20/2/05

La pianista, de Elfriede Jelinek

(Un comentario de Fuca)

Novela dura, amarga; cuenta la historia de una frustración, la de Erika Kohut, a quien su madre inculcó la idea de que tenía que ser la mejor, de que no podía fracasar, aunque para ello tuviera que sacrificar afectos, aficiones y demás; ahora, en la treintena de su vida, se tiene que conformar con ser profesora de piano, frustrada por no haber alcanzado las metas que su madre había pensado para ella.
El personaje clave de esta novela es la MADRE, una mujer mayor que maneja a su hija, que mueve sus hilos como si de una marioneta se tratara. Me recuerda a Bernarda Alba. Esta madre posesiva y absorbente consigue aniquilar a su hija, mantenerla presa en una telaraña de la que no va a ser capaz de salir, ni siquiera con la aparición de Klemmer, un alumno “enamorado”.
Os copio algunos fragmentos en los que podemos apreciar cómo una madre va modelando a una hija como si se tratara de una “masa de arcilla”:

“Desde su nacimiento estuvo predestinada a las sutilezas de la danza clásica, del canto, de la música. Una pianista de fama mundial, ese sería el ideal de la madre; y con el propósito de que la niña encuentre el camino en medio de un mundo de intrigas, clava señales en cada esquina y así también clava a Erika a la silla cada vez que no quiere estudiar. La madre advierte a Erika contra la horda envidiosa que a cada paso intenta destruir lo conseguido y que casi siempre es de sexo masculino. ¡No permitas que te distraigan! (...) Mientras la madre viva y se afane tejiendo el futuro de Erika, no existe más que una posibilidad para la niña: la más alta cima universal” (pp.27-28).

“Erika es llevada y traída como un escupitajo por el magro arroyuelo del entusiasmo materno” (p.29).

“ELLA siempre se sitúa muy por encima de los demás. La madre la eleva siempre muy por encima de los demás. A todos los deja muy por detrás y muy por debajo de sí.

"Con el correr de los años, sus deseos inocentes se transforman en afán devastador, en deseos de destrucción. Quiere a cualquier precio lo que los otros tienen. Lo que no puede obtener, intenta destruirlo” (pp.85-86).

Y llega Klemmer a la vida de Erika y ella toma conciencia de su propia existencia:

“Klemmer ríe. La madre araña. El televisor chilla. La puerta está cerrada. Erika está en silencio. La madre ríe. Klemmer araña. La puerta chilla. El televisor está apagado. Erika existe” (p.227).

El final es descorazonador.

(La edición de la que os he copiado las citas es la de la editorial Mondadori. La traducción es de Pablo Diener).

Fuca