23/6/13

La vida simple, de Sylvain Tesson

Me pregunto si vale la pena perder el tiempo escribiendo sobre un libro que no merece ni dos líneas de comentario. Es decir, podría construir una especie de reseña demoledora sobre las trampas e imposturas que encierra el texto de Tesson, demostrar mi ingenio y mi maledicencia implacable señalando las incongruencias del impostado diario y clamar al cielo editorial por la publicación de engendros similares.
Pero no acostumbro a hacer eso.
Lo que más me preocupa de libros como La vida simple, traducido del francés debido a la popularidad en Francia de su autor, que ha supuesto allí un éxito de ventas, además de la concesión (para mí incomprensiblemente) del Premio Médicis de ensayo 2011, no es tanto la ceguera del autor respecto a lo que cuenta sino la ceguera de los lectores.
Creo que debe existir un síndrome o una patología que describa a cierto tipo de autoproclamados “exploradores” y la curiosa fascinación que el espectador sedentario siente por ellos.

Sylvain Tesson es un aventurero que ha culminado expediciones que requieren condiciones físicas especiales (o mucho tiempo libre y patrocinadores, que viene a ser lo mismo). Al parecer un libro suyo de relatos ganó el Goncourt y el Premio de la Academia Francesa. Espoleado por el éxito de sus relatos se ha puesto a escribir sobre sus aventuras. Lo cual nos lleva a la primera paradoja: el hombre enfrentado a la naturaleza para vender libros sobre el hombre enfrentado a la naturaleza.

(Documentales de televisión: El gran explorador enfrentándose a las duras condiciones de remotos parajes inhóspitos. Le acompañan su equipo de rodaje y de producción y un representante de la compañía aseguradora que determina el tipo de cosas que puede o no puede hacer y los elementos de seguridad que deben emplearse durante la grabación. En ocasiones ruedan a 500 metros del hotel en que se alojan)

Tesson decide irse a vivir seis meses a una cabaña junto al lago Baikal:
En 2003 estuve por primera vez en las orillas del Baikal. Caminando por la playa descubrí cabañas regularmente espaciadas, pobladas por ermitaños curiosamente felices. La idea de escaparme al amparo de estos montes, solo, en el silencio, se abrió camino en mí. Siete años después, heme aquí

A todos los efectos, lo que se nos pinta como una aventura en condiciones extremas, no es más que unas vacaciones en Rusia. La cabaña en la que se instala está preparada para recibir a un visitante: Muebles, estufa, una buena provisión de troncos para hacer leña… además Tesson viaja con una buena provisión de utensilios: Libros, comida, vodka (de hecho, se pasa la mayor parte del tiempo borracho), teléfono por satélite, aparatos eléctricos y placas solares fotovoltaicas.

No sólo son unas vacaciones sino que lo que vamos a leer es el relato de unas vacaciones… sólo falta, para que el libro sea el paradigma de esas incómodas situaciones, una proyección de fotografías.

En fin, no me quiero extender. No vale la pena.
Lo que me interesa es la ceguera del autor, ya lo he dicho.
Hay un momento que SU orilla del Baikal es invadida por un grupo de personas en permanente fiesta. Viajando alrededor del lago en todoterrenos se detienen frente a su cabaña y destrozan la pendiente nevada, horadan el lago para zambullirse en él, ponen música a todo volumen y comen y beben. A Tesson le perturban. Pero lo que no acaba de entender el autor es que su conducta no es demasiado diferente de la de los juerguistas. Son el factor extraño en un entorno natural. Tesson lleva pocas semanas en la cabaña pero ya se cree con derecho sobre ella, sobre los montes y sobre el lago. Y ese derecho nace de un curioso comportamiento que él, y otros, definen como “respeto a la naturaleza”. Es decir, a este rincón ignoto y salvaje del planeta YO puedo venir y disfrutar de él porque YO respeto la naturaleza.
Las mayúsculas tienen su importancia.
Aunque el texto está escrito como un supuesto diario enseguida nos damos cuenta que hay un trabajo de edición sobre las notas que (presumiblemente) habrá tomado durante su estancia en la cabaña. Pero aun así hay cosas que demuestran la incongruencia del mensaje de Tesson. De hecho, si seguí leyendo si terminé la historia fue para descubrir algún tipo de conclusión a la que quisiera llevarnos Tesson. Infructuosamente.
Mirad, es muy raro que me ocurra esto, pero mientras iba leyendo pensaba para mí que Tesson es tonto.
Llegué a pensar que Tesson podría ser uno de esos narradores infidentes de Nabokov incapaces de ver la realidad al mismo tiempo que descubren inconscientemente sus miserias morales.
La conclusión de La vida simple es el propio texto. El resumen que hace en una de las últimas entradas del diario es elocuente, todo tiene que ver con él. YO, MI, ME, CONMIGO, y así. Teniendo un fascinante mundo alrededor, todo en el texto tiene que ver con él.

No es esto lo que quería contar. O no es así como lo quería contar.

El caso es que hay personas que viven en la orillas del Baikal en unas condiciones que, desde nuestra comodidad medio-burguesa, podríamos considerar extremas. Pero parece que el valor de la experiencia de estas personas, experiencia basada en la cotidianidad, es menor que la del turista accidental. Como si la experiencia de vivir seis meses en ese lugar fuese más importante por el hecho de que luego vaya a convertirse en un relato. Es decir, parece que la vida tiene menos valor que el relato tangencial y temporal de esa vida. Lo que importa en este tipo de “ensayos” (admitamos la palabra con disgusto) o de documentales manipulados es la subjetiva (e impostada) narración de unas condiciones de vida que elevan, por insistencia, al narrador a la categoría de héroe. No porque lo sea en sí, aunque hay que reconocer el arrojo de sus protagonistas al mismo tiempo que cuestionamos el objetivo de sus hazañas, sino porque el mismo relato (yo, mi, me, conmigo) lleva implícito la preponderancia del narrador sobre el entorno.
Lo que cuestiono es el éxito mediático de los aventureros. La ceguera del lector deslumbrado por la audacia que se auto-atribuye el autor. Quizás nuestra sociedad necesita héroes y esto es lo mejor que hemos encontrado.
O lo mejor que nos ofrece el mercado.

15 comentarios:

APG dijo...

Algo así como un bon vivant que se cree aventurero extremo.

Qú bien que hace leer comentarios por fuera de la críttica hegemónica.

Saludos,
APG

Emilio L.J. dijo...

Hombre, no es tan tonto como lo pintas.

Pag 41 de "La vida simple":

"El eremitismo es un elitismo. Aldo Leopold lo dice en su "Almanach d´un comté des sables"(Almanaque de un condado de arenas), cuya relectura comencé esta mañana, no bien encendí la estufa:"Toda protección de la vida salvaje está condenada al fracaso, porque para querer necesitamos ver y acariciar y cuando un número de suficiente de gente haya visto y acariciado no quedará nada que querer". Cuando las multitudes entran a los bosques es para abatirlos con el hacha. La vida en los bosques no es una solución a los problemas ecológicos. El fenómeno contiene su contraprincipio. Si las masas invaden los oquedales importarán consigo los males de los que pretendían huir al abandonar la ciudad. No hay solución".

El libro tiene poco de literatura (quitando las numerosas citas como la de arriba, y ciertas reflexiones pseudopoéticos y post-adolescentes) y mucho de "descubrimiento interior" con coartada ecológica, algo muy francés, por otro lado. Si eres consciente de esto, puedes disfrutar el libro desde tu pisito de Lavapiés, soñando de una forma un tanto masturbatoria con hacer alguna vez lo que Sylvain relata desde su cabaña a -30 grados bajo cero.

alma dijo...

Por lo menos él ha hecho algo distinto con su vida.
Tu solo vas al cine y a restaurantes.
Me moriria de aburrimiento

Portnoy dijo...

Ni siquiera voy a restaurantes, Alba.
Lo preocupante es que se considere positivo ese "hacer algo distinto con su vida" En realidad lo único que hace Tesson es turismo subvencionado (se puede leer la lista de patrocinadores en los agradecimientos)
Pongamos una analogía. Imaginemos a un trabajador asalariado que se pasa las ocho horas diarias de su vida laboral plantando nabos a destajo. Coincideremos que es un trabajo alienante y, no te quepa duda, bastante mal pagado. Luego viene Tesson está tres semanas plantando nabos y se vuelve a su casa a escribir un libro sobre SU experiencia plantando nabos. Y nosostros lo leemos pensando que ha hecho algo interesante con su vida. ¡Claro que sí! Él NO planta nabos, él NO vive año tras año a orillas del Baikal subsistiendo en condiciones inhumanas a base de cazar y pescar.
Él obviamente ha hecho algo interesante con su vida, convencernos que lo que escribe es interesante. Pero no lo es.
Apg, Emilio, gracias por vuestros comentarios y disculpad que no haya contestado antes.
Alma, gracias por tu comentario
Un saludo

Esojairam dijo...

Reconozco que cuando he empezado a leer tu crítica no estaba en absoluto de acuerdo y estaba a punto de dejarlo( me estoy leyendo ahora mismo el libro en cuestión). Pero a medida que he ido avanzando en tus razonamientos reconozco que hay buena parte de verdad en ellos. Los héroes son los anónimos que no conocemos y realmente viven su cotidianidad sin llegar a escribirla nunca pero VIVIÉNDOLA. Al final, hasta estoy parcialmente de acuerdo. Saludos,

MªJosé

Francisco Morilla dijo...

Casi totalmente de acuerdo señor Portnoy. Me gustaría tener unas vacaciones como las del "acomodado" autor aunque tengo poco dinero, pero dicho sea de paso tengo aún menos envidia. Un saludo.

Carso dijo...

Me alegra encontrar una reseña crítica sobre esta obra, las que había leído hasta ahora eran meras notas de prensa en las que los reseñadores repetían lo que la editorial les ha transmitido. y sí, parece interesante como experiencia, pero el resultado literario es nulo, de una exhibición impúdica rayando a un nuevo género de reallity show, el gran hermano del eremita versión burguesa.

Anónimo dijo...

Ir os vosotros de aventureros anónimos para no contar vuestras aventuras, mas o menos confesables. Dejad en esta parte del mundo aun "oficialmente libre" leer a cada uno la literatura que le plazca.

alma dijo...

No necesito cargarme este libro.
No podre ir alli, al lago ese. Y que alguien escriba sobre ello me parece muy inspirador. Y me da un buen rollo de la Ostia. Es decir lo disfruto.
Asi que le doy las gracias a este Sylvain, y a todos los Sylvains del mundo.Eng

Anónimo dijo...

Está claro que no terminaste el libro, pero peor, no entendiste nada. El lago,e l paisaje, todo son excusas, para adentrarnos en la mente de una persona que pasa mucho tiempo sola, ver como sus reflexiones se distorsionan por el vozka, el frio y la soledad en combinación con sus lecturas es de lo más interesante.

Un libro entretenido y recomendable, sin grandes aspiraciones filosóficas. Solo, el hombre, con el yo.

Anónimo dijo...

Yo creo que no hay que ser extremos. Ni uno es tonto porque experiemmente con su vida y lo escriba para conocimiento de los demás (del que le interese), ni otro es tonto porque lo critique o no entienda esa forma de vivir.
Simplemente opino que si no te gustan ese tipo de experiencias y la nerración de las mismas, pues no leas el libro.

Diego Cobo dijo...

tengo ganas de leer el libro, y a pesar de la entrada esta creo que lo leeré para juzgar

personalmente, me gustan las personas que hablan en primera persona: no es más que una herramienta de narración. Puede que sea un bombazo editorial, comercial, etc., pero yo creo que el tipo no engaña a nadie. No niega de dónde viene ni a qué va a esa cabaña...

Lo leeré!

saludos

Anónimo dijo...

Portnoy, que ganas tienes de hablar sin tener nada para decir, y encima sin que nadie te pregunte jaja. Si no tienes nada que decir, quédate callado por favor :). Saluditos...

Unknown dijo...

Terminé de leer la vida simple y de verdad no comparto la opinión de Portnoy. Yo lo consideré un relato muy interesante y bien escrito que en nada merece ese desprecio con el que el comentarista trata el ensayo y a los lectores del mismo. Ojalá aprendieranos a hacer vidas individuales no tan gregarias y dependientes de la sociedad. El libro me resultó inspirador.

Edgardo dijo...
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