24/1/05

Un mensaje de Fuca a propósito de la intertextualidad

Portnoy, en tu mensaje hablas de metanarratividad en cuanto reflexión que un texto hace sobre sí mismo y la propia naturaleza, o como intrusión de la voz del autor que medita sobre lo que está contando y que exhorta al lector a que comparta sus reflexiones.

Precisamente, acabo de leer “Deseo” de Elfride Jelinek y me ha llamado la atención esta intrusión de la voz de la autora en la narración, meditando sobre lo que está contando e invitando a los lectores a que compartamos sus reflexiones.

Copio algunos ejemplos:

La madera es triturada hasta desaparecer, y llega a la fábrica de celulosa, y después la celulosa va a la fábrica de papel, donde otros triturados hasta desaparecer la elaboran, por lo menos eso he oído, y estoy contenta de que yo, que soy libre, puedo vomitar mi eco en el tranquilo bosque, en la hora en que aprieta el calor. El ejército de los que como yo, irresponsables, leen periódicos en las letrinas, arranca los árboles del bosque para poder sentarse en su lugar y poder desenvolver el papel con comida” (p.75).

“Nos merecemos todo lo que podemos soportar” (p.111).

“Pero qué más queremos. Recibimos nuestro salario en la bolsa de nuestro fracaso, es decir, seguro que queremos llegar a algo y seguro que queremos poder ser también un poquito más, por lo menos sobre el papel. Y no puede faltar la sensación de que es culpa nuestra que estemos sentados en nuestra casa y sólo el teléfono sea nuestro invitado” (p.126).

Otro asunto relacionado con la intertextualidad es el plagio. Cuando a Lucía Etxebarria se le acusó de plagiar unos versos de Colinas, ella dijo que era intertextualidad. Os copio un artículo aparecido hace dos días en “La Voz de Galicia” sobre este tema. Su autor es Ramón Chao y se titula “Virtudes del plagio”:

TERMINÉ un reciente artículo con una cita de una obra primeriza de Valle-Inclán, en la cual imita a Giacomo Casanova. Esta actitud que lleva a un escritor novel a apoyarse en sus predecesores es prudente, honesta y hasta diría que respetuosa con los lectores. Así al menos se piensa en Japón. He aquí, por ejemplo un haiku de Yosa Buson, escritor japonés que vivió desde 1716 hasta 1784: «En la campana del templo / descansa, dormida, / una mariposa». Un siglo después, Shiki Masaoka lo cambia: «En la campana del templo / descansa, reluciente, / una luciérnaga». Y ya, a mediados del XX, el querido Rafael Dieste le aporta esta variación: «En el cobijo del ermitaño / lucía dulcemente / una luciérnaga».
¿Se puede habar de plagios? No: Shiki suponía que las personas que leyeran su haiku conocerían el de Buson, e indudablemente confiaba en un público con suficiente discernimiento para recibir con agrado los nuevos toques que su sensibilidad había puesto en el viejo poema. En cuanto a Rafael Dieste, se me ocurre que ahí entra gran cantidad de retranca gallega. Esta simultaneidad de estilos y de sensaciones permite que cada lector encuentre las resonancias que le son propias, aunque al mismo tiempo reciba las otras como un subtono contradictorio y disturbado, algo que pertenece a su mundo cultural y no puede captar con claridad.
Por lo mucho que leo, constantemente encuentro frases ya escritas, sobre todo en los grandes escritores. Por ejemplo: «Un punto blanco, que fue convirtiéndose muy despacio en una forma blanca, surgió a lo lejos, en una furiosa carrera. Se agrandó...». Es de Chesterton. Y ahora: «Un punto, un perro vivo, creció ante la vista, corriendo a través de la extensión de la arena». Es de Joyce. Y así llegamos a Azorín: «...allá, por los confines del horizonte, ha aparecido una manchita negra; se remueve, levanta una tenue polvareda, avanza. Un tropel de escuderos, lacayos y paje es». Por fin, Borges: «Un punto negro se agitó en el horizonte y creció hasta ser jinete».
Sin duda, Joyce y Chesterton se leyeron, Azorín leyó a los dos, y Borges a los tres. ¿Quién plagió a quién? ¡Ah!, y esto: «Tengo seis años y el culo pelado». Es de El niño, Jules Vallès, mientras: «Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras», de Martín Adam.
En una novela escribo la frase: «Los fagots con sabor de nueces». Ha sido muy alabada por la crítica francesa. La verdad es que la cogí de Anxel Fole o de Luis Pimentel; no recuerdo a ciencia cierta de cuál de los dos, pues los leí simultáneamente, así que la considero mía.


Fuca

PS. También yo le mando un saludo a Sett, con el que tanto aprendí en otras épocas. Lo echo de menos.