19/4/12

La soledad del lector, de David Markson

De La soledad del lector han dicho;

Hipnótico” (Kurt Vonnegut)

Kurt Vonnegut falleció tras sufrir una caída en su domicilio que le causó una lesión cerebral irreversible

El punto más alto que podamos encontrar en la ficción experimental de los Estados Unidos” (David Foster Wallace)

David Foster Wallace se suicidó, ahorcándose en el garaje de su casa

Nadie, excepto Beckett, puede ser tan divertido y tan triste al mismo tiempo” (Ann Beattie)

Samuel Beckett está enterrado en el cementerio de Montparnase junto a Suzanne, con una simple lápida «De cualquier color, siempre que sea gris.»

Esto lo digo yo, no Markson.

David Markson murió en la cama. El cuerpo fue encontrado por sus hijos.

"Diacronía diegética", dice Markson (Autor, Lector, Protagonista)

Cuando topamos con un texto tan poco usual como éste la pregunta que inevitablemente uno se hace es qué es La soledad del lector. Después de darle muchas vueltas me decidido a no detenerme en lo que La soledad del lector no es y me atrevo a afirmar que estamos ante una Novela Indirecta.
Vayamos a las raíces:
Definición de la RAE:
Novela.
(Del it. novella, noticia, relato novelesco).
1. f. Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

La soledad del lector cumple los requisitos de la definición de novela. Aunque estructuralmente difiere radicalmente del concepto popular de novela.
Añado “Indirecta” porque no trata explícitamente de unos hechos y porque, en un sentido tradicional comúnmente aceptado, La soledad del Lector “no cuenta nada”
Pero existe una suerte de trama en el interior del texto, que tiene como actantes al Lector y al Protagonista, “una trama no lineal, discontinua, en forma de collage” que avanza (si es que lo hace) entre interrogaciones. No es tanto una trama como la posibilidad de una trama.
Y una trama autorreferencial que se apela e intenta definirse a sí misma desde el interior de sus páginas. Así en las páginas 80 y 180 leemos casi la misma frase: “¿Una novela de referencias y alusiones intelectuales por así decirlo, pero casi sin novela?
Y en la 185: “Obstinada en sus referencias cruzadas y de críptica sintaxis interconectiva, en todo caso
Y que, como desafío personal adicional, no permita que ninguno de sus mishigases intelectuales sea material que el Lector haya usado antes en alguna parte


El Lector, así con mayúsculas. Al igual que El Protagonista. De hecho en algún momento de La soledad del Lector (debe ser así, Lector, aunque la grafía del título original Reader’s Block, no ayuda a discernirlo) hay cierto trasvase de objetos personales entre el Lector y el Protagonista y en todo momento de la novela el Lector es equiparable al Autor.
El Autor como primer lector.
Como no hay trama, me pregunto si un comentario sobre el texto de Markson no implicará también una serie de preguntas, una posibilidad de comentario.
Y en esa dicotomía-identificación Lector-Autor (que va de Markson hasta nosotros) preguntamos: ¿Es La soledad del Lector la demostración práctica de la intoxicación de los paratextos? No me refiero únicamente a los paratextos comerciales con los que se intenta promocionar una novela (he puesto al inicio los que acompañan a la edición de La Bestia Equilátera y las paradojas que provocan) sino a todos aquellos datos que acumulamos en torno a los autores que leemos, a lo que hicieron y dijeron.
¿Es posible leer el relato Spotted horses, que pertenece a El Villorrio, donde aparecen los caballos incabalgables de Flem Snopes, sin recordar que Faulkner murió a consecuencia de las lesiones producidas por una caída de caballo?, ¿es posible leer las numerosas menciones que hace David Foster Wallace sobre el suicidio en todos sus textos sin que inmediatamente recordemos el suyo?
¿Lucía Joyce, los hijos de Mann, los hermanos de Wittgenstein?
¿las cuarenta y dos editoriales que rechazaron Murphy de Beckett?
¿Robinson Crusoe nada desnudo hasta el pecio y vuelve con los bolsillos llenos de galletas?
Todo aquello que nos perturba, que nos influye, aquello que no sabemos que sabemos y que en cierta manera interfiere en nuestra lectura. Todo lo que rodea al acto de la lectura, una actividad solitaria durante la cual cientos de voces nos hablan en nuestra cabeza.
En La soledad del Lector aparecen intercaladas, a modo de breves notas, los siguientes temas extradiegéticos referidos a autores:

Suicidios
Muertes accidentales
Frases y citas (“333 citas no atribuidas” dice el texto)
Nombres de personajes
Curiosidades y extravagancias
Antisemitismo
Trabajos no relacionados con la actividad artística

En el fondo se apela al Lector Ludens. Y como lector ludens debo confesar que la lectura de La soledad del Lector es toda una experiencia gratificante. Y también que es imposible trasmitir esas sensaciones aquí.

Porque en última instancia los lectores somos seres solitarios y hemos venido a este lugar porque allá no tenemos ninguna clase de vida y alguien nos saludó por la calle con la cabeza y nos preguntamos ¿quién? ¿me saludó a mi o a él? Y acabamos viviendo en un caserón desvencijado desperdiciando el poco tiempo que nos queda dando paseos por las dunas desiertas y acabamos en el cementerio intentando descubrir nuestro nombre en alguna de las lápidas. Y la memoria tiene tanta importancia como la narrativa; de hecho la memoria no distingue que recuerdos pertenecen a la realidad.

Me da la sensación de que lo que Markson quiere reflejar con esta ingente cantidad de datos que se suceden como un mantra hipnótico y subyugante a lo largo de La soledad del Lector es tanto la inutilidad como la importancia de la literatura en nuestras vidas. Es difícil interrumpir la lectura de este texto porque fluye como el tiempo y verdaderamente nos aísla del entorno y nos sumerge en la esencia de la narrativa. No es una novela y no es una no-novela, y no es un non-sense porque acumula todo el sentido que la narrativa puede tener, pero despojada de sentido.

Y sí, los Lectores somos seres patéticos y desolados.

Ayer alguien saludó a Raskolnikov con la cabeza por la calle
He venido a este lugar porque allá no tenía ninguna clase de vida

Los textos entrecomillados de la traducción de Laura Wittner para la edición de La soledad del Lector de La bestia Equilátera

P. S.: La soledad del Lector de David Markson está dedicado a Steven Moore.

NOTA:
Este post forma parte de una especie de experimento realizado conjuntamente con Bernardo Munuera. Publicamos simultáneamente nuestras impresiones sobre el texto de Markson en nuestros blogs. No tiene intenciones comparativas (ni competitivas, por supuesto) sino complementarias.
Aquí el texto de Bernardo: ¿Por qué ahora esta soledad?

Editado por la noche: Es cierto lo que comenta José Luis Amores. Enrique Vila-Matas me recomendó la novela de Markson. Era justo mencionarlo.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

LA SOLEDAD DEL INTERNAUTA:
Abro la red, o la conecto o me conecto o enciendo o lo que sea. Busco blogs sobre literatura. Leo críticas, leo reseñas, leo opiniones cultivadas y otras sin cultivar. Comparo. El qué. No los libros; en los últimos 120 minutos he recorrido casi un centenar de reseñas, libros que no he leído y que apunto para leer o no. Comparo las tramas o sus ausencias. Comparo a los bloggers. La literatura, aquí pero dónde. Me fumo un cigarro: descubro que fumar no ayuda a pensar. Apago el cigarro. Apago el ordenador. Apago la luz de casa y me voy al bar y le pido al camarero una cerveza y un chiste. Me mira raro y me sirve la cerveza en silencio. Así no progresamos, pienso, pero esto tampoco lo he pensado yo.

Vero dijo...

Qué grande el anónimo.

Portnoy, tu entrada magnñifica, siempre me encanta leerte y cuando hablas sobre algún libro ansío leerlos. Well done. Saludos.

José Luis Amores dijo...

Brutal, y además dedicada a Steven Moore, mi amigo.

Ruina, y la culpa, de Vila-Matas.

Rubén Martín Giráldez dijo...

«La auténtica tristeza, dijo quienquiera que escribiese esto, es cuando ya no te queda nada más que decir o no tienes nada que añadir; cuando ya has agotado, dijo, todos los recursos del lenguaje para hacer comprensible algo a alguien que no entiende nada.» Christian Gailly, Nuage rouge.

Blumm dijo...

Lo voy a añadir aquí: el título de mi post es una pregunta que se hace Markson en la página 135.

La experiencia ha sido muy satisfactoria, Javier.

Pensé que pintaba pero escribía.

Soñé con tortugas anoche que estaban junto al cambio de marchas del coche, metidas en una bolsa con sus cabezas buscando oxígeno.

La publicación del post -estaba programado- me ha pillado conduciendo y lo reconozco: he estado a punto de atropellar a un hombre trajeado que iba hablando con un móvil en la calle Navas de Tolosa, aquí, donde vivo. Y todo, por comprobar que había salido del horno.

Ahora queda lo más difícil. Demostrar que no soy un robot:
itstur smaketab

J. M. dijo...

cómo conseguir ese libro, si sólo se distribuye en latinoamerica???

Anónimo dijo...

La soledad del lector de códigos de barras de bar o qué difícil es morir en internet sin dejar huella.

Es el título del libro. Pero hay que escribirlo. ¿Alguien se anima? (yo no puedo: soy de la siguiente opinión matizada: nacer. ver nubes. morir sin poder explicarlo. pero me animé al ver el internauta anónimo con su ilusión inicial.)

en internet comentada uno nace y tras menos de cinco años uno ya es un ivan ilich terminal. ¿cómo morir y explicarlo? No explicándolo. Ah, amigos, pero no todos los días uno no vebe...

Portnoy dijo...

Con lo graciosos que son los anónimos es una lástima que no se pueda reconocer la autoría de sus ocurrencias. En fin.
Gracias por vuestros comentarios, aunque creo que lo que hemos conseguido es una especie de círculo cerrado en torno a Markson... así suele ser casi siempre, la endogamia de internet.
J.M. creo que en la página de La bestia Equilátera puedes conseguir información sobre la distribución en España de la novela.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios

Citizenkant dijo...

Consideradas las primeras tres opciones, paso en general a examinar otros modos de acabar con esta farsa; métodos que luego de meses de pensar en ellos cada día ahora llamo «de última tecnología». Valium en alcohol me acaba pareciendo una solución muchísimo más acorde con lo que yo soy y busco. El asunto ahora es ¿cuánta mierda es necesario que uno trague para estarse a seguro? Y no menos importante: ¿cómo demonios consigue un fulano cualquiera ese tocho de sedantes?

Trayectos ciegos dijo...

J.M., no sé si llego tarde. Yo conseguí el libro en la Central de Barcelona, recomendado también por Vila-Matas. Te lo envían por correo, si quieres.
Aún ando a medio camino de su lectura y me parece magnífico. Me gusta mucho tu reseña, Javier. Muchas gracias.
Destaco por ahora una frase de este libro que me parece -a modo de símil- una bofetada al realismo rancio que caracteriza a la mal llamada literatura, de la cual tanto sabe el mercado:

"Matisse, consultado sobre la piel verde:
No estoy pintando una mujer. Estoy pintando un cuadro."

Javier Cercas Rueda dijo...

Irresistible. Me lanzo a encargarlo ya. Gracias por la recomendación.

J dijo...

Tanto "La soledad del lector" como "Esto no es una novela" y "Punto de fuga" los distribuye en España Tarahumara:

http://www.tarahumaralibros.com/libros/esto-no-es-una-novela_60095

Anónimo dijo...

El libro acaba de ser adquirido por la Xarxa de Biblioteques de Barcelona (novetat setembre 2015), por si alguien se pone en cola después de que lo devuelva a la biblioteca ;-)

Anónimo dijo...

"No existe un cuadro bueno acerca de nada. Dijo Mark Rothko", p. 182.
Lo mismo podría decirse sobre las novelas y los poemas.

Es el libro más fresca y radicalmente honesto que he leído en mucho tiempo.