10/2/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (III)

Ahora no voy a ser del todo honesto ya que mi lectura se adelanta a los capítulos que voy a anotar. Es decir lo que digo no lo digo desde el último capítulo que aquí aparecerá, sino desde la lectura casi completa de la novela. Y es lo siguiente: Lo que se puede adivinar es que El rey pálido hubiese sido una obra monumental que, estoy seguro, hubiese superado en extensión a La broma infinita.
En el caso de que quisiera especular (*) en torno a los motivos que impulsaron a David Foster Wallace a quitarse la vida, apuntaría a la ambiciosa desmesura del proyecto de El rey pálido antes que, como he leído que se argumenta en algún sitio, a la incapacidad de superar el tedio que suponía escribir sobre el aburrimiento de las labores administrativas. Ese argumento se invalida con la lectura de la novela: El rey pálido tiene como trasfondo el tedio y el horror al tedio, pero no es para nada una novela aburrida.
El ejercicio narrativo que se impuso David Wallace al emprender El rey pálido era demostrar que no existen temas que no puedan ser tratados literariamente, que incluso algo tan poco atractivo narrativamente en principio como el tedio puede convertirse en un tema interesante, que incluso los más enrevesados temas administrativos pueden resultar narrativamente luminosos con un enfoque adecuado, que no hay momento de nuestras aburridas vidas que no pueda convertirse en épico gracias a la literatura. Para eso toma como modelos de sus personajes, si debemos hacer caso a lo que nos cuenta “el autor”, a un grupo de personas a las que conoció durante el periodo en que estuvo trabajando para la Agencia tributaria estadounidense, y les construye a cada uno de ellos un universo narrativo lleno de sugerentes imágenes. ¿Es eso la verdad? No importa. El caso es que cada personaje va apareciendo poco a poco, sin que sepamos en principio donde ubicarlos dentro de la historia principal, la que incluye al “autor”. Esas historias laterales, verdaderas narraciones en forma de digresión llegan a convertirse en ocasiones en autenticas y sólidas historias. Véase si no, las notas de Javier A. Moreno sobre su lectura de El rey pálido Notes §1-§15 y Notes §16-§50 en las que el capítulo 22, al que ya llegaremos, es calificado con toda la razón de “Novela”.

Dejaremos para más adelante la crítica al método conversacional como motor principal de gran parte de la narración de Wallace.

Capítulos del 10 al 19

Cap. 10: la burocracia se parece “a un mundo paralelo al mismo tiempo conectado con el nuestro e independiente de él” (…) “La burocracia no es un sistema cerrado, eso es lo que le convierte en un mundo y no en una cosa” (1 página)

Cap. 11: Memorando en el que se enumeran síntomas que pueden padecer los agentes tras 36 meses trabajando en la división de Examen. Desde paraplejia crónica hasta hemorragias sin explicación (2 páginas)

Cap. 12: Leonard Stecyk, el inteligente e insoportable chico perfecto, ya de adulto y recién mudado visita a sus vecinos puerta a puerta para regalarles, en vez del consabido y tradicional plato de galletas, un ejemplar gratuito de la Guía nacional de códigos postales del servicio de Correos de Estados Unidos, glosando sus ventajas y utilidades. (2 páginas)

Cap. 13: Un chico que descubrimos en nota al pie que se apellida Cusk “a los dieciséis años y medio empezó a sufrir unos espantosos ataques de sudor en frío” Se trata de un angustioso relato sobre un adolescente que sufre ataques de sudor únicamente cuando está rodeado de otras personas. En estas condiciones su paso por el Instituto se convierte en un infierno paranoico en el que trata de pasar desapercibido. Su autoaislamiento voluntario paradójicamente consigue que sus calificaciones mejoren considerablemente. (9 páginas)

Cap. 14: Una serie de transcripciones de partes de las respuestas de catorce agentes en un proyecto de entrevistas en vídeo propulsado por D. P. Tate y realizado por Leonard Stecyk. Aunque el tono varía de una a otra respuesta y aunque hay una más extensa y concienzuda, centrada en el trabajo en la Agencia, por lo general se destacan las respuestas irónicas y críticas. Cada entrevistado es identificado por un número(**) y creo que sería posible identificar a varios de los personajes detrás de sus respuestas, pero sería un arduo (e inútil) trabajo (18 páginas)

Cap. 15: Los médium de datos, también llamados videntes informáticos o personas con el síndrome de intuición de datos al azar tienen la increíble, molesta e irrelevante capacidad de saber intuitivamente cantidades ingentes de todo tipo de datos simplemente mirando a una persona o a un objeto. Claude Sylvanshine es uno de ellos.
El médium de datos vive a tiempo parcial en el mundo de los detalles fragmentarios y efervescentes que nadie conoce o que nadie se molestaría en conocer aunque tuvieran la posibilidad de conocerlos” (4 páginas)

Cap. 16: Lane Dean Jr. trabaja en la Agencia donde, al parecer, tiene problemas para integrarse con el resto de sus compañeros. Conversación irrelevante en un descanso del trabajo. (4 páginas)

Cap. 17: Una breve declaración tal vez parte de la serie de entrevistas del capítulo 14. “Creo que ya de pequeño me imaginaba a los hombres de Hacienda como esa otra clase de héroes institucionales (…)” (1 página)

Cap. 18: Glendenning, un directivo de la agencia tributaria, es apodado El rey pálido. Él ha impulsado de nuevo el empleo de Nombres de escritorio, nombres ficticios que usan los agentes para que los contribuyentes no puedan descubrir su verdadera identidad. (2 páginas)

Cap. 19: Uno de los tours de force narrativos que se pueden encontrar en la novela. Capítulo construido a base de diálogos sin que se indique quién es exactamente el personaje que habla. A través de las respuestas iremos identificando a los interlocutores. Un “dije yo” coloca a David Wallace en la acción dirigiéndose a Glendenning (más pálido que de costumbre). Aparecen también DeWitt, Shane “Ex” Drinion, Stu Nichols y Gaines. La situación, sin especificar, tiene lugar en un ascensor averiado y a oscuras. Una voz comenta: “¿Alguien tiene hora? ¿Cuánto tiempo llevamos aquí metidos, tres horas?” A pesar de la situación, la conversación parece desarrollarse de forma natural (tan natural como pueden ser los diálogos de Wallace, ya hablaremos de ello en la siguiente entrega) y tratan temas concernientes a la ética de su trabajo, centrándose en las exigencias de las Corporaciones y en la individualidad como base de la democracia. El exorcista (****), La naranja mecánica, El padrino y Grupo salvaje son ejemplos de películas violentas que moralmente (eso argumentan algunos en el ascensor) no deberían verse pero que se realizan porque las Corporaciones, en este caso las cinematográficas,”están en el negocio para ganar dinero para sus accionistas” (19 páginas)


Llevamos sólo 162 páginas.

Los textos entrecomillados pertenecen a la traducción de Javier Calvo para Mondadori

(*) o de que me viese obligado a dar mi opinión, lo que no es el caso. Prefiero no especular sobre el tema. Imagino que tuvo una razón íntima que al resto se nos escapa para hacer lo que hizo y que seguramente no tiene nada que ver con temas narrativos. Lo que es es y además es inevitable. No sigamos por ahí. El caso es que NO habrá más obras de David Foster Wallace.

(**) 945645233, 968223861, 928874551, 973876118, 917229047, 965882433, 981472509, 951458221 (***), 947676541, 928514387, 951876833, 987613397, 943756788, 984057863

(***) La más extensa ¿el propio Stecyk? ¿quizás Shane “Ex” Drinion, por lo concienzudo? La verdad es que ahora no podemos saberlo y después no nos importará.

(****)El exorcista parece ser recurrente en la narrativa de David Foster Wallace.

3 comentarios:

José Luis Amores dijo...

Javier, en este documento: http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/noticias/escritor_inconcluso.pdf, un periodista que está escribiendo la bio de DFW excplica muy bien los motivos de su suicidio.

Abrazos.

Anónimo dijo...

Pero Portnoy, independientemente de las hipótesis sobre la muerte de D.F. Wallace, que uno como lector no se aburra leyendo la obra, no significa que el autor no se aburriera escribiéndola. La argumentación no me parece correcta.

GLÒRIA dijo...

Un estupendo analisis que me animaría a leer El rey pálido si el malogrado DFW hubiera tenido más capacidad de síntesis.
Saludos!