23/4/06

Kundera y Sterne

El telón de Milan Kundera, “Ensayo en siete partes”, es una reflexión del autor sobre la historia de la literatura y sobre la manera en que ésta explica la “naturaleza humana”.
Como toda serie de percepciones subjetivas sobre el mundo y la literatura, El telón explica más sobre su autor, sobre Kundera, que sobre lo que nos quiere explicar. De todas formas es una lectura agradable que nos permite contemplar las claves de la historia de la literatura moderna, que para el autor tienen como eje fundamental de simetría la figura y la obra de Franz Kafka.
Resulta lógico, pues, que tras Rabelais, Cervantes y Fielding, Kundera se detenga en Laurence Sterne y su Tristram Shandy. Traigo el fragmento para complementar el comentario de días atrás:

(...) Tristram Shandy (...) se presenta como la primera revocación radical y completa de la story (...) Sterne renuncia completamente a la story; su novela es tan solo una única digresión multiplicada, un único baile jocoso de episodios con una unidad, deliberadamente frágil, extravagantemente frágil, cosida sólo por unos cuantos personajes originales y sus acciones microscópicas de una futilidad que provocan la risa.

A muchos les gusta comparar a Sterne con los grandes revolucionarios de la forma novelesca del siglo XX; con toda la razón, salvo por el hecho de que Sterne no era un “poeta maldito”; recibía el aplauso de un público amplio; llevó a cabo su acto de revocación con una sonrisa, riendo, alegremente. Además, nadie le reprochaba que fuera difícil e incomprensible; si irritaba, era por su ligereza, por su frivolidad y, todavía más, por la chocante insignificancia de los temas que trataba.

Quienes le reprochaban esta insignificancia habían encontrado la palabra exacta. Pero recordemos lo que decía Fielding: “El alimento que proponemos aquí a nuestro lector (...) no es otro que la naturaleza humana”. Y pensándolo bien ¿son las grandes acciones dramáticas la mejor clave para comprender la “naturaleza humana”? ¿no constituyen más bien una barrera que disimula la vida tal como es? Uno de nuestros mayores problemas ¿no es precisamente la insignificancia? ¿No se constituye, ésta, en nuestro destino? Y si contestamos que sí ¿este destino es nuestra suerte o nuestra desgracia? ¿Nuestra humillación o, por el contrario,, nuestro consuelo, nuestro alivio, nuestro reposo, nuestro refugio?

Estas preguntas eran inesperadas y provocadoras. El juego formal de Tristram Shandy permitió hacerlas. En el arte de la novela, los descubrimientos existenciales y la transformación de la forma son inseparables.



Milan Kundera; El telón.