23/11/05

Ensayo sobre la ceguera de José Saramago (deliberadamente sin coma)

Se suele criticar a José Saramago por su particular forma de escribir: se censura su puntuación, su forma de incluir los diálogos dentro de la narración, y otros detalles que a fin de cuentas conforman lo que se puede llamar el estilo de Saramago, tan aceptable a pesar de sus pequeñas libertades gramaticales, como en su día fueron los experimentos de Márquez o Cela. Mis críticas no van a ir en ese sentido. Creo que las rupturas normativas abren caminos por los que podría transitar la futura literatura, aunque deba enfrentarse sobre todo al rechazo que suelen provocar este tipo de experimentos. Es más, noto cierta tendencia conservadora, tradicional, tanto en escritores como en lectores, que provoca un estancamiento de los métodos narrativos...pero eso es otra historia.
Así pues, mis críticas a Saramago no irán por el terreno estilístico.
Acabo de terminar Ensayo sobre la ceguera, y lo que me molesta, lo que me indigna como lector, es que una novela no pase de ser un simple ejercicio narrativo, y eso es lo que es Ensayo sobre la ceguera, un bonito ensayo de estilo vacío de contenido.
La novela plantea un tema de los que se podían llamar clásicos: Una epidemia de una enfermedad desconocida va dejando ciegos a todas las personas. Los primeros ciegos son puestos en cuarentena en un antiguo manicomio, mientras en el exterior la epidemia sigue su curso. Abandonados, los internos deben organizarse para sobrevivir, y la lucha por la vida continuará una vez se vean libres.
Mediada la lectura del libro, tres novelas que se pueden considerar antecedentes de la de Saramago, vienen insistentemente a mi cabeza. Y no malinterpretemos, no estoy acusando a nadie de plagio, ya he dicho que se trata de un tema clásico en literatura, por lo que es inevitable la relación mental con otras obras que hayan tratado el tema.
La primera de ellas, en cuanto a la reorganización de una sociedad destruida y en condiciones precarias, que deviene en un triunfo de la violencia y el terror, sería El señor de las moscas, de William Golding.
La segunda de ellas, en cuanto a la desesperanza, a la inevitabilidad del destino y de la muerte, a la pasividad del ser humano frente a hechos que le sobrepasan, sería La peste de Camus.
Pero los temas de estas dos novelas son transplantados por Saramago a la suya de forma superficial, son tratados como simples episodios, casi obligados, que se añaden a la sucesión de hechos que conforman la acción de Ensayo sobre la ceguera. Y el caso es que no hay más que esa sucesión narrativa, sólo eso, una continua enumeración de situaciones denigrantes en la que los personajes poco pueden hacer.
Como esto es una apreciación personal de la novela de Saramago, y por lo dicho, puede parecer que la novela no es tan diferente a otras que me gustan, debo justificar mi desagrado. Hay ciertas condiciones que exijo a mis lecturas. Una de ellas sería que no me recuerden a otras novelas. Pero sé que es inevitable, los escritores también son lectores, y sienten, como nosotros, ciertas simpatías temáticas que después vuelcan en sus obras. Pero esa inevitabilidad se puede soslayar acercándose al tema de forma tangencial, o dando un nuevo enfoque al asunto, o profundizando más en el tema, o, lo cual sería nuestro caso, con otro punto de vista narrativo. Pero esto, en Ensayo, es insuficiente.
Otra exigencia sería la coherencia. Ya sé, el término es bastante ambiguo y puede que no sea imprescindible, pero debe exigírsele a cada autor cierta coherencia al menos en lo que se refiere a las propuestas que plantea. Pero dejando aparte que en la novela hay bastantes situaciones incoherentes, como si a Saramago se le hubiese olvidado lo contado con anterioridad, lo que verdaderamente me molesta en Ensayo es que me traten como a un idiota.
En una escena de la novela un grupo armado de ciegos se apodera de la comida, a cambio de la cual exigen los objetos valiosos del resto de los ciegos internados. Si Saramago piensa que a esa petición le sigue inevitablemente la exigencia de favores sexuales, y yo como lector, también (es algo tan evidente que podía permitirse no explicarlo) ¿cómo es posible que ningún personaje sea capaz de preverlo? ¿son un atajo de idiotas? (sobre todo, teniendo en cuenta que tienen medios para evitar esa situación que se les avecina) Esa falta de previsión de los personajes los convierte, más que un conglomerado humano en el que podemos reflejar nuestros miedos, en un rebaño sin iniciativa ni inteligencia; ¿y si el autor trata a los personajes como idiotas, no hace lo mismo con el lector?
La relación del autor con los personajes en Ensayo es curiosa. En primer lugar están despojados de su nombre, de su individualidad, porque, según parece, en el mundo de los ciegos no se precisa nombre, solo voz. Saramago emplea el campo semántico de la visión para distinguir a un personaje de otro: El médico (oftalmólogo), la mujer del médico, el primer ciego, el hombre del parche, el niño estrábico...lo cual acentúa su ceguera, lo que no deja de ser un logro en la novela, pero que al mismo tiempo deshumaniza a los personajes. Si eso es premeditado, la deshumanización, se me escapa el objetivo en una novela pretendidamente humanista. Al mismo tiempo la conversación entre los personajes es sumamente forzada. No por irreal, eso está perfectamente asumido en literatura, sino por el tono sentencioso que llena todas las conversaciones. Saramago pone en boca de sus personajes un aforismo detrás de otro. Uno de ellos "Morir es siempre una cuestión de tiempo" llega a repetirse una cinco veces en la novela.
El caso es que todos estos elementos que así expuestos parecen ser síntoma de una imaginativa creación literaria, se quedan en nada en Ensayo, no tienen objetivo ni razón de ser. ¿Cómo crear una narración humanística cuando niegas la humanidad a los personajes y los tratas como a estúpidos?
Veo a Saramago como el maestro de un espectáculo de marionetas llamado Ensayo sobre la ceguera, en la que importa, no la acción, ni los personajes, ni el tema, sino la magistral actuación del maestro. Un pequeño demiurgo soberbio y autosuficiente, que por el hecho de escribir una obra la eleva por encima del resto de la literatura. Ensayo sobre la ceguera no es más que un ensayo de la obra en si misma como producto de su autor.
La tercera novela que no me puedo quitar de la cabeza...es duro, no sé si decirlo...en fin...es Apocalipsis (o La danza de la muerte) de Stephen King. En ella se narran las peripecias de un grupo de supervivientes a una epidemia mortal, sus relaciones como personas, sus peripecias para conseguir alimento y refugio, sus intentos de establecer un orden social más justo, su alineación moral. Supone una especie de alegoría sobre el ser humano. Sus personajes, por arquetípicos, son fácilmente identificables y reaccionan como lo haría cualquier persona. Eso sí, cualquier atisbo de literatura está completamente excluido de la novela. Lo que le falta a Apocalipsis lo tiene Ensayo y viceversa.


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Escribí el texto de arriba a finales de 2002, cuando era otros en otros lugares. En estos tres años transcurridos no ha variado la sensación que Saramago me provocó. Aunque me he mantenido alejado de sus novelas, cada vez que le he oído hablar, he leído algún artículo o sus declaraciones he vuelto a sentir la indignación que me provocan los discursos banales y superficiales, envueltos en un falsa aura de pompa y circunstancia.
El que su última novela discurra por lugares transitados antes por otros autores, en otras circunstancias y con otros objetivos, me hace temer una repetición de lo que supuso Ensayo sobre la ceguera, esta vez un ensayo sobre la muerte vacío y grandilocuente.

El resto es sólo juego.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Una cuarta novela, de argumento casi idéntico: "El día de los trífidos"

Vicente U. dijo...

Estoy de acuerdo con algunos de tus comentarios. Personalmente, lo que más me encolerizó, fue la solución mágica: La enfermedad desaparece sin que deje rastro cuando parece que al autor ya no le conviene seguir escribiendo. Por otro lado, desde un punto de vista antropológico, me parece bastante cuestionable el supeditar todo orden social y humano a la simple visión. Conozco ensayos sobre antropología filosófica (como Arnold Gehlen, “der menschen”), donde se explica la sincronía del hombre a través de la emisión recepción de sonidos, lo cual crea el lenguaje y el orden social. A pesar de que la visión juega un papel preponderante, no es exclusivo (igual que ninguno de los otros sentidos), por lo cual una simple ceguera (o sordera, etc.) es difícilmente motivo para tal debacle social.

No me siento “saramaguista” o “saramaguiano”, habiendo leído “El evangelio según J.C.”, que es bueno pero no genial, encuentro más profundidad en otros autores. “Ensayo” parece llena de Pathos por todos lados, pero un Pathos que no lleva a ninguna parte. El hecho de que los ciegos no puedan procurarse comida, crear o trabajar, y se dediquen al simple pillaje, es algo inverosímil. Y si el lector no acepta esa hipótesis, lo demás se cae… En fin, esa fue mi impresión.

P.D.: Hoy 7 de Marzo se murió Baudrillard, por cierto… Otro grande que se va.

Anónimo dijo...

Es bueno poder encontrar voces concordantes acerca de algo que creía perdido. La lectura de Ensayo sobre la ceguera del escritor portugués José Saramago, ha sido para mi, poco mas que una tortura, la cual realicé solo con la finalidad de tener argumentos a la hora de esbozar una critica.

La gran impresión que me deja la obra, es la de una historia movida por el morbo.
En donde las reflexiones y disertaciones sobre el tema, ya sea utilizando a los personajes o el mismo narrador, no pasan por ser figuras meramente superficiales y repetitivas.
Porque si algo hay que caracterice a la obra es ser un compendio de una tautología sobre otra. Es decir, el autor nunca dice nada al lector que él no pueda saberlo por sus propios medios.
La temática de por sí, es una actualización menos esforzada de tantas otros argumentos mencionados anteriormente. Sin embargo decepciona que el autor no elabore ninguna nueva perspectica sobre el tema.
Pero con respecto a la fuerza narrativa, seguramente lo mas resaltante sea descubrir lo inverosímil que se hace la historia. Algo muy parecido a una mala película Hollywoodense -a falta de no encontrar un ejemplo mas apropiado-demostrado por lo forzado de los diálogos de los personajes y de la acción del relato. Recordemos la escena en la que los hombres perversos deciden adueñarse de los viveres y ofrecerles sólo a cambio de dinero, pertenencias y finalmente a cambio de sexo. Algo facilmente evitable por los sufridos e pusilánimes personajes. Una vez mas queda comprobado la pobreza de la acción narrativa, en una novela en donde se tiene la sensación de que la historia nunca sabe a donde se dirige, y que bien podría terminar en un manicomio, un supermercado o una agencia de aduanas, da igual, total el autor tampoco sabe que hacer con la historia.
Quizás la única escena gratificante, sea aquella en la que la mujer del médico le clava unas tijeras al jefe de los bandidos, pero esto se debe mas a una excitación natural del morbo del lector que a un mérito literario.
Finalmente, es lamentable que el autor en pos de una idea o concepto preestablecido sacrifique a la novela. Ello lo vemos en la ausencia de los nombres de los personajes, y que a lo largo de 300 páginas realmente resulta penoso y cansado.

Pero al margen de esto y de todo lo argumentado, nos queda una interrogante, ¿cuáles son los puntos a favor para que una obra y un autor sea reconocida, sea éste el caso de la obra de Saramago? Sobretodo conociendo que la fórmula de este reconocimiento a modo casi de receta, ha sido utilizada en otras novelas como El Hombre duplicado y Las intermitencias de la muerte: la de ubicar una historia a partir de una argumento auspicioso disfrazado de trascendente, pero lo que en concreto encierra es una ficción manipulada que nunca llega, en toda su extensión, a pasar por verdad.
Claro, a menos que existan fundamentos mas sólidos que los de aquí planteados que defiendan lo contrario, en ese caso siempre queda abierta y bienvenida, la posibilidad de discusión.

Edward Medina Frisancho.
Lima - Perú 2007

Portnoy dijo...

Gracias, Edward, por tu comentario. La verdad es que me gustaría encontrar argumentos con fundamentos más sólidos para entablar una discusión, pero parece ser que a Saramago o lo "amas ciegamente" o lo sitúas en la franja de los sobrevalorados.
En fin...
Un saludo

Noelia Peñaherrera dijo...

Yo recomendaria esta obra, a mi me parecio muy buena, el hecho de q Jose de Saramago en su libro haya puesto personajes q quedan ciegos por una epidemia esparcida por toda la ciudad, nos hace dar cuenta de como somos nosotros con las personas minusvalidas, estamos representados en la novela por lo q vendria a ser el gobierno o los altos lideres que lo unico que hacen es ponerlos a un lado, como si eso fuera a curar a la persona.
Me gusto tambien como usa la narracion en tercera y primera persona, el hecho de obviar nombres a los personajes y como cuenta una pequeña historia de cada uno que enlaza el tema en general haciendonos imaginar lo que seguira y no querer parar de leerlo.
Yo si la recomendaria, tal vez a algunos no les guste pero para mi, que no leo mucho, me engancho desde el principio.

Ciudadano en la Red dijo...

Y también recuerda y mucho a El Rinoceronte de Ionesco.

Diego Maenza dijo...

Empiezo este comentario con una reflexión de Jorge Enrique Adoum a manera de epígrafe:
«…el novelista se desdobla, habla de lo que conoce: sus personajes completan o sustituyen al autor, le son útiles para que dé su versión de la realidad, no sometida a consenso ni a comprobación estadística: no le interesa saber si la organización social del mundo se retrata bien en el Proceso o en el Ensayo sobre la ceguera: Kafka no era fotógrafo y Saramago no le pidió a nadie que corroborara su opinión de la realidad actual.»
Hasta aquí la frase.
La sobrina de Don Alonso Quijano, individuo soñador quien era un asiduo interesado de novelas de caballería, no pudo prever que dicho hombre enjuto, debido a sus ingentes reflexiones caballerescas, terminaría sucumbiendo a los trastornos de las ilusiones.
¿Es estúpida su sobrina, o el ama? ¿Cervantes nos toma el pelo?
La propuesta de esta novela parte de una narrativa no fantástica, pero sí con muchas gotas de invención.
Al inicio de la obra teatral Macbeth de un escritor llamado William Shakespeare, tres brujas desencadenan una tragedia al vaticinarla.
¿Es acaso tan vacío de cerebro el personaje principal que no se da cuenta de lo que va a suceder y toma medidas para evitarlo, esto a pesar de que se lo advierten?
No pretendo hacer una apología del autor aludido, porque soy enemigo de los dioses literarios, como expresaba un personaje de Frisch: No soy un hombre de grandes devociones. Pero sí intentaré realizar una defensa lúcida de esta obra que ha sido vilipendiada por opiniones pasajeras.
La novela de Saramago, Ensayo sobre la ceguera, análogamente, no desprecia la fantasía y ejecuta su estética a través de la catapulta de la alegoría. Fabula la historia como una compresión (no reducción) de hechos sociales y de naturaleza psicológica a una escala menor a la de una sociedad organizada, por ejemplo, en un Estado (esto es la concentración de las personas del manicomio), debido a lo cual la trama toma un leve aspecto de artificio. Acometer dicho procedimiento tiene mucho, bastante, de riesgoso, pero el osado Saramago no sale mal librado, ya que si analizamos la novela a través del lente de lo alegórico los acontecimientos devienen en el orden planteado, pues es lo lógico.
Ensayo sobre la ceguera es una novela que inserta la inventiva como una forma de juego supremo y escamotea los presupuestos reales que esperamos encontrar en una obra para doblegar las expectativas del lector habituado a siglos de pereza. A ese lector ducho en que le brinden mascadas las palabras.
Decía, al inicio de mi escrito, que la obra de Cervantes y Shakespeare se formaban a partir de presupuestos evidentemente absurdos (la locura por frecuentar las letras o las brujas oraculares).
Eso no quiere decir que Cervantes sea un insulso prestidigitador de la más baja ralea o que Shakespeare nos crea idiotas para convencernos de que existen las brujas.

Diego Maenza dijo...

Por qué se exige fidelidad a lo presuntamente verídico, el apego a lo “real” que debe conservar una obra literaria, cuando precisamente la propuesta estética por su condición de ficción forcejea por desapegarse de lo real.
No comprender aquello es no entender una propuesta artística.
La novela (una obra de ficción) no es lo real, pero sí lo que lo circunda, lo que analiza determinada parcela de la realidad.
Pero haciendo eco del llamado al que se pretende (encaminar la obra forcejándola hacia el aspecto de lo verídico, para que se ajuste a nuestra idea de realidad, para que sea como a mí me gustaría que sea), ¿acaso determinada clase social no ha acaparado con todo el beneficio económico en detrimento de muchos? Y cuando esto ha sucedido ¿acaso no han sido los despojados los que han debido vender su cuerpo? ¿Acaso miles de trabajadores no deben vender su fuerza de trabajo? ¿Acaso no existe la prostitución? ¿O es negable el hecho de que en el orden social actual, como en los pretéritos, el pez grande devora al más pequeño? Esto es la situación escuetamente criticada en la entrada presente del blog (me refiero al reclamo de sexo de los que guardan estadía en el ala dominante del manicomio). La visión comprimida de Saramago dentro del manicomio no es más que un trasunto de la realidad y las consecuencias desencadenadas son las lógicas.
Una cosa es que una burguesita se horrorice en su cuarto de lujo de que alguien pueda mirarla desnuda. Otra, y ésta es la realidad, es que muchas mujeres deben sacrificarse de las peores maneras para llevar un bocado a su casa.
Hablando de otra obra, la cual se alude en una entrada posterior, copio el profundo análisis acerca de la Las intermitencias de la muerte, novela de Saramago.
«En fin, sin haber leído Las intermitencias de Saramago ni ¡Últimas noticias! de Teófilo Huertas no me atrevo a juzgar... pero lo que es cierto es que la falta de originalidad de Saramago y la sobrevaloración de toda su obra es más que patente.»
Esto es juzgar a mansalva y sin asidero en donde sustentar las propuestas críticas. En qué se sustenta el decir que la falta de originalidad de Saramago es tan patente, si ¡ni siquiera se han leído las obras! Esto es realizar crítica literaria basada en presupuestos cargados de prejuicios.
Deberíamos ser más responsables en este aspecto y no comentar libros que no hemos frecuentado, por muy mal que nos caiga el autor. Por mucho que su nombre nos revuelva la bilis. Insisto, deberíamos ser más responsables.
Sobre este asunto, como noto que en este espacio es bien acogido Vila-Matas, recomiendo auscultar una de sus obras alabadas: Bartleby y compañía, y revisar el apartado concerniente a Paranoico Pérez, ese individuo omnipresentemente perseguido por Saramago, a quien el portugués le robó todas las ideas.
Al parecer la estela naturalista aún domina los predios de las exégesis más contemporáneas, y exige de la literatura la fidelidad a la realidad. Este tipo de elucubraciones encaminadas al análisis presupone que una obra debe ajustarse a la estricta concepción de la literatura que posee el indagador y supedita los parámetros de análisis al más bajo y rancio apego a lo “real”. A lo que el inquisidor prevé que debe ser lo “real”. A lo que dicho personaje en cuestión entiende por lo “real”.
Y cabe la sorpresa al hallar esto en un interesado de la obra de posmodernos al uso, tales como Murakami, Bolaño o Pynchon.

Anónimo dijo...

Perdonen que les diga, pero creo que no entienden, están tan ciegos como los personajes creados por una mente lúcida e inteligente como pocas.

No sé si son cuestiones de ideología política... pero es lo que hay.