió. Le sirven de base para desarrollar uno de sus temas recurrentes, el del personaje injustamente desclasado y sus vicisitudes para acceder de nuevo al estatus social al que pertenece. Es una generalización que me permite decir que Franzen comete el mismo error partiendo del mismo principio. Tampoco quiere cambiar la sociedad. Pero cree que su clase social la forman una suerte de WASP’S intelectualoides, blancos, medianamente acomodados, con educación universitaria y en ella desarrolla sus narraciones con la pretensión de que ese fragmento de la sociedad estadounidense es toda la sociedad estadounidense. Pero sin la mordacidad con que, por ejemplo, DeLillo demole a esas personas, o la furia (sustitúyase ASP por lo que se prefiera) con la que Philip Roth destroza a sus personajes y ridiculiza su sociedad. (Por no hablar de Faulkner quien consigue que sus dramas rurales se conviertan en arquetipos universales)
El problema fundamental es que Franzen se equivoca. Y no solo apelando a Dickens como mentor.


3- Libertad

Decía que Libertad es una prodigiosa demostración de talento literario vacía de contenido.
Puede considerarse una opinión subjetiva y ciertamente discutible. Pero uno pasea por las páginas de la novela, sigue el trayecto marcado por Franzen para hacernos conocer las “desventuras” de la familia Berglund, soporta unas intervenciones sonrojantes en modo “deus ex machina” que pretenden devolver la “normalidad” y termina la novela con la sensación de haber sido estafado por un autor extremadamente controlador y omnipresente. Y ni siquiera hábilmente engañado.
Las familias felices son todas iguales, pero cada familia infeliz lo es a su propia manera
Y esa es la clave de Libertad de la que Franzen quiere mantenernos apartados citando continuamente Guerra y Paz de Tolstoi. Porque Libertad, voy a ser benévolo y creer que no de forma consciente, parece un intento de reescritura de Ana Karenina.
Sí de Dickens y de Tolstoi lo único que parece haber aprendido Franzen es a narrar acontecimientos, hay que decir que de alguna manera los que describe en Libertad son parecidos a los de Ana Karenina. O eso, o todos los relatos sobre familias infelices son todos iguales.
Pero, al contrario que en Las correcciones, cuya narración se iba construyendo a partir de las distintas focalizaciones en cada uno de los personajes, en Libertad el narrador omnisciente es demasiado omnisciente, demasiado manipulador, demasiado conservador, demasiado previsible, demasiado narrador. Se empeña tanto en construir una historia “perfecta” desde el punto de vista del escritor, de sí mismo, que olvida a los personajes, que se convierten en instrumentos a los que eliminar a su antojo, sin vida y sin carisma. Tanto que la muerte de uno de ellos, más que un acontecimiento trágico y catalizador del desenlace, se convierte en un vergonzoso ejemplo de manipulación narrativa. Desde su aparición ya queda claro que Franzen no sabe que hacer con ese personaje, que su aparición tiene como único objetivo hacerlo desaparecer. Y cuando eso ocurre, lo trágico se convierte en patético.
Y toda la novela, que apenas se sostenía, se desmorona.
Pero sí, está muy bien escrita.
También, aunque sea inusual, se puede escribir bien el manual de un electrodoméstico.

Resumen:
Leed otra cosa.

10/8/12

Libertad, de Jonathan Franzen (II)

Apreciado señor Franzen:
No entiendo como una persona capaz de afirmar sobre sí mismo "I feel like I'm solidly in the high art literary tradition" es capaz de firmar después una novela tan anodina como Freedom.

Atentamente

PS: Es cierto que después usted dijo que había sido un error emplear la palabra "high", pero que lo hiciese, así como muchas otras de sus afirmaciones, dicen bastante sobre usted.
Volveremos sobre el tema.

6/8/12

Libertad, de Jonathan Franzen

Apreciado señor Franzen:

Ya en la segunda página de su novela tengo que luchar contra una frase tan redundante como esta:

Behind her you could see the baby-encumbered preparations for a morning of baby-encumbered errand.

Tras ella se adivinaban los preparativos con el engorro de un bebé para toda una mañana de recados con el engorro de un bebé.

Échele la culpa a la traducción, si quiere.

En serio: ¿Usar la expresión "hard times" (Tiempos difíciles) en el segundo párrafo? ¡Por favor!

Le advierto que, teniendo en cuenta que quedan unas 660 páginas por delante, se me hace dificil afrontar la novela con benevolencia.

Atentamente.