17/12/14

Hace poco tiempo

Entro en una librería y deambulo mirando las estanterías buscando algún título, alguna novela que me apetezca leer de forma especial. Nada. No encuentro nada que me interese. Acabo comprando una novela de Modiano, Accidente nocturno, la última publicada por Anagrama aunque fue escrita en 2003. Las novedades suelen tener 10 años por aquí… como mínimo. 
A todo esto es una buena novela. Aunque no despierta en mí interés por seguir leyendo a Modiano. 
Creo que es un síntoma de mi progresiva perdida de entusiasmo.
No es cuestión de este último año en otra ciudad. Es algo que arrastro desde hace bastante tiempo. Gaddis fue la excepción. Markson fue la excepción. Vollmann fue la excepción. Munro fue la excepción. Gombrowicz fue la excepción. Danielewski fue la excepción. El resto de mis lecturas ha sido en su mayor parte placenteras, pero sin esa emoción que me impulsa a querer ir más allá de los textos.
Exagero.
Pienso, por ejemplo, en alguien que en su momento me produjo una emoción parecida. No es un nombre tomado al azar. Deliberadamente elijo a un autor casi olvidado. Me pregunto si sería capaz de volver a leer a Joan Perucho. Es decir, si volviese a leer a Perucho (Les histories naturals, Les aventures del cavaller Kosmas, et al.), ¿volvería a sentir esa emoción? Si dentro de diez años decido releer a Markson ¿volvería a sentir esa especie de revelación que me han producido sus no-novelas?
El transcurso del tiempo es verdaderamente repugnante.
Mata el entusiasmo. 
O ¿acaso se pierde?
Tampoco siento ningún entusiasmo al escribir (si es que alguna vez lo he sentido) Pero esa es otra cuestión.
Tengo una lista de lecturas sin comentar. ¿Debería desenterrarla? Porque si no me entusiasma comentarla tal vez tampoco os interese leerla. Ni las novelas que comento por pura desidia. 
La verdad es que todo esto (el blog, las novelas que comento) tiene más que ver conmigo que con las novelas que leo y comento y no comento.
La verdad es que cada día estoy más cerca de estar muerto y cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien y ya tengo decidido que la última novela que leeré será La educación sentimental de Flaubert.
(Escritores que dejan de escribir. ¿Lectores que dejan de leer?)

Voy a intentarlo. No me culpen.

Mediocristán es un país tranquilo, de Luis Noriega no tiene distribución en España a pesar de que su “anterior” novela, Donde mueren los payasos, si que la tuvo. Mediocristán es mucho mejor que la sátira de los payasos. Bastante mejor. Además bastante más cercana a los que vivimos aquí que la lejana parodia que retrataba Donde mueren los payasos. Bastante más ácida y cruel.

Pensé que tras leer Una cuestión personal de Kenzaburo Oé, no volvería a leer nada más del autor japonés debido a la fuerte conmoción que me produjo su lectura. Gracias a Gonzalo Torné he vuelto a Oé, a una de sus primeras novelas, La presa. No tan contundente como Una cuestión, pero igualmente perturbadora. Lo mejor es la transformación del narrador, tanto emocionalmente como estilísticamente, a lo largo de la novela.

(¿He comentado alguna vez que padezco una especie de narcolepsia provocada por la lectura? Resulta frustrante despertarse por el ruido del volumen que con tanto interés había estado intentando leer cayendo al suelo. Por eso no suelo usar el e-reader.)

Despegue, de Javier A. Moreno. Quizás algún día todos los libros infantiles sean como este. Ya de entrada reconozco que llamarlo “libro infantil” es un completo error. No voy a decir que es una historia maravillosa, porque ya sabéis que Javier es mi amigo y no ibais a creerme.

Mamut, de Esther García Llovet. Una interesante novela negra. Un más que notable guión para una película de corte lynchiano.

(Picor de ojos, necesidad de una luz directa, preferiblemente natural, dificultad para leer cierto tipo de impresiones tipográficas bien por su claridad, bien por su tamaño)

Mimodrama de una ciudad muerta, de Álvaro Colomer. Interesante. Oscura y al mismo esperanzadora. Todos necesitamos cierto tipo de redención para librarnos de nuestros fantasmas. La literatura en una forma de redención.

En Diario de un hombre engañado de Pierre Drieu La Rochelle hay un relato magnífico. No recuerdo su título.

(La memoria es un lastre: Pesa y su contenido es apenas distinguible. Solo me sirve para saber que he vivido o que creo haber vivido. Pero como dijo Gaff, ¿quién vive?)

Me está costando mucho entrar en La hoguera pública de Coover. Me cuesta mucho contemporizar con sátiras políticas de un tiempo que no me pertenece. Me cuesta mucho aceptar a Richard Nixon como narrador. Entiendo el juego que nos propone Coover al focalizarlo todo sobre los delirios del infidente Tricky Dicky, comprendo el mérito de sostener una narración tan arriesgada. Pero el contexto se me escapa. Me ocurrió algo parecido con Nuestra pandilla de Roth. Demasiado lejana a mi realidad. Aunque jamás le exijo realidad a la ficción.

Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy. Cómo no fascinarse por una novela que comienza así:

A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. Lugares por los que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor. Ni siquiera nuestra profesora de literatura lo conocía. A veces pienso que es hermoso morir así, después de un paseo, dejarse caer en un sepulcro natural, en la nieve de Appenzell, después de casi treinta años de manicomio en Herisau.

De una sencillez deslumbrante, la breve novela de Jaeggy resulta breve. Quisiéramos más de esa narración que oculta más que muestra, sincera e infidente al mismo tiempo. Salimos de la novela con la misma velocidad a la que entramos. Hubiese querido más.

(También sufro cierta parestesia en los dedos que me impide mantener durante mucho tiempo la misma posición de mis manos y brazos)

Con Clarice Lispector me pasa lo mismo. Sus relatos me entusiasman pero no acaban de llenarme. Cuando me doy cuenta ya he sido expulsado de la narración. Felicidad clandestina. Silencio.

Tengo que confesar que no entendí absolutamente nada de En Grand Central Station me senté y lloré, de Elizabeth Smart. 

(Es una muestra de la creciente obtusidad que me invade)

¿Es esto todo lo que quería contar? Seguramente no. Ni recuerdo lo que quería contar.

Leer (y escribir) sigue siendo una necesidad. No concibo la vida sin lectura. Sigo transportándome a increíbles mundos reales a través de la lectura. Pero quizás soy demasiado grávido. No logro despegarme de la Realidad.
Y la Realidad dice cosas que no quiero escuchar. 

(Habla de entumecimiento y sopor)

21 comentarios:

Sara M. Bernard dijo...

A mitad de post (al principio) y en plan cuñado, sin haber alcanzado el punto final, decido demostrarle a Blogger que no soy un robot sólo para una duda: ese libro de extrema unción, ¿¿POR QUÉ, AVILÉS??

(Alguien lo recomienda a terceras personas hasta cuatro veces seguidas. No hace falta que te explique qué alguien. Habrá que leerlo y todo)

H dijo...

Gracias por este post, hermano.

Lula dijo...

“Si estás pasando por un mal momento, sigue adelante.” Winston Churchill

Aunque por supuesto tu preferirás el “Don’t panick and carry a towel”

42 besos

Francis Black dijo...

Hay un libro que tengo pendiente que lo han recomendado bastante, es poesia. Antinaufragios de Juan Bufill. Te dejo reseña de Massot.

http://www.vasoroto.com/?lg=mx&id=26&pid=281

Yo voy a leerlo en breve.

Fco. Borja Buzón Bernal dijo...

Sigue leyendo y escribiendo, Javier. "El lamento de Portnoy" es uno de los grandes motivos por los que amo la literatura. Me has descubierto demasiados libros buenos y te estoy infinitamente agradecido por ello.

Anónimo dijo...

Sigamos leyendo. Sigamos. Podemos cambiar la temática de los libros, tal vez. Por ejemplo, ahí está Cioran.

Germán Martínez dijo...

Supongo que habrá que acostumbrarse, después de haber leído "todos los clásicos", a ir de excepción en excepción (como con todo). Perec, Knausgard, Cartarescu, Doderer, con Krasznahorkai ya estás... Quizás debamos esperar años para empezar a ver esos nombres en las estanterías de las librerías que nos llamen la atención, aunque ya estén entre nosotros ahora. El tiempo hará que sus nombres sobresalgan.

Un saludo.

Anónimo dijo...

en ampliación del campo de batalla, el personaje dice en algún momento que ya no soporta los libros ni la música. cioran decía que el talento se seca. supongo que tiene que ver, todo, con un proceso de descomposición en ciernes, como cuando leí por ahí que había montones de escritores que después del segundo libro se rendían, se agotaban, ya no podían continuar.

pd1: una cuestión personal es un libro muy-muy oscuro que también me hizo dejar a Oe, aunque antes alcancé a leer el terrible y maravilloso Arrancad la semilla, fusilad a los niños.

pd2: creo que llegado a cierto punto hay que llevar la lectura a segundo plano y dedicarse a releer.

saludos

Andres Olave

Anónimo dijo...

Vete a putas y déjate de tanto leer. O lee, vete a putas, y sigue leyendo después.

¡Viva la Educación sentimental!
¡Viva el Yeti!
¡Viva las madres que nos parieron!

Javier.

Portnoy dijo...

Amigas, amigos: Muchas gracias por vuestros comentarios. Por suerte estáis al otro lado para quitarme de encima mis tonterías.
Saludos muy agradecidos.

favorite dijo...

Los blogs nunca han sido lo mío. Tras acabar los libros que leo, y buscando contrastar opiniones, he ido dando, con los años, con algunos reductos de opinión más o menos interesantes. Cuando es el caso, lo guardo en favoritos y, la mayor parte de las veces, no sé si justa o injustamente, lo olvido. No me ocurrió así con usted Portnoy. El suyo es el único blog que reviso periódicamente, confiando con encontrarme con una nueva entrada. Es un placer leerle, siempre tentando en la oscuridad en busca de un significado último, sabiendo disfrutar de la búsqueda tanto más que de los hallazgos. Un placer coincidir con usted y hasta disentir, también disentir, porque su elegancia lo permite, porque sabe usted callar, esa virtud tan cara de ver hoy en día por ahí, cuando no tiene nada bueno que decir.
Me apena encontrarme que últimamente cada entrada dista más en el tiempo de la anterior, pero lo entiendo, como también entenderé que llegue un día en que prefiera guardarse sus opiniones para sí mismo y macerarlas en la intimidad. Pero hasta entonces seguiré buscando su blog cada semana, cada mes.
Pero reseñe o no reseñe, siga leyendo, no sea insensato, siga viviendo, que para morir tendremos toda la eternidad.

Un saludo.

EVM dijo...

que tengas buenas fiestas y gran 2015

EVM

Hilvanes y Retales dijo...

Identificada me hayo, en gran medida. Desconecté de la lectura, nada me enganchaba y así han transcurrido 13 meses ... estoy buscando la pasión en este momento.

kovalski dijo...

Lee En busca del tiempo perdido y déjate de paranoias

Anónimo dijo...

No lo llames lectura: piensa que estás estudiando, y tienes objetivos. Tira para atrás, no dejes ni una década sin explorar. Puedes dejar para más adelante del 500 al 1000dC. Para todo el resto, te faltará tiempo y espacio en casa. Una cosa te lleva a otra, aunque seas inconstante y cambies a menudo de época o de criterio lector. Olvídate de salir a la calle... y ya está.

El islandés.

Anónimo dijo...

Salir a la calle a buscar décadas vacías.

(Sin que se note)

Anónimo dijo...

Oye Portnoy, siempre te leo, así que por favor sigue escribiendo (perdona el egoísmo). Y hazlo pronto, llevas mucho sin postear. No te perdono acabar con este maravilloso blog.

Carlos

Portnoy dijo...

No acabo: No se detenga, siga leyendo.

Gracias por vuestros animosos comentarios y consejos.

ericz dijo...

¡A las drogas!

Juan Peregrina dijo...

Gran artículo. La literatura, viendo cómo está el patio en España, a veces es causa de dramas, depresiones y lamentos.
Pero hay que seguir, sí. Las recomendaciones que haces son muy valiosas, y veo que no soy el único que lo dice: la literatura no sé si salva (antes pensaba que era capaz de salvarme de mí mismo, al menos) pero hace que la muerte se acerque de manera diferente, nosotros más ilustrados, más felices... ella más lenta, más torpe.
Un saludo y mucho ánimo.

Portnoy dijo...

Gracias, Juan, Ericz, por vuestros comentarios.
Seguimos adelante. Con lentitud.