3/8/05

La pista de hielo, de Roberto Bolaño



En el diagrama,(ver en grande) Pista de hielo está enlazada directamente con Llamadas telefónicas, Amberes y Los detectives salvajes. Literariamente la relación más evidente es con esta última novela, aunque aún tengo que zambullirme en ese mar encrespado y violento que es Amberes. Ya contaré algo, si sobrevivo.
Para los flecos sueltos del diagrama, Mr Pain y Una novelita lumpen consulta La senda de los libros
Como complemento al diagrama, una bibliografía extraída de EPDLP en la que, como suele ser frecuente, se consideran las fechas de edición y no las de escritura. Amberes debería ser la primera de la lista, eso sin considerar la ambigüedad de la distinción relatos-novelas.

Novelas:

La pista de hielo (1993)
La literatura nazi en América (1996)
Estrella distante (1996)
Los detectives salvajes (1999)
Amuleto (1999)
Monsieur Pain (1999)
Nocturno de Chile (2000)
Una novelita lumpen (2002)
2666 (2004)

Libros de relatos:

Llamadas telefónicas (1997)
Putas asesinas (2001)
El gaucho insufrible (2003)

Poemarios:

Los perros románticos (2000)
Tres (2000)

Textos y artículos:

Amberes (2002)
Entre paréntesis (2004)

La pista de hielo ya preludia lo que después consistiría el núcleo de Los detectives salvajes, una novela fragmentada por los puntos de vista de varios narradores. En La pista de hielo son tres personajes (Remo Morán, Gaspar Heredia, Enric Rosquelles) los que se encargan de desglosar la historia de un crimen y, como ocurrirá después en Los detectives (y aquí también se juega con la idea de los detectives narradores), el asesinato se convierte en una especie de mcguffin literario, en un pretexto narrativo, para mostrarnos lo que verdaderamente son los temas recurrentes e importantes para Bolaño: el desarraigo, la soledad, el miedo que produce la soledad, y, en contraposición, la arrogancia estúpida del mal.

Creo que hay un fragmento en La pista de hielo que apunta a esos temas que también desarrollará en Llamadas telefónicas y en Los detectives salvajes, incluso la frase final del fragmento apunta a 2666.
Lo dejo aquí para futuros comentarios:

Remo Morán:

Creo que ya lo dije, pero si no, lo repetiré: no era el primer cadáver que me encontraba. Antes ya había ocurrido un par de veces. La primera, en Chile, en Concepción, la capital del sur. Estaba asomado al ventanuco del gimnasio en el que permanecíamos recluidos unos cien presos; era de noche, una noche de luna llena en noviembre del año 73, y en el patio vi a un gordo encerrado en un círculo de detectives. Todos lo golpeaban sirviéndose para tal efecto de manos, pies y barras de caucho. El gordo, al final, ni siquiera gritaba. Luego se fue de bruces contra el suelo y sólo entonces me di cuenta de que estaba descalzo. Uno de los tipos lo cogió del pelo y lo observó durante un instante. Otro dijo que seguramente estaba muerto. Un tercer policía comentó haber oído en alguna parte que el gordo aquel no estaba bien del corazón. Se lo llevaron arrastrándolo por los pies. En el otro lado, en el gimnasio, sólo yo y otro preso mirábamos la escena, los demás dormían amontonados por todas partes y los ronquidos y suspiros amenazaban con crecer hasta ahogarnos. Al segundo muerto lo encontré en México, en las afueras de una ciudad del norte, en Nogales. Viajaba con dos amigos, en el coche de uno de ellos, e íbamos a reunimos con dos chicas que luego no aparecieron. Antes de llegar bajé a orinar y probablemente me alejé demasiado de la carretera. El muerto estaba entre dos montículos de tierra anaranjada, el cuerpo extendido cara arriba, los brazos en cruz, y en la frente, justo encima de la nariz, un agujero mínimo, como hecho con un punzón, aunque en realidad lo había causado una bala del 22. Un arma de marica, dijo uno de mis amigos. El otro era Gasparín, quien tras echarle una ojeada al muerto no dijo nada. A veces por las mañanas, cuando desayuno solo, pienso que me hubiera encantado ser detective. Creo que no soy mal observador y tengo capacidad deductiva, además de ser un aficionado a la novela policíaca. Si eso sirve de algo... En realidad no sirve de nada... Me parece que Hans Henny Jahn escribió unas palabras al respecto: quien encuentra el cuerpo de una persona asesinada que se prepare, pues le empezarán a llover los cadáveres...

1 comentario:

Claudio Alvarez R dijo...

Portnoy, se cayo el diagrama, justo que lo necesitaba de guía espiritual (leyendo Los Sinsabores...)