15/2/11

Punto Omega, de Don DeLillo (XII)

Y al final el desierto gana.

Ya no queda apenas nada que decir. El relato de Finley y Elster termina y volvemos al anónimo narrador (¿el mismo?) de la primera parte, apostado en la sala donde se proyecta 24 Hour Pyscho. Un retorno al ritmo “normal” de nuestra sociedad.

Antes, en el desierto, el cineasta, Finley, ha tenido su epifanía, su momento de revelación. Pero, usando una analogía bíblica, Finley no se ha quedado ciego deslumbrado por la luminosidad del Punto Omega, se da la vuelta, regresa al coche, enciende el aire acondicionado y sale corriendo. Más tarde, cuando él y Elster vuelven a la ciudad, recibe una llamada a su móvil. Número oculto. Nadie al otro lado. Los lazos se han roto. El silencio pausado del desierto se ha despedido socarronamente del cineasta mientras éste vuelve al orden de la civilización, al ritmo de nuestra sociedad.

Es un aviso de lo que nos espera en esa dirección.

FIN

1 comentario:

Pynchoniano dijo...

La Novela vive. Goza de salud inmejorable. DeLillo, una vez más, lo corrobora. Sus libros son reflexiones filosóficas de un altísimo nivel noveladas. Escogió ese camino hace años (ya en “Ruido de fondo”). En “Punto omega” reflexiona sobre el conflicto entre la naturaleza humana (puesto que somos polvo, es decir, materia, también somos tiempo) y la naturaleza de la humanidad (entendida como conciencia global que, por ser inmaterial, también es atemporal), que es el destino soñado por Elster. Un totalitarismo más racional.
O no.
Saludos