23/4/10

23 de Abril

El infeliz bibliotecario presentó su «desolada dimisión» el primero de agosto de 1884. Desde entonces, novelas, poesías, obras científicas y filosóficas, vagabundearon sin que nadie se apercibiese. Atravesaban los cuadros de césped, se deslizaban entre los setos —un poco como los objetos transportados por el Hombre Invisible en el delicioso cuento de Wells —y acababan por posarse en el halda de Ada, en cualquier lugar en que ella y Van se hubiesen citado. Ambos buscaban en los libros algo que les apasionase, como hacen hoy los mejores lectores, pero en más de una obra famosa no encontraron sino tedio, pretensiones e informaciones falsas.
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Todo lo que Van sacó de aquellos contactos con la literatura fue un sentimiento de vacío y de inutilidad. Incluso mientras escribía su libro se había reprochado el tratar de reconstruir la imagen de un planeta extraño por medio de fragmentos sueltos tomados de cerebros enfermos, cuando tan mal conocía su propio planeta.
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El 23 de abril de 1869, en una verde Kaluga velada por una tibia llovizna, Aqua, ya con veinticinco años de edad y afligida con su acostumbrada jaqueca primaveral, se casó con Walter D. Veen, un banquero de Manhattan, de vieja familia angloirlandesa, que había sido, durante mucho tiempo, amante de Marina, y que pronto iba a volver a serlo, al menos de modo intermitente. Marina, por su parte, se casó cierto día del año 1871 con el primo hermano de su primer amante, otro Walter D. Veen, no menos afortunado pero bastante menos divertido.
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El autor se encuentra en un estado mixto de alegría, agotamiento, esperanza y miedo. Viene de practicar el alpinismo en los incomparables Balkanes, con dos guías austríacos y una hija adoptada temporalmente. Ha pasado la mayor parte del mes de mayo en Dalmacia, y el de junio en los Dolomitas, y en ambos lugares ha recibido cartas de Ada con el anuncio de la muerte de su marido (el 23 de abril, en Arizona).

Ada o el ardor, Vladimir Nabokov... la última gran impostura de Nabokov es hacernos creer que nació en la misma fecha, 23 de abril, en que murieron Cervantes y Shakespeare. Si eliminamos la discrepancias de fechas y calendarios podemos suponer que las coincidencias son determinantes... pero todo es relativo, todo es homenaje y falsificación.

1 comentario:

francisco dijo...

me encanto tu blog