11/12/09

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, de Haruki Murakami

Parece que ahora hay que pedir disculpas si disfrutas leyendo a Murakami.
Vayan por adelantado y con toda la ironía posible.
Pero no puedo dejar de alabar una novela que contenga un laberinto subterráneo. Dame pasadizos oscuros y llámame tonto.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Sekai no owari to hâdoboirudo wandārando) es una novela de 1985, inmediatamente posterior a La caza del carnero salvaje (a cuyo protagonista se cita en la novela). No existían entonces Norwegian Word -Tokio blues (1987), ni Al sur de la frontera, al oeste del sol (1992), ni Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994/5)
Yo arriesgaría la hipótesis que La caza del carnero salvaje, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo forman una trilogía sobre la desesperanza y la inevitabilidad, sobre la invasión de un mundo misterioso y amenazador que distorsiona la realidad.

Yo divido la obra de Murakami en dos, aquella en la que predomina el elemento, digamos, sentimental, Norwegian Word -Tokio blues, Al sur de la frontera, al oeste del sol, Sputnik, mi amor… y aquellas en las que predomina el elemento fantástico, La caza del carnero salvaje, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la arena y en cierta medida After Dark. En realidad todas ellas tienen elementos de ambas divisiones, lo cual queda patente en la más reciente de las novelas traducidas, After dark, por lo que si hubiese que definir un rasgo común en toda la narrativa de Murakami, dejando de lado la temática, posiblemente sería la extrañeza ante lo cotidiano.

Pero lo importante es el subterráneo.
Según Cirlot el subterráneo representa el interior del cuerpo, pero el psicoanálisis le da un nuevo sentido equiparándolo al subconsciente. El Infierno es un lugar subterráneo y también para los japoneses los demonios son seres de origen subterráneo. La simbología que se desprende de la novela de Murakami es tan evidente que no es preciso mencionarla.
Se trata de dos relatos intercalados, el que sucede en El fin del mundo, un lugar desolado y aislado y el que sucede en Un “despiadado” país de las maravillas, un Tokio parecido al actual y controlado por conglomerados técnico-empresariales enfrentados en una lucha por el control de la información, todo ello sobre un mundo subterráneo en el que habitan criaturas malignas que jamás han visto la luz del sol.

Lo importante, a pesar de los defectos que se le pueden achacar a la narración, lo que hace de Murakami un escritor destacable, es la sensación de desamparo, tristeza e inevitabilidad que dejan todas sus historias. Se puede hablar de un personaje típico de Murakami, un hombre solo, desapegado de lo material, que acepta todas las cosas con una lógica indiferente, que se enfrenta a la muerte, a la inexorable fugacidad del tiempo, dedicando su atención a las cosas mínimas. Condenado a dejar de existir en menos de veinticuatro horas, el protagonista de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, se extasía ante la indefensión de unos tornillos y compra un cortaúñas. Esa propensión hacia el detalle mínimo, hacia las cosas cotidianas irrelevantes hacen de los héroes de Murakami seres reales con los que es posible identificarse. Murakami se centra en los tiempos muertos, elude la acción, entendida como las cosas que suceden, y se centra en los pensamientos desbordantes, digresivos y vitales de sus protagonistas, consiguiendo que el lector quede atrapado en esa inexorabilidad indiferente, natural y vital que sus personajes emanan.

Qué narices, yo disfruto mucho con Murakami. Y tiene subterráneos.

Leo en pjorge que “en japonés, las dos partes (…) se distinguen por el pronombre de primera persona empleado para referirse al protagonista de cada una. En inglés, ese problema de traducción se resolvió traduciendo una parte en pasado y la otra en presente”. En la traducción en castellano de Lourdes Porta para Tusquets no hay distinción entre los narradores de cada una de las partes ni en el tiempo verbal empleado. No sé si la decisión es acertada ya que, en cierta manera, esa indistinción puede revelar parte de la explicación final, pero como ese hecho se va intuyendo según transcurre la novela quizás no tenga tanta importancia.

Además las explicaciones son lo de menos.

Me recordó (a la inversa, ya que son posteriores en el tiempo) las películas de Shinya Tsukamoto, Marebito (como actor), Haze (actor-director), pero ya sabéis… dadme un subterráneo:


15 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas tardes

¿Y si un lector habitual de este blog pidiese con qué libro de Murakami comenzar? Independietemente del género que trate (sentimental o fantástico). Muchas gracias.

Portnoy dijo...

Yo recomendaría Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o La caza del carnero salvaje, sin duda.

[.fîłłe đe łâ иuît.] dijo...

Hola... Debo confesar que hace poco que he descubierto tu blog y he de decir que me parece facinante... sólo que no he tenido el tiempo que deseo para pasearme todo lo que yo quisiera por el... tienes una cosas bien interesantes... !! entre cine y literatura, estoy admirada.... espero que respondas al comentario anterior... porque sí, sería bueno saber con que libro de Murakami comenzar...

saludos sinceros

.Sandrine.

cgamez dijo...

Me ha parecido muy acertado ese análisis sobre los dos Murakamis, con sus pasadizos incluidos.

Me apunto este título a la larga lista.

Saludos.

Cristina dijo...

Yo también disfruto con Murakami, y me asombra ese "desprecio intelectual" que veo hacia él. Subterráneos, pozos y laberintos, magia, nostalgia, extrañeza... Y sí, es una lectura amable, ¿ése es el defecto?

No he leído los más antiguos, los pediré en la biblioteca.

Y para empezar, yo recomendaría sus cuentos de Sauce ciego, mujer dormida. Tienen un poco de todo, y creo que sabréis en seguida si os van a gustar también sus novelas.

Mario dijo...

Nunca pediré disculpas ni perdones varios por leer a este o aquel autor. Ni por escuchar a un cantante, a un grupo, a una orquesta de sueños musicados. Nunca pediré permiso para abrir un archivo word y escribir o escupir o esculpir lo que quiera, sin pararme a pensar cómo seré analizado.
Nunca pediré permiso para el goce suprempo de mi alma. Para mover mi corazón, para mediar entre él y la cabeza. Para que en la pelea de ambos no pierda el que escribe este punto y seguido.

Gracias por tu blog.

Un abrazo.

madison dijo...

Conocí a Murakami por su libro Tokios, Quedé impresionada.
He seguido leyendo sus libros, After Dark me decepcionó, creo que es la traducción, no lo se, pero hay algo que no me gusta.
Siempre recomiendo La caza del carnero salvaje, para mi es el mejor.

hilvanes dijo...

Estamos confundiendo superventas con calidad. Y, en ocasiones, no tiene porqué ser lo mismo.

Mendoza dice que Kafka era un mal escritor.

A muchos, esta afirmación, les hará tirarse de los pelos.

Los escritores, como el género humano, son fronterizos.


Por prejuicios solté a Murakami hace pocos días. NO hice caso de mi instinto en ese momento.

Cuando cambió el semáforo, crucé de nuevo la calle.

"-¿En efectivo?
- No, con tarjeta, por favor. "

Vero dijo...

Leo en los comentarios del post anterior que esperabas una buena pelea por Murakami, y según veo acá, no se dio, todos muy contentos o al menos expectantes con el señor Murakami, así que por ahí vengo a cumplir con lo esperado. No leí el libro del que hablás, pero sí Crónica del pájaro… y no me gustó. Aclaro que lo leí sin prejuicio, no sabía que era denostado por los así llamados intelectuales. En todo caso si había prejuicio era positivo, porque dos amigas me lo habían recomendado mucho. (Los que tengan intenciones de leerlo no sigan leyendo este comentario, porque me meteré con la trama). Ya en el comienzo pensé: No puede ser que este tipo no se avive de que su mina lo está corneando. Paciencia, me dije, por ahí mejora. No fue recompensada, mi paciencia. Todo el tema de la misteriosa benefactora y su hijo tan hermoso no hizo más que enrabiarme. La relación del protagonista con la otra mujer, ex prostituta, no veo adónde apunta. A menos que todo confluya hacia una suerte de crecimiento interior. El conjunto para mí larga un tufo a manual de autoayuda enervante. Los pasajes que sí me gustaron fueron la historia del combatiente y las incursiones en el pozo. Pero no alcanzan a pagar las 900 páginas. A propósito del pozo: esa chica que lo deja sin escalera, algún personaje debió haberse dignado a correrla a patadas.
Eso, en cuanto a la historia. Pero el estilo tampoco me gustó. En la casa de un amigo, le señalé un párrafo donde el narrador hablaba del pájaro de piedra (el que da cuerda) en el baldío. No tengo el libro acá para sacar la cita exacta, dice que el pájaro parecía estar a punto de alzar vuelo en cualquier momento, pero por ser de piedra, no podía. Le dije a mi amigo: “¿Para qué explica lo evidente? Es muy enojoso”. Él se fue otra habitación y volvió con After Dark. Me contó que lo estaba leyendo la novia. Me leyó el comienzo. Algo se decía acerca de que “la ciudad de noche era como un gran animal dormido”. “Fijate vos qué metáfora tan mala y encima trillada. Me quitó las ganas de seguir leyendo”. Bueno, quizá sea un poco exagerado mi amigo, pero como venía a apuntalar mis hipótesis sobre Murakami me pareció muy bien.
Igual no critico a quien le encuentre lo bueno a Murakami, como en otros casos, tiendo a pensar que ve lo que yo no, y que de algo me estaré perdiendo.
Saludos, mi estimado Portnoy.

Portnoy dijo...

Antes de nada muchas gracias a todos por vuestros comentarios y disculpadme si paso directamente a debatir con Vero.
Te agradezco tus impresiones en cuanto a contenido y estilo de El pájaro que da cuerda al mundo. Las comparo en parte, sobre todo las relativas al estilo. En cuanto a las historias y a la actitud de los personajes, o, mejor, del típico protagonista y/o narrador de Murakami es la naturalidad con que se niega a aceptar la realidad y, al mismo tiempo y sin que sea contradictorio, se recrea en los detalles mínimos de su existencia, sea un pájaro de piedra o cómo plancha y pliega la ropa. No sé, lo que siempre me atrae de Murakami es la extrañeza que me provoca y lo inesperado de las reacciones de sus personajes. No me parece que se trate de actitudes de manual de autoayuda, más bien de una muestra de disfunción del comportamiento (al menos desde el punto de vista occidental)
Los problemas con el estilo son más difíciles de defender... siempre se puede achacar a problemas de traducción, pero creo que la traductora de Murakami lleva ya muchos años para que dudemos de su solvencia. Así que es muy posible que en cuanto a estilo vaya un poco justo, pero eso también forma parte de la sencillez que emanan sus historias y la complejidad que encierran (al menos aquellas que pertenecen al ciclo misterioso de su obra)
Gracias por tu interesante aportación Vero.
Nos leemos.

Vero dijo...

Tu respuesta es amable, respetuosa, lúcida. Leo mi comentario del otro día y lo veo un poco huracanado. Se me ocurre tras tus palabras que quizá eso que me huele a manual de autoayuda tenga que ver con una lectura occidental: sin poder evitarlo, dirijo las actitudes del personaje hacia un sentido, les busco una meta y ésa es la primera que se me ocurre ante el desmadre de la trama, que hay una aspiración al desarrollo del ser, a falta de mejor definición para esa bruma. Probablemnte no sea ésa la mejor forma de leer el libro.
La naturalidad con que se niega a aceptar la realidad, sí, y también con la que acepta lo sobrenatural. Me provoca extrañeza pero en mi caso se resuelve en lejanía. Me gustaría sentir alguna identificación con un personaje así, pero no me pasa y quizá por eso no logra conmoverme. A propósito uso esa palabra, pensando en tu último post: finalmente eso es lo que importa, si un libro nos tocó o no el corazón.

Portnoy dijo...

No, Vero, no es eso, no trato de convencerte. Tal vez mi lectura no sea correcta y lo que yo asumo como extrañeza no sea más que un fallo narrativo.
Murakami me provoca desconcierto. Lo único es que lo asumo como un valor positivo. Pero no descarto que tu opinión, huracanada o no, de un nuevo punto de vista a la lectura de sus novelas.
De todas formas es cierto... en última instancia sólo importa el placer que nos provoca la lectura... lo demás es teoría.
:-)
Un saludo, felices fiestas y gracias por comentar.

clara2 dijo...

No importa el número o la proporción. Por mas esfuerzos que uno haga, jamás podrá descifrar todo lo que se oculta en los recovecos del corazón humano.

Esta frase, tomada de la página 459de la novela me parece que resume bien la literatura de Murakami; es tal su esfuerzo por desentrañar lo que con toda seguridad es desentrañable, que a veces el regusto que le queda al lector es de una total perpelejidad, desconcierto, perdido en un argumento que no sabemos qué quiere decirnos, en unos personajes y unas tramas tan enmarañados como nosotros mismos.

El primer libro que lei de Murakami fue "Crónica del pájaro..." y resulté desconcertada y también aburrida, no supe meterme en el pozo con el protagonista del libro. Sin embargo algún poso debió quedar, porque he seguido leyendo a Murakami sin saber nunca qué decir cuando me preguntan sobre él: no sé si me gusta o no, pero me atrae.
Esto mismo me ha ocurrido con "El fin del mundo y..."; jamás hubiera escogido una novela cuya trama son dos historias paralelas a cual más extraña. No me gusta la ciencia ficción ni la fantasía, pero sin embargo he disfrutado con el libro. He disfrutado mucho.

Muchas veces he tenido la sensación de estarme perdiendo parte de lo que Murakami me ha querido contar en una trama tan compleja, pero cuando me he dejado llevar por las palabras sin más, me lo he pasado bien. Me he sentido identificada con el protagonista que se ve abocado a disfrutar de las cosas pequeñas, pequeñitas de la vida (un cortauñas, un caracol al sol, una canción o un plato bien cocinado)y con su eterna insatisfación cuando anhela algo mejor para su vida.

Creo que habla de lo poco que valoramos la vida, de cuanto vale cada placer cotidiano, de la imposibilidad de ser felices del todo, de cómo no podemos dejar nuestro pasado atrás, de la manipulación de la ciencia por parte de los poderosos. De la vida, de la muerte y de su transición... pero no estoy segura y tampoco creo que importe demasiado.
Las últimas 100 páginas, deliciosas; poéticas a pesar de la sencillez del lenguaje.
Y vuestros análisis siempre tan acertados que da gusto contemplar las novelas desde los prismas que nos enseñáis a buscar.

Un saludo. Mejor un beso.

Elena dijo...

Con mucho retraso, y confesando que no he leído todos los mensajes anteriores, solo quería decirte, Portnoi, que me ha encantado este libro, igual que me han encantado casi todos los Murakamis anteriores (excepto After dark y Sauce ciego, mujer dormida, para ser exactos).

Leer es algo muy subjetivo, y yo no analizo los libros (no sé): los disfruto o no. Me sumerjo en ellos o me quedo fuera. Me emocionan o no me dicen nada. Con El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas me sumerjí, disfruté y me emocioné. Y, por cierto, con Invisible, nada de nada :(

Un abrazo.

Fran dijo...

Murakami realmente traslada al lector a mundos alternativos pero se demora en circunvoluciones interminables.

Su fantasía es tremenda y fuerte la porción que nos alcanza, pero lo poco trabajado de sus textos lo desmerece. Una pena pero creo que es una opción consciente del autor.

Tal vez sin ese 'dejarse ir en tantas palabras' no podría entrar en ese trance que nos embarga.

Te felicito por un blog tan bueno.