7/4/05

La tiranía del lector (IV)

Me gustaria algo sobre la sonrisa, por comparacion de un niño y un viejo. gracias
carmen


La tarde se alarga pesada. Las tiras de madera de la persiana no dejan entrar la hiriente luz del sol, pero tampoco el aire
-¿La has visto, Amelia?
-No hay nadie, Ernesto
Y continúa trenzando las hojas de palma. Agosto, septiembre, octubre, noviembre.
-¿En qué mes caerá el domingo de Ramos el año que viene?
-La nena lo debe saber
-¿Qué nena, Ernesto? No hay nadie.
Diciembre, enero, febrero, marzo. Seguro que en abril. Ocho meses aún manejando las hojas tratadas con azufre que le secan las manos como se le ha secado el cerebro al anciano que sonríe viendo lo invisible.
-Mírala. ¿Verdad qué es guapa?
-No hay nadie, Ernesto. ¿No lo ves? No hay nadie
La sonrisa es un accidente, un síntoma de la enfermedad que le deja indefenso como si fuera un niño.
Y su mujer con el azufre, nueve meses al año, entre sus ágiles dedos que mueven las delgadas hojas convirtiéndolas en alambicadas filigranas que desprenden polvo azufrado, inhalado nueve meses al año.
-¿Vendrá la nena?
-Sí, Ernesto. Luego vendrá.