20/3/05

Jules Verne, visionario.

En ocasiones hace falta un científico para dejar las cosas claras. La incorrecta aceptación de que la teoría de la relatividad conduce al popular e inexacto “todo es relativo” sería un ejemplo. Otro, la absurda opinión sobre las obras de Jules Verne que se suponen obras de anticipación, llegando incluso a considerar al escritor un iluminado que previó todos los adelantos posteriores de la técnica y la ciencia.
Por eso ayer me gustó leer el artículo sobre el escritor francés a cargo de Jorge Wagensberg, profesor de Teoría de Procesos Irreversible de la Facultad de Físicas de la Universidad de Barcelona, aparecido ayer en El País-Babelia:

En general (en las obras de Verne), no se trata de crear situaciones sugeridas por una ciencia imaginada, por una ciencia-ficción... No es ficción a base de ciencia-ficción sino ficción a base de la ciencia conocida. Por ello Verne es más un divulgador de la ciencia que un visionario de la ciencia. Verne conocía la ciencia de su tiempo. Seguía la ciencia de su tiempo. Se relacionaba con científicos de su tiempo. (...) Verne era sobre todo un hombre de su tiempo. Por eso podía especular por delante de su tiempo. Ahora podemos ponernos de acuerdo y aceptar que Verne era un visionario, porque para ser un visionario se ha de ser antes un hombre de su tiempo. Un iluminado, por ejemplo, no lo necesita.






Jules Verne será siempre un referente universal en materia de literatura científica. Por eso hay que situarlo correctamente en su tiempo y en su época. Además, creo que por respeto, debemos hacer un esfuerzo para no mitificar al prolífico escritor. Posiblemente seamos la última generación que habrá disfrutado con las novelas del francés. Mucho me temo que el tiempo, la técnica y la ciencia, están dejando muy atrás las obras de Verne.
Así que ahora, cien años después de su muerte, podemos dejar que descanse en paz