30/6/13

Zona, de Geoff Dyer

Para mí, son extraordinariamente importantes las tradiciones culturales rusas que proceden de Dostoievski. Ahora bien, en la Rusia moderna no sólo no han llegado a desarrollarse plenamente, sino que más bien se hallan descuidadas o incluso ignoradas por completo. Hay para esto varios motivos, y el más importante de todos es que dicha tradición es radicalmente incompatible con el materialismo. Otro de los motivos de que la recepción de Dostoievski en la Rusia actual sea más bien discreta es la crisis interior, tan caracteristica de los personajes de este autor, de su propia obra y también de la de sus continuadores. ¿Por qué se le tiene tanto miedo en la Rusia moderna a ese estado de «crisis interior»? 

Para mí, una crisis interior es siempre un signo de salud. En mi opinión, no supone otra cosa que un intento de volver a encontrar el propio yo, de conseguir una nueva fe. Entra en un estado de crisis interior todo aquel que se plantea problemas intelectuales. Esto es perfectamente lógico, puesto que el alma ansia armonía, mientras que la vida está llena de disonancia. En esta contradicción se halla el estímulo para el movimiento, pero también la fuente de nuestro dolor y de nuestra esperanza. Es esa contradicción la confirmación de nuestra profundidad interior, de nuestras posibilidades espirituales.
De esto trata Stalker: su protagonista pasa momentos de desesperación. Su fe se tambalea, pero una y otra vez siente su vocación de servir a los demás, a los que han perdido sus esperanzas e ilusiones. Para mí fue extremadamente importante que en esta película el guión mantuviera la unidad de tiempo, espacio y acción. Y si en El espejo me parecía interesante montar material documental, sueños, apariciones, esperanzas, intuiciones y recuerdos, es decir, todo el caos de las circunstancias, en Stalker no quería que hubiera ningún salto temporal entre las diversas partes. Pretendía que aquí todo el transcurso del tiempo se pudiera percibir dentro de un solo plano, que el montaje indicara en este caso tan sólo la continuación de los hechos. El plano no debía ser aquí ni una carga temporal ni cumplir la función de una organización del material de cara a la dramaturgia. Quería que todo contribuyera a dar la impresión de haber rodado la película entera en un solo plano. Este método tan sencillo, casi ascético, me parecía que encerraba grandes posibilidades. Por ello quité del guión todo aquello que me hubiera impedido trabajar con un mínimo absoluto de efectos exteriores. En este caso, lo que buscaba era una arquitectura sencilla y modesta para toda la estructura de la película. 
Y con ello quería convencer aún más al público de que el cine -como instrumento artístico- tiene sus propias posibilidades, que no son menores que las de la literatura. Quería presentar la posibilidad que tiene el cine de observar la vida casi sin lesionar visible y gravemente el curso real de esta. Para mí, es ahí donde radica la naturaleza verdaderamente poética del cine como arte.
Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo; traducción del alemán (¿?) de Enrique Baños para Rialp Ed.


En su imprescindible ensayo Esculpir en el tiempo, Andrei Tarkovski explica su cinematografía y su visión personal sobre lo que es el cine y la relación de éste con el arte, la confrontación con la literatura y la relación del artista con el espectador. Tengo un proyecto que no descarto de repasar toda la filmografía de Tarkovski complementándola con sus comentarios recogidos en Esculpir en el tiempo.
Respecto a Stalker, que es lo que nos ocupa hoy, destaco el siguiente párrafo:

A menudo se me ha preguntado qué simboliza exactamente la Zona y hay quien se ha lanzado a las más aventuradas hipótesis y sospechas. Preguntas y suposiciones de ese tipo siempre consiguen abocarme a la desesperación y a la cólera. En ninguna de mis películas se simboliza algo. La Zona es sencillamente la Zona. Es la vida que el hombre debe atravesar y en la que o sucumbe o aguanta. Y que resista depende tan sólo de la conciencia que tenga en su ‘propio valor, de su capacidad de distinguir lo sustancial de lo accidental.
Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo; trad. de E. Baños.

Zona, de Geoff Dyer, narra la personal relación del escritor inglés con Stalker. El texto recrea al completo la película de Tarkovski complementándola con comentarios sobre el accidentado rodaje, sobre las ideas del director recogidas en sus textos y entrevistas, y, quizás la parte menos interesante, las digresiones de Dyer sobre su vida. En conjunto es un texto interesante que en algunos momentos puede irritar a los adoradores de la película, pero que sirve de perfecto contrapunto a ésta a los espectadores de Stalker. Es decir, podemos comparar las ideas que nos genera la película de Tarkovski con las que expone Dyer al mismo tiempo que recreamos sobre el texto la propia película. Comparamos y compartimos junto al escritor las emociones y los recuerdos que una película tan alejada de los convencionalismos del cine nos ha dejado.
Es un peculiar texto que en ningún momento pretende suplir la novela. Es más, en algunos de sus comentarios personales, Dyer se cuestiona la necesidad de su texto, pero admite que dentro del actual panorama editorial su texto es más que posible comercialmente. Es un hecho que sujetamos entre las manos.
Digresiones aparte, Zona de Dyer es una curiosidad que no debe menospreciarse. Eso sí, quizás esté limitado a lectores que han sido previamente espectadores de la película de Tarkovski.
No sabía, por ejemplo, que en un relato de Kenzaburo Oé se habla de la película.

De todas formas lo más interesante de la “novela” de Dyer son las reflexiones que despierta en el lector-espectador. Dyer me ha sugerido una idea que pensé que el autor desarrollaría más adelante y no ha hecho.

Stalker es una película sobre un viaje al interior de la Zona donde se encuentra una Habitación capaz de proporcionar al que la alcance sus más íntimos deseos. Si bien admite Tarkovski para él la Zona carece de significado simbólico, “La Zona es sencillamente la Zona”, la Habitación cumple una función simbólica en el entramado de la película. Aquellos que alcancen la Habitación verán cumplidos sus deseos, pero no aquellos que soliciten, sino los deseos inconfesables que cada persona encierra en su interior. Por eso los personajes de Stalker finalmente no entran en la Habitación.



Pero, como comenta Dyer, la cámara sí está en la Habitación y desde allí filma la desolación de los personajes.
Entonces, ¿qué es o qué representa la Habitación? Si la cámara está en la Habitación y la cámara representa el punto de vista que el director elige para el espectador, ¿significa eso que nosotros estamos dentro de la Habitación? ¿Es entonces la Habitación una sala de cine?
Podría ser entonces que el director de cine, convertido en stalker, el profesor y el escritor no puedan ver cumplidos los deseos que pronuncien en voz alta sino aquellos que interpreten desde el otro lado de la pantalla. La desesperanza del stalker, de Tarkovski, viene dada por que cada una de sus películas será indefectiblemente interpretada por cada espectador y nunca, nunca, colmará los deseos artísticos con los que las ha realizado. No hay pues una única Habitación. Hay millones de habitaciones repartidas por el mundo. Zona, de Geoff Dyer es una de esas personales habitaciones.
Pero eso sigue sin explicar la escena final de la película.