24/12/10

Las correcciones, de Jonathan Franzen (y II)

La “Gran Novela Americana” es un artificio. Leemos:
La "Gran Novela Americana" sería conceptualmente una novela que destaca tanto en su forma como en su tema, de manera que se convierte en la representación más precisa del zeitgeist de Estados Unidos en el momento de su escritura.

La GNA es un artificio. La Navidad, tal y como la celebramos-padecemos ahora, demostración de la voracidad del sistema capitalista y del consumismo sin freno, almibarado con dosis de buenas intenciones y encaminada a la beatífica reunión familiar, es otro símbolo de nuestro zeitgeist y, por supuesto, un artificio.
Las correcciones, una novela aspirante a la calificación de GNA que culmina en la última Navidad de los Lambert, es doblemente artificiosa.

La pregunta era: ¿Cómo salir de esta cárcel?” es tal vez el último pensamiento coherente de Alfred Lambert sumido en los estragos del Alzheimer. La enfermedad como metáfora. La cárcel de Alfred es un hospital donde intentan dar esperanzas a la familia (no al enfermo) a través de una cura experimental. La enfermedad de Alfred le hace confundir la realidad con su delirio personal. La familia intenta engañarse en la ficción de una cura imposible. La Navidad, con sus luces de colores y sus paquetes historiados (papel y lazos y muchas felicitaciones) es la ficción a la que Enid, la mujer de Alfred, se aferra para creer que es posible de forma natural perpetuar el espíritu de cohesión familiar. Y descubre que la realidad es más asequible y amable a través de Aslan, un nombre que remite al león de la saga de Lewis, también conocido como Mexican A, una droga de diseño cuyos efectos, que también conocen sus hijos, es “todo y nada”. Los hijos, Gary, Chip y Denise, viven sus ficciones particulares en forma de patriarcado que se derrumba, de infinito negocio lucrativo o de forzada complejidad sexual. Cada uno de los personajes, padre, madre e hijos, en sus cárceles individuales, se fuerzan a intentar un artificio de familia en un artificio navideño.
¿Cómo salir de esta cárcel? No hay forma de salir de ella, parece ser la tesis de Franzen, y la familia, como entorno donde se desarrollan las aptitudes sociales, se constituye en metáfora de la cárcel. De esta manera los personajes de Las correcciones, cada uno de los Lambert, se convierten en arquetipos con todos sus defectos, sus carencias afectivas y sus disfunciones psicológicas. Son héroes trágicos condenados no por el destino, como en las representaciones clásicas, sino por la mediocridad del artificio en el que viven.
Por eso Las correcciones es una novela dura, porque en ella nos podemos contemplar a nosotros mismos, porque entre toda la exageración que acompaña a todo arquetipo podemos siempre entresacar algo que nos representa. Y lo que Franzen nos muestra de nosotros mismos no es agradable. Y no hay forma de salir de esta cárcel:

(Te metes el cañón de la escopeta en la boca y le das al interruptor)
(…)
Viene uno provisto, desde pequeño, de una voluntad de arreglar las cosas por uno mismo y de un respeto a los objetos físicos individuales, pero, al final, hay algo en la maquinaria interna (incluida la maquinaria mental, como esa voluntad y ese respeto) que se queda obsoleto, y, en consecuencia, por mucho que a uno le queden aún ciertas partes que siguen funcionando bien, no sería descabellado defender la opción de arrojar la maquinaria humana entera a la basura.

Pero ni así. Ni la muerte parece ser escapatoria a esa cárcel. O se demora intencionadamente esa fuga radical ya que, a fin de cuentas, en la cárcel estamos vivos. Aunque sea al modo de una tragedia dostoievskiana.
Alfred es un padre de familia despótico incapaz de transmitir cariño a su familia. Enid es la madre que acepta sumisa su reducción al entorno hogareño. Los hijos, cada uno con sus peculiaridades, tienen inculcado en común la importancia de triunfar.
"A Gary le habría encantado disfrutar siendo un hombre rico y acomodado, pero el país no se lo estaba poniendo demasiado fácil".
"Chip había vivido con el convencimiento de que era posible tener éxito en Estados Unidos sin ganar dinero a espuertas".
"Denise, a quien triunfar le importaba muchísimo,…"

Cada uno de ellos tiene comportamientos caóticos heredados de varias de las características de la conducta de sus progenitores: Gary es despótico como su padre pero su hostilidad topa con la indiferencia de su cónyuge; Chip tiene la visión ingenua de su madre en torno a los negocios, y Denise se debate en la indecisión sexual condicionada por la respuesta de sus padres a su comportamiento.
Decir más sería lanzarse a destripar los entresijos de la novela.
Y ahí estamos nosotros, los lectores, herederos de los Lambert y de un entorno social que nos condiciona y nos engaña.

(Esta reseña sería mi particular felicitación navideña, si es que todavía se puede pensar en Navidad después de Franzen)


Las correcciones es una excelente narración tanto por la creación de personajes, que existen al mismo tiempo como individuos y arquetipos, como por su estructura no-lineal, ya que se va desarrollando separadamente a cada uno de los personajes y sus circunstancias, y por su estructura lineal, ya que toda la narración se encamina a situar el día de Navidad como momento culminante y catártico. Al mismo tiempo Franzen, tremendamente descriptivo y analítico, no renuncia a la belleza literaria, a las imágenes perturbadoras que sirven de contrapunto al realismo psicológico de los Lambert. Escojo al azar: “La tranquilidad de la casa, después de comer, era tan densa que casi alcanzaba a parar los relojes”.

Una maravilla perturbadora.


Los fragmentos de Las correcciones de la traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral

10 comentarios:

Duquena dijo...

Deduzco que has acabado la novela, cuánto me alegro (como se alegra uno cuando el buen amigo A de uno conoce al buen amigo B de uno: aquí además, un lector excelente con un libro excelente).

La verdad es que me extrañó un poco tu comentario del otro día, tu "casi-espantá" (aunque la puse a cuenta de la sensibilidad de este lector excelente). Y si me extrañó es porque me pareció que habías pasado por encima de una cierta ironía (¡indispensable! ¡desengrasante!) que baña todo el libro. Y, segundo ingrediente indispensable y desintoxicante, el insobornable cariño con que trata a los padres (equiparable en cierto modo al de Roth pero no siempre, sólo al de "Patrimonio", por ejemplo), pese a la crudeza realista. A mí me hipnotizó, lo leí en cuatro días de insomnio inducido. Espero con "candeletes" una próxima novela suya.

Y para ti, company, muy felices fiestas!

cgamez dijo...

Me alegra que hayas retomado la lectura de Las correcciones. Además de lo que citas, yo destacaría de la novela, los recursos que usa Franzen para ubicarnos dentro de los personajes (el uso de lenguaje neurocientífico para entrar en la mente de Gary, el relato interior intimista al modo Woolf para captar la sexualidad de Denise...). Es un cuadro realista excepcional. Las escenas que utiliza Franzen son poderosísimas (no en vano, reivindica a Tolstoi, otro gran escenógrafo). El único defecto que le veo a la narración es cuando se quiere meter en la ya alocada mente de Alfred. Al realismo le cuesta describir la locura.

En todo caso y, aludiendo a tu dificultad al inicio de la lectura, lo que yo admiro de Franzen es que es un autor mediático que no hace concesiones. No requiere del entretenimiento para llegar al gran público y decir exactamente lo que quiere decir.

Aquí un enlace de un comentario de Eduardo Lago al respecto de Franzen y el realismo:

http://www.escueladeletras.com/actualidadliteraria/la-cuestion-del-realismo-a-proposito-la-ultima-no/3485.html

Y pese a todo, felices fiestas.

Mario dijo...

Éste es un libro que me gustaría conseguir, siendo Franzen celebrado por crítica y público, provisto al parecer de un estilo inteligente que ahonda en la psicología humana, y que utiliza una descripción pormenorizada de la inclemente existencia, esperaré a que llegue a mis manos y gozar de su lectura. Siempre es cuestión de tiempo, y desentrañar el misterio. Feliz año nuevo.

Portnoy dijo...

Duquena: Un placer inmenso volver a verte comentando por aquí. La verdad es que al principio Franzen me desbordó. Pero en cuanto lo dejé no hacía más que volver mentalmente a la novela. Estoy de acuerdo en lo de la crudeza realista (aunque con matices, luego lo comento) pero lo de la ironía de Franzen me cuesta más de aceptar. Me parece que la ironía precisa una distancia entre el narrador y el lector con lo que se narra que es imposible en Las correcciones ya que la intención de Franzen (tal y como lo interpreto) es absolutamente demoledora. Si que existe cierta ternura de fondo ante las carencias afectivas de todos los personajes (ya que en cierta forma somos nosotros, autor-lector, quienes estamos en el texto), pero no hay un verdadero aprecio, al estilo de Roth, por ellos. Aparte de la orfandad afectiva que parece emanar de ellos, no hay valores positivos en los personajes. O eso o es que yo no sé verlos.
Esperemos la traducción de Freedom, entonces.
En cuanto a lo que comenta Cgamez y al artículo de Lago, por lo menos en lo que respecta a Las correcciones, encuentro que la influencia de Tolstoi en esta novela no es tan determinante como la de Dostoievski (Los hermanos Karamazov, evidentemente). Por eso la cuestión del "realismo" en Franzen o la actualización de éste, debería ser tratada con ciertos reparos. Es cierto que está ahí presente, pero también es cierto que la influencia de la narrativa psicológica (Dostoievski, Woolf...) tienen mucha importancia en Las correcciones. ¿Fracasa al intentar introducirse en la mente enferma de Alfred? Eso parece desde una perspectiva realista. Pero quizás deberíamos considerar la posibilidad de que Franzen no haya querido introducirse narrativamente en una mente desquiciada (léase al modo de Faulkner o la de Woolf) para así mantener ese cuidadoso equilibrio (la novela de Franzen es ante todo estructura) para llegar a todo tipo de público.
Supongo que tendré que leer Freedom para llegar a una conclusión.
En fin, muchas gracias por vuestros comentarios.
Un saludo

Duquena dijo...

El placer es mío, Portnoy. Una rectificación y una matización (porque hace dos días que a raíz de tu post me he enfrascado, tres años más tarde, en una relectura de "Las correcciones"). La rectificación incumbe a la ironía a que yo aludía, y ahí te doy la razón. Creo que, entre otros, el recuerdo del episodio báltico, me dejó un cierto regusto de "astracanada" que tal vez destiñó en el juicio entero de la obra.

En cuanto a la matización, en efecto me parece que es ternura, como dices, la palabra que define mejor que "cariño" lo que yo pretendía decir.

No sé si puede juzgarse si los personajes tienen o no tienen valores positivos. Cada uno de ellos me parece terriblemente humano, ni más mezquino ni más improbable que cualquier hijo de vecino. Ahí discrepo un poco contigo en cuanto al "aprecio" de los personajes de Franzen y de Roth, aunque creo que esta discusión deriva de otra que ya hemos tenido en cuanto a las dos (o tres) "maneras" de Roth. Veo en Roth, sobre todo a partir de los noventa (un poco ya en La contravida, y mucho más en las novelas de los noventa, una distancia que no es la del aprecio, ni la de la ternura, ni siquiera la de la ironía, sino más bien la de un nihilismo que quedaba oculto o mitigado o que era ausente en las obras anteriores (60', 70' y 80'). En este sentido, Franzen me parece más cercano a sus personajes que este último Roth.

En fin, esperemos, como dices, la traducción de Freedom. Por cierto, interesantísima la página de este gran traductor que enlazas, al que ya disfruté leyendo las tribulaciones de Zuckerman encadenado.

Saludos, Portnoy

cgamez dijo...

Perdón por la tardanza en contestar. No estaba en casa y requería de los libros para componer este comentario, no fuera a patinar más de la cuenta.

Respecto a lo que comentas de la influencia de Dostoievski, es cierto que la estructura, la triada de hermanos y la carga psicológica de los protagonistas maman de él (entre otros, como comentas). Pero también es cierto que en los Karamazov no encontrarás escenas tan impactantes y visuales como la que relata Franzen al inicio del capítulo <>. Desde la página 185 a la 247 (en la edición de Seix Barral) incluyendo recuerdos mentales. Una escena capaz de mostrar por sí sola la crisis de una sociedad con unos largos diálogos, algunas imágenes y muchas páginas. Es difícil encontrar esa manera de narrar en Dostoievski. El flujo mental es quizá más importante y precisamente por ahí iba mi crítica a la descripción psicológica de la enfermedad de Alfred. Dostoievski es capaz de meterse en la piel de cualquiera, ya sea loco, jugador, o idiota (y es un gran conocedor de la filosofía de su época), así que probablemente nos describiría a la perfección la mente de alfred. En cambio, no tiene tanta fuerza en el uso de escenas como Tolstoi (cuando Levin se declara a la que será su mujer, que es puro cine, cuando Karenina se dirige a la muerte, cuando Vronski cae del caballo). Es en ese sentido (el sentido que le dio Nabokov en su Curso de literatura rusa) que comparo al Franzen de Las correcciones con Tolstoi. Por supuesto, un escritor del siglo XXI (posmoderno para más inri) mama de todo lo que se ha escrito antes.

Precisamente Dostoievski en los Karamazov utiliza como narrador un monje que escribe la historia y que le permite la distancia y la compasión por los personajes. Esa es la estrategia que utiliza algunas veces Roth (por ejemplo en Pastoral americana) y que le permite esa ironía compasiva. En cambio, Franzen hace uso de un narrador casi omnisciente que se encuentra siempre muy cerca de cada uno de los personajes. Así es difícil, como tú dices, una ironía conmiserativa. Es como si cada uno se estuviera narrando a sí mismo y uno se puede caer más o menos simpático en función de su ego, puede reírse de sí mismo, pero no suele sentirse compasión (compara por ejemplo, con el trato que el narrador se hace a sí mismo en Indignación, también de Roth, y la compasión que tiene por los otros). Yo creo que es un punto de vista decidido por el autor y en ese sentido consigue ese tono duro que comentas.

Perdón ahora por la extensión, pero no quería que el comentario llevara a equívocos. En todo caso, es un placer debatir aquí.

Un saludo y feliz año.

Portnoy dijo...

No se puede negar que existe un abismo en el tratamiento de los personajes en Roth a lo largo del tiempo. Desde la plena identificación con ellos (Cuando ella era buena, El lamento de Portnoy...) hasta el aséptico tratamiento de la desaparición de Zuckerman, por ejemplo. En ese sentido que argumentas, Duquena, podíamos decir, con matices, que el tratamiento de Franzen con sus personajes es similar al de Roth con Morris Sabbath, una mezcla de repulsa y cariño, tal vez una exploración en lo más profundo de nuestro ser, ese algo que no podemos rechazar abiertamente porque eso es lo que somos. Somos los Lambert y por eso es dura la novela, porque nos muestra nuestro lado que quisiéramos mantener oculto, y por eso no hay otra forma de acercarse a ellos que a través de un narrador que no los rechace abiertamente.
Y ahora una confesión antes de cerrar el año. Soy más de Dostoievski que de Tolstoi, pero simplemente porque he leído más del primero que del segundo. Es más, confesar lo poco que he leído a Tolstoi me desacreditaría completamente. Dicho esto, Carlos, no me queda más remedio que admitir que no tengo argumentos para rebatirte. Y digo esto no porque piense que debo rebatirte, sino porque debo descubrirme ante tu comentario.
Y no es preciso disculparse por la extensión... es un placer debatir y es un placer descubrir que hay aspectos literarios que se me escapan.
Todavía hay esperanza de encontrar lecturas que nos deslumbrarán. Volveré a Tolstoi, una de mis asignaturas pendientes. Puedes anotar eso en tu haber, Carlos, y muchas gracias. :-)
En fin, muchas gracias por vuestros comentarios y, por supuesto, un feliz año nuevo.

cgamez dijo...

Si te he de ser sincero Portnoy, a mí me pasaba lo mismo con Dostoievski y Tolstoi. Pero Nabokov insistía tanto con lo de las escenas (y desgraciadamente, contra Dostoievski, que después de leer Ada y el ardor (otro libro plagado de imágenes magníficas) no pude más y me inicié. La verdad es que Guerra y paz se hace un tanto duro con esas descripciones de batallas de cincuenta páginas. Yo entré con Karenina y La muerte de Iván Ilich. En todo caso, has elegido un buen año para leer a Tolstoi. Por otro lado, me alegra mucho que mi comentario te haya llegado para bien de la lectura del conde Tolstoi.

Ya sí, feliz 2011.

cascarino dijo...

Lo que no entiendo muy bien es por qué casi siempre que se habla de Frazen sale Foster Wallace por ahí, cuando yo no veo apenas analogías entre ellos, ademas de cierta distancia en su categoría como escritores a favor de David. Una de las mejores cosas que recuerdo de Las correcciones es la escena de la felación que le practica la madre de la cocinera a su marido, el paciente de alzheimer.
Un saludo

Portnoy dijo...

Será por eso, no por la felación, sino por las apenas analogías entre ellos, que aquí nadie ha citado a DFW.
Un saludo