29/3/07

El tío Wiggily en Connecticut

Cuando Grace encendió la luz del comedor, Eloise se sobresaltó.
– Mejor que no sirva la cena hasta las ocho, Grace. El señor va a tardar un poco – le dijo sin levantarse.
Grace se dejó ver bajo la luz del comedor, pero no avanzó.
– ¿Se fue la señora? – dijo.
– Está descansando.
– Ah –dijo Grace–. Señora Wengler, ¿mi marido podría pasar la noche aquí? En mi cuarto hay mucho sitio y él no tiene que estar en Nueva York mañana por la mañana, y hace tan mal tiempo fuera...
– ¿Su marido? ¿Dónde está?
– En este momento –dijo Grace– está en la cocina.
– Está bien, pero me temo que no va ha poder pasar la noche aquí, Grace.
– ¿Cómo, señora?
– Dije que no puede pasar la noche aquí. Esto no es un hotel.
Grace se quedó inmóvil un momento y luego dijo:
– Sí, señora –y regresó a la cocina.


El tío Wiggily en Connecticut, J. D Salinger; traducción de Elena Rius.


La duda que los relatos de Salinger suscitan es si son extraños en sí, desde su concepción como relato breve centrado en una anécdota mínima o sí, por el contrario, lo son porque los más de cincuenta años transcurridos desde que fueron escritos y la sociedad que describen, ajena a nosotros, hacen que la extrañeza surja de esa anacronía y de la falta de referentes.
En el contexto de la narración el fragmento citado es de una inesperada crueldad que contrasta con la frivolidad del resto del relato. Pero, ¿es significativa esa crueldad?, es decir, ¿es intención de Salinger denunciar una actitud racista o plasma, sin actitud crítica, una situación cotidiana, de superioridad social injustificada pero “normal”?
La sociedad estadounidense que el cine nos ha mostrado durante la mayor parte del siglo XX es una máscara deformada que oculta una realidad discriminatoria y racista. La intención de Philip Roth cuando nos habla del Newark de su infancia es inequívoca. La intención de Salinger en este relato y en, por ejemplo, En el bote, se me escapa.
Tal vez no hay intención. Tal vez la narrativa de Salinger esté basada en la descripción de nada, de momentos mínimos de nadas cotidianas. Y que sin intención, nos muestre una sociedad injusta y banal.



Porque lo desolador de los relatos de Salinger es el vacío que muestran. Y eso es peligroso en literatura ya que los textos que intentan plasmar ese vacío pueden resultar igualmente vacuos. Para evitar ese efecto el texto debe dar prioridad a la forma. Los relatos de Dublineses de Joyce son destacables precisamente por eso. La aplicación que los escritores estadounidenses, con Salinger en cabeza, hacen de la epifanía joyceana olvidan la necesidad que este tipo de relato tiene de enriquecer literariamente el texto y, por tanto, tienden a ser mínimos tanto en contenido como en forma.
Decepcionante Salinger.


Sigue Just before the war with the eskimos.
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5 comentarios:

Manzanilla y Sal dijo...

Ese fragmento, al menos para mí, como peruano, es de una familiaridad escandalosa: me imagino que eso podría haber sido dicho, muy facilmente, por cualquiera de mis conocidos.

Lili dijo...

Yo no estoy de acuerdo. Lo mínimo tanto en contenido como en forma no tiene por qué ser necesariamente "malo" o derivar en una vacuidad sin objeto. Los cuentos de Salinger son lineales, no están escritos con las cabriolas y temporalidades de Joyce. Los relatos de Katherine Mansfield o del mismo Hemingway son muy similares. Linealidad en forma y contenido. Pienso en "Colinas como elefantes blancos" de Hemingway. Un largo diálogo con mínimas intervenciones de un narrador básico. Eso es todo.El contenido, la materia narrada, puede parecer aburrida, pero en algún momento, ni te das cuenta, el relato te ha atrapado.En cuanto a Salinger, sus relatos fluyen. Eso hay que agradecerlo. Y no hay que pedirle peras al olmo. Eso es todo.
Saludos.

Jacinta dijo...

Casualmente iba a hacer una mención a "En el bote" también (en mi entrada sobre este cuento), porque es el otro que no me gusta de este libro.
Uno quiere concederle a Salinger el beneficio de pensar que hay un enigma que como lectores no comprendemos. Pero me parece que, aunque sea Salinger, no es perfecto siempre en sus textos. Y eso no nos convierte en malos lectores ni a él en mal escritor.

Incio dijo...

Creo que no se puede comparar a casi ningún escritor con Joyce. A JJ hay que leerlo como quien abre la Biblia o se para en algún despiste de Henry James -esas aperturas al infierno-, o como quien relee el final de "A la recherche...": el tiempo; o de "El corazón de las tinieblas": el horror, el horror...
Hay que leer a JJ con devoción; algo que no pasa con el resto. es como comparar al Quijote con cualquier otra novela.
PI

Anónimo dijo...

Creo que Portnoy tuvo las mismas sensaciones que experimenté yo mismo al leer éste y otros relatos de Salinger. No se... no me cierran. La comparación con Mansfield no sé si es del todo válida. Katherine genera un clima fabuloso y un vacío que de vacío no tiene nada. Me deja algo fuerte. Muestra retazos de lo que propone, y siempre propone. No se si Salinger quiere decirme algo. Creo que sus relatos tienen mucho de jam session de escritura o algo así.

Saludos

Germán