16/3/05

Inferencias

El anciano jinete quemaba dentro del patio ungido al arado conservado por evos y algunos segundos rielando rapsódicos ungüentos broncíneos que se consumían a tal velocidad que estadísticamente predecían las hecatombes exactas y su pontosa barba exteriorizaba entrañas de ánsar lacustre apenas comedido hoy es el día le dijo zarrapastroso rielando ancas marsupiales en famosa comezón al acólito tenue que empujaba hambre de ciclón y sollozaba evanescentes porosidades dignas de su infortunio augurado por carneros móviles y aceptados bóvidos que mostraban su jerga interdental apostrofando infundios y aleteando conformes informes provocando bascas en los lechales que acechaban filiformes y pacientes el tiempo que llegó ya la obsidiana yugular a cobrar su diezmo y once terneros de costillas desechables imposible mugían traqueotomizados y piaras ascendentes en ahogada hemoglobina reventaban jubilosas en su propia grasa mientras el difuso imberbe exaltaba llamas mayestáticas de dudosa brevedad.
Arrebujado en exultantes humores apresta iza y saja riguroso pertinaz ingenio miótico revelando favorables eventos el anciano jinete ebrio del favor divino hasta que veleidoso azar o inexorable hado un negro cúmulo se interpone demostrando cuánticas reflexiones lo que es es y lo que no es es en igualdad de condiciones el asta ahumada detiene su trayectoria ante el carcinoma que se despliega en los entresijos viscerales del postrer holocausto cae inane ante artríticos espasmos y glicéridos fluyen de los lagrimales confirmaciones infaustas y el lampiño recoge los frutos intestinales y se dispersan reatas incontroladas y no libaremos el jugo vital no jugaremos el libo vital no vitaremos el limo mortal anquilosadamente fenece arrastrando décadas en báculo impúber alejándose mientras la nube se retira y deja que el sol ilumine de nuevo los restos inmolados, donde empiezan a concentrarse, nueva nube negra, un enjambre de moscas.
Caliginosos eones fugaces consumen voraces dejando restos calcáreos y cartilaginosos entre los que asoman indemnes votivos y aperos y deflagradores y húmedos harapos que el épico joven ase y viste y entonando emprende sideral, casi áureo, el recurrente lárico retorno.