26/4/09

Punto muerto

Escucho a Coltrane y siento que fue capaz de llevar la creatividad musical a un punto muerto, a un punto sin retorno y en el que tampoco se puede avanzar más allá a no ser que se sacrifique la inteligibilidad de la música. Como Joyce, aunque él dio un paso más y construyó la obra definitiva, Finnegans wake. Definitiva porque no se puede ir más allá narrativamente.
El Finnegans wake dio nombre a los quark, unas de las partículas definitivas de la materia… todo lleva a un punto muerto. Y en su nomenclatura aún perdura la voluntad literaria: up, down, charm, strange, top y bottom. En el punto muerto de la física encontramos el encanto y lo extraño.
Tal vez Coltrane no acabó con la música. Tal vez lo que encerraba su cabeza abría nuevas puertas, pero él sólo pudo enseñarnos en que dirección se encontraba la puerta. Tal vez Joyce llegó a entreabrir la puerta. Lo que es seguro es que Beckett vio lo que había más allá y volvió para contárnoslo. Pero, como le ocurre a todo visionario, a Beckett se le ha ignorado sistemáticamente a lo largo del siglo XX, y aún ahora.
Nada sin Beckett, debería ser nuestro lema.
No hay voluntad de exploración. Si acaso tímidos intentos que se repiten una y otra vez, pero no hay nada que se aproxime a la rotundidad narrativa de Beckett.
Repetimos una y otra vez los mismos errores del pasado.
La obra actual debe escribirse continuamente. No debe ser definitiva, debe acrecentarse día a día, liberarse de la condena definitiva del papel y ser volátil, fácilmente volátil. No hace falta solicitar a nuestro mejor amigo y albacea que destruya todo aquello que no ha sido publicado, para que después éste no lo haga… aunque quizás El proceso de Kafka, fruto de esa infidelidad, sea un ejemplo de obra no-definitiva que debería marcar el signo de nuestros tiempos. Brod, en este caso, fue un visionario transgresor. Hoy hubiese bastado pulsar el botón “Supr”, o pasar un imán por el disco duro para que todo hubiese desaparecido.
¡Quemar la Eneida!”, grita desesperado Virgilio-Broch. ¡Quemadlo todo, lanzad la bomba!. Todo texto publicado es sinónimo de fracaso. Si acaso en la cabeza de algunos autores queda la idea de la obra perfecta, en la cabeza de Kafka estaba escrito hasta su último párrafo el perfecto y sublime Proceso que no era capaz de plasmar en el papel, que no podía concluir… los textos son fracasos que deben ser corregidos día a día, aumentados o borrados según el día amanezca lluvioso o soleado, mutables e imperfectos y siempre en construcción.

Work in Progress:
Three quarks for Muster Mark!
Sure he has not got much of a bark
And sure any he has it's all beside the mark.

Por eso Max Brod fue un visionario. No nos ofreció una novela, sino el desarrollo creativo de una novela. "Fracaso al intentar terminar el capítulo, otro ya comenzado no podré continuarlo tan bien, mientras que aquella vez, por la noche, me habría sido posible. No puedo abandonarme, estoy completamente solo" escribe Kafka el 29 de agosto de 1914 a propósito de la escritura de El proceso. Es pues también un Work in Progress, indefinidamente en construcción. Presentada siempre como obra inconclusa a mí me parece justamente lo contrario. La veo como la narración definitiva.
Desde el título provisional de la novela que comienza con “Alguien tenía que haber calumniado a Josef K , pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”, hasta el final, “¡Como a un perro! –dijo él: era como si la vergüenza debiera sobrevivirle”, El proceso de Kafka es una obra completa y al mismo tiempo mutable. Dentro de su narración se abre un agujero negro narrativo tan fascinante y absorbente como el sistema burocrático-legal al que se enfrenta Josef K.. Dentro de ese agujero caben todas las posibilidades narrativas que podamos imaginar, pero también caben todas las generaciones de lectores que hemos leído a Kafka. Es el inicio de la desaparición del lector. La obra definitiva, permanentemente en construcción, no precisa lectores ni ser comprensible, ni siquiera precisa ser escrita. Permanece en la cabeza del autor y luego, tras su muerte se desvanece en la nada.
Escribir es fracasar y, además, es muy fatigoso y decepcionante.
Dejemos a los que no fracasan que hablen. A nosotros ni la vergüenza nos sobrevivirá:

O más probablemente había leído en alguna parte, en el tiempo en que creía tener interés en instruirme, o en divertirme, o en embrutecerme, o en matar el tiempo, que cuando uno cree avanzar en línea recta en un bosque no hace en realidad más que describir círculos, ponía mi mejor voluntad en describir círculos, con la esperanza de avanzar así en línea recta.

Samuel Beckett, Molloy

Decididamente esta noche no diré nada que no sea falso, quiero decir que no me deje perplejo en cuanto a mis verdaderas intenciones. Porque la tarde, incluso la noche, es una de las más negras que puedo recordar. Tengo poca memoria. Mi dedo meñique, posado sobre la hoja, se adelanta a mi lápiz, le anuncia cayendo el final de la línea. Pero en el otro sentido, de arriba abajo, voy mal. No quería escribir, pero acabé por resignarme. Con el fin de saber dónde estoy, dónde está. Al principio no escribía, sólo hablaba; después, olvidaba lo que había dicho. Un mínimo de memoria es indispensable para vivir de verdad. Su familia, por ejemplo, verdaderamente yo ya no sé, por así decirlo, nada sobre ella. Pero estoy tranquilo: está anotado en alguna parte. Es el único medio de controlarlo. Pero en lo que a mí se refiere, no siento la misma necesidad. Ignoro también mi propia historia, la olvido, pero no necesito conocerla. Y, sin embargo, escribo sobre mí, con el mismo lápiz, en el mismo cuaderno, que sobre él. Ya no soy yo, debí decirlo antes, sino otro cuya vida apenas ha empezado.

Samuel Beckett, Malone muere.

26 comentarios:

el ascensorista dijo...

Lo mejor de Coltrane, como en los grandes, es que no hay uno sino varios, varios Coltrane como no podía ser de otra forma en un musico siempre reinventándose y dando un paso más. En esto se aproxima a Beckett, de hecho tengo esperando "Compañía", escrita bastante después de las que citas -y de "El innombrable", quizá la que más me gusta, la más áspera, la más densa, la más oscura...-. La tengo esperando y me han entrado unas ganas terribles de ponerme a ello.

Un saludo.

Lindsay Lohan dijo...

Coltrane, Beckett y Joyce en una solo entrada. Genial mescla

Javier Moreno dijo...

Lo malo de esos experimentos al borde de lo admisible es que en su ánimo transgresor se olvidan por momentos del lector. A veces dan incluso la intención de que no fueron hechos para ser leídos sino simplemente para existir infranqueables como existen ciertos muros o ciertos horrores (cada vez más frecuentes) del reinante arte conceptual. No entiendo bien el propósito de esas estrategias artísticas. No lo capto.

Raúl Lázaro dijo...

Para mi Eric Dolphy fue el Beckett del jazz.

Portnoy dijo...

Claro Raúl... si Coltrane fue Joyce, Dolphy tuvo que ser Beckett.
Bueno, Ascensorista, hay varios Coltrane, pero supongo que eso forma parte de la evolución del artista hasta que llega a su perfección o lleva su arte hasta el extremo. Coltrane lo hizo... somos afortunados.
Coltrane, Beckett, Joyce y Lindsay Lohan... qué más podemos pedir.
¿Hay un propósito, Javier? ¿No te parece suficiente llevar la narrativa hasta el límite? Creo que es algo que se debía hacer, aunque eso suponga apartar al lector u obligarle a hacer un esfuerzo también extremo. ¿No debe el lector recordar que el NO forma parte de la obra, que es un elemento intercambiable y, en última instancia, prescindible? Tal vez esos experimentos nos ayuden a comprender mejor que debe ser la narrativa o la música o el cine.
Pero coincido contigo en lo del arte conceptual que parte de unos medios en los que las normas no son tan rígidas como en literatura, música o cine. La forma por la forma es inadmisible como lo sería un texto sin vocales.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios.

Javier Moreno dijo...

El lector es al tiempo prescindible e imprescindible. Es prescindible como ente volatil, mutable, pero es imprescindible porque sin él la narrativa no tiene sentido: su propósito es propiciar la movilidad de las historias. La narrativa no es contar al aire sino contarle a alguien. La narrativa no puede olvidar a su lector; es inadmisible.

No creo que estos experimentos nos ayuden a aislar qué es la narrativa, pues para empezar no son sistemáticos sino, por lo general, bastante arbitrarios. Es fácil convencerse citando un par de nombres famosos de que esos experimentos sí cuentan algo y nos dicen a los que no pudimos que "fracasamos leyéndolo", que "no nos esforzamos lo suficiente", pero creo que ese no es el punto. El punto es que los textos también pueden fracasar por falta de esfuerzo de su escritor y esos textos experimentales son buenos ejemplos. La literatura es menos rígida de lo que parece. No le veo sentido a darle consesiones de libertad extrema que no admitiríamos otros medios artísticos.

Los recursos, en cualquier arte, deben ser siempre precedidos por las necesidades expresivas y contenidos por los requerimientos comunicativos.

Experimentar por experimentar no es el propósito del arte. Por algo no es una ciencia.

Eric Dolphy dijo...

Disiento, Coltrane no llegó a un punto muerto, abrió una puerta (bueno eso ya lo insinúas tú también). El free jazz ha desarrollado esa propuesta y, claro, depende de los casos, sin caer en la tan temida ininteligibilidad... Exacto, puede ser que Dolphy sea el Beckett del jazz. Y, no lo olvidemos, habría que sospechar de la inteligibilidad en tanto que discurso-mercancía, algo que siempre ha sido prioritario para la industria editorial, que, nos pese o no es la difusora de lo que llamamos literatura.

Aún sigo muriendo en un hotel de París sin que nadie me haga caso ni ayude.

el ascensorista dijo...

Dolphy, Coltrane, McLean, Ornette, Shepp, muchos Beckett...

Un saludo.

Sergio Meza C. dijo...

"Se olvidan del lector" dice un comentaristamás arriba.

Por cierto que es mejor no olvidarlo, pero se lo puede olvidar inclusive, si nunca se deja el paso siguiente. Que por el lector se han detenido trenes de apertura de mundos, aparentemente incontenibles.
No olvidar que el lector no es poeta, o por lo menos no requiere serlo, luego, debe ver lo que se vislumbra, pero el "vislumbrador" es el que pica a ciegas en filones inasibles, tal es su llamado y de aquel no debiera desentenderse por la "consonancia" con los receptores conocidos.

No olvidemos a Jimi Hendrix, en todo caso.

José Montalvá dijo...

lei el finnegans wake antes de leer nada de joyce (y sin entender na de na) precisamente por eso, estaba obsesionado por el 'grado cero' de las cosas... supongo que el paralelismo en pintura es el cuadrado blanco sobre fondo blanco de malevich, o los cuadros monocromos de rothchenko... en musica, supongo que john cage tiene mas autoridad que coltrane, sobre todo porque el asunto tiene un aspecto teorico que cage desarrollo hasta el punto de apropiarselo (coltrane, tal vez, llega a ello desde una perspectiva intuitiva)... estoy muy de acuerdo en que beckett es quien mejor se mueve en territorio vacio, pero no que haya sido infravalorado, hubo una epoca en que fue considerado un rey, como pierre michon ha escrito...

José Montalvá dijo...

por cierto, y ya que estamos... crees que ha llegado el punto cero del cine? quien lo representaria? bergman (persona)?

Portnoy dijo...

El caso es que me devané los sesos intentando encontrar casos análogos en cine y no se me ocurrió casi nada. Tal vez los planos negros en el pasillo de Fred Maddison en Lost Highway, o Vampir de Dreyer... pero creo que el cine, al ser un trabajo comunitario que depende demasiado de otras circunstancias, no pueda tener tanta libertad como otras expresiones artísticas individuales. Habrá que buscar en otro tipo de film no-comercial.
Lo que dice Javier es cierto, la narrativa no puede olvidar al lector... aunque ya no sé si es o no inadmisible prescindir de él.
Lo comprensible pone límites a la narratividad. Vease : J.B.Así que no creo que tenga "libertades" que otros medios no tienen.
"Lasculavi tebafos can moldeca" es admisible con su argumentación. "Xcsadfe jernkuyt liohjsysn jehyfm" es una combinación azarosa que nada significa. Aún el texto lleno de ruido y furia escrito por un idiota precisa ser inteligible.
Y apuntados quedan Dolphy (muriendo), McLean, Ornette, Shepp, John Cale... ah... no, John Cage, perdón, y a Hendrix... aunque, como ocurre siempre, es cuestión de gustos.
Muchas gracias por vuestros comentarios

Manuel G. dijo...

Mi opinión es que si un autor quiere desarrollar hasta el extremo los aspectos formales y experimentales, me parece perfecto. Es una opción. Pero no debemos olvidar que la literatura es mucho más, y obras formalmente sencillas pueden ser formidables, por otros motivos.

Es más, tengo la duda, pero yo casi diría que las grandes obras lo son por algo más que las técnicas e innovaciones empleadas.

JacoboDeza dijo...

Apuntes al vuelo:

Lo malo sería cerrarse a un determinado género o apuesta narrativa: como el que se levanta comunista y se acuesta liberal, yo desayuno con Joyce y hago la siesta con Simenón. Absolutamente compatibles.

El cuadro blanco de Malevich está repetido hasta la saciedad por muchos otros autores, me he cansado de recorrer museos de arte contemporáneo en medio mundo y he hallado réplicas incesantes (sí, con su tono gris difuminado en algunos, ya lo más de lo más). Duchamp ya puso su urinario en la sala, ok. ¿Puedo poner yo el mío?

Sí hay límites. La creación caótica (escritura automática) es un buen chiste de cinco segundos, pero no aguanta el medio minuto. La creación consciente también se debe a unos planteamientos básicos, y la intuición, la imaginación y trabajo obrero deben conjugarse sin exclusión mútua. No creo en la chispa fatua: sin esfuerzo se queda en eso, pirotecnia.

¿Novela sin lector? No, gracias. Eso sí es fatuidad: creer que lo más renovador debe ser excluyente (¡sólo yo entiendo!). Lo que no se lee, mira, escucha, es por una razón muy prosaica: acostumbra a ser un bodrio sustancial.

Manuel G. dijo...

Creo que hasta el vanguardismo más extremo tendría cabida. Incluso el que elimina el lector. Lo que ocurre es que esta postura suele ir acompañada de un desprecio a otros estilos más clásicos, que pueden ofrecer más incluso en otros sentidos. ¿Por qué esa exclusividad y elitismo y querer cerrar la literatura a sólo un estilo?

Un simple punto de vista, o perspectiva vital diferente, sin ninguna intención formalista o constructivista, puede dar una gran obra literaria. La literatura es mucho más. La experiencia de una persona determinada, en unas situaciones determinadas, contada de manera sencilla, puede ofrecer una gran obra literaria, y eso lo da el punto de vista que ha experimentado y adopta un narrador determinado.

Anónimo dijo...
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Portnoy dijo...

Perdona por borra el comentario, pero hay cosas que me da reparo leer. Queda entre tu y yo.
Pero Manuel, nadie dice que lo sencillo deba descartarse, ni que debamos ser extremadamente exquisitos y reneguemos de todo lo que no sea elitistamente experimental. Lo del punto muerto lo veo como un "lugar" en el que ya no hay más allá, en el que se agota la experimentación, en el que todo se lleva al límite de lo comprensible. No se valora se aguarda con expectación a ver si alguien da un paso más allá.
Gracias por los apuntes, Jacobo... seguiré con mis bodrios sustanciales de un único lector.
:-)
Un saludo y gracias por vuestros comentarios

Manuel G. dijo...

No lo digo por ti. Digo lo que capto ahí afuera, donde si una obra no resulta experimental en cuanto a la forma se la suele menospreciar. ¿No te parece?.

Pero la literatura es más amplia. La configuración de una obra no está compuesta sólo de un nivel creativo consciente. El tema, el contexto, la experiencia, la visicitud de un escritor, puede dotar a la obra de una configuración especial novedosa que no venga de la preocupación por la forma. Por ejemplo, contar la experiencia del Gulag, ya en si mismo puede contener una configuración narrativa novedosa y diferente. Lo mismo que contar las experiencias en la guerra de trincheras; o la del estado comunista; la experiencia de una mujer maltratada; el buscador de oro fracasado...y así tantos temas.

Quiero decir que la expectativa experimental, no sólo se alcanza mediante la actitud vanguardista en cuanto a forma y lenguaje, sino que el tema, la realidad narrada, la individualidad, también cuentan.

Y normalmente, para mi, es lo que da la profundidad a las grandes obras. En la mayoría de las ocasiones la simple actitud vanguardista no se sostiene por hueca.

José Montalvá dijo...

no creo que nadie olvide al lector, ni siquiera samuel beckett... en un caso extremo, quien escribe, al menos, se tiene en cuenta a sí mismo como lector de lo que está escribiendo; por tanto, en ese caso, siempre es posible encontrar a otro como doble de uno mismo, que capte el código, que lo entienda... saliendo del supuesto extremo que acabo de describir, no entiendo lo contrario, que alguien escriba pensando exclusivamente en el lector: ¿de qué se habla cuando se habla del lector?, ¿de qué clase de lector, del lector de noveles rosa, pongamos de corín tellado?... entiendo que samuel beckett sí obvió a los lectores de ese tipo de lecturas, pues, cuando uno escribe, es imprescindible posicionarse, y quererse, al menos, tanto como al otro, al doble, a quien se quiere como posible lector... digamos que un escritor vale lo que valen sus lectores: los lectores de samuel beckett, en mi opinión, valen más que los de corin tellado...

otra idea: los exploradores de los límites de las cosas: beckett como explorador de los límites del texto, malevich como explorador de los límites de la pintura o cage, o coltrane, como explorador de los límites de las tonadillas musicales... son autores que, no apartándose del público, pues como acabo de decir cada cual tiene su público (al menos se tiene a sí mismo como público, y a un potencial doble de sí mismo, como digo, por lo menos), digo que, no apartándose del publico, sí que constituyen un núcleo de autores poco populares pero muy necesarios: voy a tratar de razonarlo: son necesarios como lo fueron los exploradores en la época colonial, para expandir los límites de las cosas, de los lenguajes, en cada caso: evidentemente, no tiene sentido volver a pintar un cuadro blanco sobre fondo blanco una y otra vez, pero sí lo tuvo cuando malevich lo hizo... no tiene sentido presentar otro urinario como escultura, como hizo duchamp, pero esa obra de duchamp da paso a las vitrinas de beuys y a su vez a las experiencias de nauman y a casi todo el arte que se está haciendo hoy en día...
a su vez, en mi opinión, el discurso hermético de beckett dibuja una línea por la que luego transitan bernhard y otros...

José Montalvá dijo...

otra idea: hay escritores que, probablemente, obviando al lector del presente, tal vez hagan literatura para un lector futuro (pienso en raymond roussel, es posible que este tipo fuera consciente de que nadie de su tiempo entendería su método)... de la misma manera que los hay que, pecando de reaccionarios, sólo tienen en cuenta a lectores que andan anclados en el pasado...

se me ocurre que, simplemente, no existen los puntos muertos sino muros que, al ser derribados, expanden las fronteras más allá...

JacoboDeza dijo...

Yo entiendo lector en el sentido estricto de receptor de la obra. No concibo el arte sin comunicación: o sea, el manuscrito encerrado en un cajón bajo llave es lo más contrario al arte, pues para que éste se pueda expresar necesita del debate sobre su valor, su calidad, su nivel de transgresión, los caminos que abre o cierra... Por eso la novela sin lector es un absurdo. Incluso el arte efímero, tipo performances, debe ser registrado o visto por alguien para que tengan su efecto artístico.

El hermetismo (o la palabra cumbre: experimentalismo) puede tener un lector minoritario, pero suficiente. El problema es que en su nombre se han cometido las banalidades más asombrosas elevadas al nivel de arte. Al lado del cuadro blanco (que quizá abra caminos) hay infinidad de mala pintura creada a su rebufo, y el espectador, lógicamente, mira hacia otro lado hastiado. Ahí aparece el autor gritando a los cuatro vientos lo de "soy un incomprendido", cuando la falta de interés por su obra pueda deberse simplemente a la banalidad de su supuesto arte.

O sea: que la recepción, tardía o no, es lo que va marcando la verdadera naturaleza de la cosa creada. Beckett o Bernhard tienen lectores a raudales en medio mundo(menos que Tellado, sí, pero los números absolutos son aquí poco importantes para el caso). ¿Pensaban ellos en el lector? No, pensaban en la naturaleza del arte, y eso es lo que les ha llevado a cosechar lectores interesados. Otros piensan en el lector por el lector, pero ese es otro tema.

José Montalvá dijo...

el arte no tiene naturaleza, es profundamente artificial... por otro lado, el debate sobre el valor de las cosas muta tanto como los virus, las ideas que se vierten sobre un objeto o una literatura son siempre relativas, contextuales y, como dijo Machado, no importan...
tal vez, lo que importe sea la manera de vivirlas, cada cual... el arte, esa cosa supuestamente elevada, se inventa con la experiencia de los que creen tener una experiencia tal...
hay borrachos de barra de bar que tienen un discurso literario de mayor calidad que muchos escritores publicados y debatidos... si hablamos de calidad, por otro lado, seguro que nos seguimos resbalando...

Portnoy dijo...

Si no os importa me quedo al margen leyendo vuestros argumentos.
Y muchas gracias, por supuesto.

Manuel g. dijo...

Eso me parece a mi también, José, hay borrachos, iletrados, niños, salvajes, que cuentan historias más interesantes que la mayoría de los "creadores".

Por otro lado, hay otra literatura que se podría llamar "para lectores y sin creadores". Consiste en memorias, experiencias, descripciones..."Yo tenía una granja en Africa"... que ofrecen mundos y configuraciones mucho tan novedosas o más que las de cualquier vanguardia.

José Montalvá dijo...

...mis libros favoritos son los diarios y las memorias, tal vez porque, como dices, se reduce el elemento creativo (o imaginativo) al máximo

duke dijo...

Caramba, no había leído este post y estoy terminando _Malone muere_. Qué grata coincidencia.