24/3/19

El arte del puzle, de José María Pérez Álvarez

Para qué demonios (…) sirve un puzle si no se desmonta y se monta y se desmonta y se monta y. Porque es preferible un puzle que uno no sabe armar a otro que nadie intenta reconstruir y”.
Gaspard Winckler, Le Magazine Littéraire, 1967.

Gaspard Winckler es un personaje de una novela de Perec, La vida instrucciones de uso, resucitado por José María Pérez Álvarez para su novela El arte del puzle. Aunque el hecho de que el personaje muriese en la novela de Perec junto a que algunos detalles de la vida de Winckler no sea coincidente en la novela de Pérez, hace que dudemos de si se trata del mismo personaje. Aunque ambos tienen en común que son constructores de puzles.
Pero, sea como sea, el personaje que salta de una novela a otra no es más que una pieza más en el puzle que propone Pérez.


Al principio el arte del puzzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheorie: el objeto considerado —ya se trate de un acto de percepción, un aprendizaje, un sistema fisiológico o, en el caso que nos ocupa, un puzzle de madera— no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni más antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen: esto significa que podemos estar mirando una pieza de un puzzle tres días seguidos y creer que lo sabemos todo sobre su configuración y su color, sin haber progresado lo más mínimo: sólo cuenta la posibilidad de relacionar esta pieza con otras (…) considerada aisladamente una pieza de un puzzle no quiere decir nada; es tan sólo pregunta imposible, reto opaco (...)”
La vida instrucciones de uso, George Perec.

Pongamos que el Winckler que se relaciona con otra de las piezas-personajes, Ana Álvarez, puede ser el personaje de Perec. Pero el Winckler de la novela de Pérez no puede ser el personaje de la novela de Perec:

Hace veinte años, en mil novecientos cincuenta y cinco, acabó Winckler, tal como estaba previsto, el último puzzle que le había encargado Bartlebooth. Todo hace suponer que el contrato que había firmado con el multimillonario incluía una cláusula explícita que estipulaba que nunca más volvería a fabricar ningún puzzle, aunque, de todos modos, se puede pensar que no le habían quedado ganas de hacerlos”.
La vida instrucciones de uso, George Perec.

Yo ya me entiendo.

Puzles y Perec son los elementos emocionales-narrativos que emplea Pérez. Pero como puede comprenderse por todas las citas acumuladas hasta ahora, que no hacen más que dilatar lo que quisiera decir, las propuestas oulipianas inherentes a la estructura de El arte del puzle hacen que esta novela sea aparentemente sencilla (piezas de puzle) y tremendamente compleja (panorama completo tras la construcción)
(O quizás sea al revés, compleja-piezas, sencilla-cuadro)

Lo que nos propone José María Pérez Álvarez es desmontar una historia compleja en una sucesión de escenas en principio aparentemente inconexas, distribuidas temporalmente de forma aleatoria, de forma que esas escenas pueden subdividirse a su vez en pequeños grupos de escenas en los que predomina un tipo u otro de narrador o de modo de narración, para que una vez acabada la novela cada lector pueda tener una panorámica general de la historia.

No voy a explicar qué cuenta El arte del puzle. Pero puedo asegurar que la inmersión histórica y sicológica en unos años oscuros de la historia de España, los últimos años del franquismo (y también posteriores) con toda la parafernalia casposa y mortecinamente triste con que se adornaba el régimen (y que en cierta manera constituía la “cultura” de la época) es demoledora y sitúa perfectamente a los personajes y sus condicionamientos sociales.
No voy a decir nada más para recomendar esta novela porque ya sabéis, si habéis leído otras entradas del blog referidas a novelas del autor, que lo que siento por José María Pérez Álvarez es una sincera admiración.

Y llegamos a lo que quería decir.
¿Cómo es posible que en este país se premien mediocridades, se publiciten novelas insignificantes, se alaben encargos editoriales afrontados con una apatía que resulta insultante para el lector, se tengan en podios de excelsitud a autores que no han escrito nada relevante en los últimos treinta años, se de cancha a todos aquellos que han aceptado que lo “normal” es lo que el público lector quiere y necesita, se permita que las editoriales consideren que lo insulso y convencional es lo que debe ser publicado...?

Pues, la verdad, no entiendo cómo todo esto, y algunas cosas más, no solo sea posible sino que vertebre lo que se considera “cultura”.

En una realidad en la que todas estas aberraciones son posibles ocurre que José María Pérez Álvarez, un gran escritor, es relegado a ser prácticamente un desconocido.
Un desconocido que escribe unas novelas que merecerían todos los premios y alabanzas posibles.



Los fragmentos de La vie mode d’emploi de Georges Perec de la traducción de Josep Escué para Ed. Anagrama.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ah, amigo Portnoy, qué buena pregunta nos hace usted...¿Cómo es posible que en este país se premien mediocridades, se publiciten novelas insignificantes, se alaben encargos editoriales afrontados con una apatía que resulta insultante para el lector, se tengan en podios de excelsitud a autores que no han escrito nada relevante en los últimos treinta años, se de cancha a todos aquellos que han aceptado que lo “normal” es lo que el público lector quiere y necesita, se permita que las editoriales consideren que lo insulso y convencional es lo que debe ser publicado...?

Ángel Herrero López dijo...

Precisamente la terminé hace un para de días.
Vuelve muy en forma, el cabrón.

Un saludo,

Ángel.

Daniel Pelegrín dijo...

Hacía meses que no visitaba este blog, que me ha abierto a muchas lecturas desde hace tiempo. Recién salido de la lectura de Predicciones catastróficas, y con lo mucho que me hicieron disfrutar Nembrot, Cabo de Hornos o La soledad de las vocales, ya tengo en mi lista de lecturas esta última de Chesi. Gracias por hacer visible a un autor irrepetible y, por desgracia, poco leído. En cuanto a esa pregúnta sobre "cómo es posible", los escritores con éxito siempre tienen la respuesta. Los demás seguimos haciéndonos esa y tantas otras preguntas, espiraleando.

Francisco H. González dijo...

Javier, leí esta novela el mes pasado y la disfruté mucho, ninguna novedad por otra parte, en cuanto al gozo lector que me deparó, después de haber leído con esta siete novelas de Chesi. Otro autor, muy interesante e igual de desconocido es Luis Rodríguez, o yendo hacia los relatos, Pablo Andrés Escapa, cuya Fábrica de prodigios es un portento.

Saludos
Francisco