26/4/05

La velocidad de la luz; de Javier Cercas

Javier Cercas en La velocidad de la luz, dejando aparte la materia relática del texto, reflexiona sobre su propia obra:

El resultado de este entramado favorable de circunstancias fueron los años más felices de mi vida y cuatro libros (...) Es verdad que todos ellos pasaron tan inadvertidos como el primero (*), pero también es cierto que yo no vivía esa invisibilidad como una frustración, y mucho menos como un fracaso. En primer lugar, por una mezcla defensiva de humildad, soberbia y cobardía: no me desazonaba que mis libros no merecieran más atención de la que recibían porque no creía que la merecieran y, al mismo tiempo, porque pensaba que muy pocos lectores se hallaban en condiciones de apreciarlos, pero también porque temía en secreto que, si merecían más atención de la que recibían, acabarían fatalmente revelando su flagrante indigencia.

(*) Al primer libro hace referencia después: El inquilino, que efectivamente fue uno de los primeros libros de Cercas. ¿debemos asumir el texto como cierta confesión de incredulidad, como un acto de modestia difícil de aceptar?


Sobre Soldados de Salamina, sin mencionarla, dice:

(...)había publicado una novela que giraba en torno a un episodio minúsculo ocurrido en la guerra civil española; salvo por su temática, no era una novela distinta de mis novelas anteriores, (...) pero (...) la crítica la acogió con cierto entusiasmo (...)

Bien, hay novelas que llaman a otras novelas, y novelistas que llaman a sus propias obras para que aparezcan como parte de la ficción. Lo de Cercas me ha parecido excesivo ya que el elemento metaficcional estaba bien llevado hasta el momento en que decide reflexionar sobre su propia obra, sin venir demasiado a cuento. Desconozco, porque no me importa en absoluto, cuanto hay de biográfico en La velocidad de la luz, pero de no ser una obra exclusivamente autobiográfica, el repaso a su propia obra me parece incluso, porque no decirlo, patético.

En fin, La velocidad de la luz se criticará seguramente por muchas otras cosas. Es una lectura amena que, además, no parece la típica novela española de los últimos años. Se dejan entrever ecos de Auster e Irving, tal vez como reflejo de la ambientación estadounidense de parte de la novela. No se puede decir lo que una novela no es. Tal vez, recurrir a las palabras de Cercas sea lo mejor:
no me desazonaba mis libros no merecieran más atención de la que recibían porque no creía que la merecieran