29/4/05

El benefactor, de Susan Sontag

El benefactor, la primera novela de Susan Sontag, escrita en 1963, es estrictamente un bildungsroman en torno a Hyppolite, cuya indolencia y carencia de afectos le llevan a una vida centrada en él mismo, convirtiendo toda su experiencia vital en un solipsismo sólo influenciado por sus sueños:

La metáfora tradicional para la investigación espiritual es la del viaje. De esta imagen debo desprenderme. No me considero a mí mismo un viajero, he preferido permanecer quieto. Me describiría a mí mismo como un bloque de mármol, aceptable aunque toscamente labrado en su exterior, en cuyo interior alberga no obstante una hermosa estatua. Cuando se labra el mármol, la estatua liberada puede ser muy pequeña. Pero, cualquiera que sea su tamaño, es mejor no ponerla en peligro moviendo el bloque de mármol con demasiada frecuencia.

Es una novela extraña que presenta un paradójico punto de vista masculino expuesto por una mujer y que se desarrolla principalmente en la turbia relación que establece el protagonista narrador con Frau Anders, una mujer casada y mayor que él, relación que sufrirá extraños cambios a lo largo de la vida del protagonista. A partir del momento en que conoce a los Anders, Hyppolite empieza a tener sueños impactantes que le deciden, no a interpretarlos, sino a basar su vida en ellos.

El problema de cambiar mi vida para que se amoldara a mis sueños no era insuperable —mucho más fácil que cambiar mis sueños para amoldarlos a mi vida—. Pero, de todos modos, un esfuerzo de voluntad no sería suficiente por sí solo. Creo que el último sueño me dio la clave para hallar el método correcto. Todos los sueños eran un espejo ante el que se presentaba mi vida diurna, ofreciéndome, a cambio, una imagen poco familiar pero no incomprensible. Con perseverancia y atención, ambas se unirían, aunque necesitara pasarme toda la vida delante del espejo.
Éste es el destino de los espejos, y de lo reflejado.


Toda la narración de Hypolitte está basada en firmes propósitos:

Mientras estaba ocupado con mis iniciales investigaciones sobre lo que vagamente creía «la certeza», me sentí obligado a reconsiderar todas las opiniones que se me presentaban. Consecuentemente, me sentí desligado de todo. Esta apertura intelectual provocó ciertos problemas, tales como el modo en que conduciría mi vida en adelante;
mientras analizaba el contenido, no quería perder la forma. Redacté, para el transcurso de este período de investigación, las siguientes máximas provisionales de conducta y actitud:

1. No contentarme con buenas intenciones, mías o ajenas.
2. No desear para los demás aquello que no se deseen para sí mismos.
3. No despreciar el consejo de los demás.
4. No temer la desaprobación, pero observar, en tanto sea aconsejable, las leyes del tacto y la discreción.
5. No valorar las posesiones ni ser distraído por la ambición.
6. No hacer propaganda de mí mismo ni exigir nada de los demás.
7. No desear una larga vida.

Asimismo plantea de entrada cierta paradoja sobre el hecho de contar, de narrar:

Quizás fuera más fácil para todo el mundo preocuparse por la verdad, si comprendiera que ésta sólo existe cuando se dice. (...) Si no existiera el habla y la escritura, no existiría la verdad acerca de nada. Todo sería sólo lo que es. Así pues, para mí, mi vida y mis preocupaciones no son la verdad. (...) Pero ahora estoy ocupado en escribir y en intentar transponer mi vida en este relato. Asumo la brumadora responsabilidad de decir la verdad.


El compromiso que asume Sontag es verdaderamente abrumador: Una narración en primera persona completamente objetiva, sometida a ciertas normas de comportamiento de su narrador. De esta forma la autora explora en la condición masculina, despojándola de excusas sociales y condicionamientos genéticos, mostrando un ser amoral, egoísta, que se masturba contemplándose en un espejo, que actúa por motivos que le dictan sus sueños y que excluyen toda pasión y todo intento de reciprocidad en el ámbito de los sentimientos.

¿Intentó Sontag mostrar al género masculino tal como es? No me parece que El benefactor sea una novela feminista, tiende más a la novela existencial (por eso se suele tildar a la novela de estar influenciada por las de Camus o Sartre), a la crítica soterrada sobre ciertos aspectos socialmente aceptados y cuyos fundamentos son tan irracionales como los de los propios sueños.