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12/1/09

La casa de los encuentros, de Martin Amis

Hace tiempo que quería hablar sobre el tema o, se podría llamar así, mi problema con la literatura inglesa
(pero qué es en el fondo la literatura inglesa. Y, lo que me atañe directamente, a quién le importa si tengo problemas con los ingleses o conmigo mismo o con las lecturas que elijo o nada de nada)
Un día (está por ahí, en el índice ) despotriqué contra el gastado, manido y aburrido realismo mágico del que abusaba Rushdie (con lo interesante que fue Furia, Shalimar el payaso es una birria, con muchos colorines y especias exóticas, sí, pero insufrible)
También hablé (creo, el índice sigue ahí, podría comprobarlo… pereza… a veces pienso que escribo sobre temas de los que finalmente no digo nada, pero quedo convencido de que sí lo he hecho) sobre McEwan y sus, a mi entender, fallidos y sobrevalorados últimos trabajos, Expiación y Sábado (no, no he leído Chesil Beach… y no creo que lo haga… no me atrevo): La trama de Sábado era digna de un soporífero telefilm de tarde de (¡vaya!) sábado; el artificio literario de Expiación era demasiado evidente y ( no hay otra manera menos redundante de decirlo) artificial. Prefiero de Expiación la parte que se desarrolla en el campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial, en la que McEwan hace un alarde descriptivo muy interesante. Esa parte es la menos apreciada en líneas generales… o al menos esa sensación tuve leyendo por ahí.
Ya basta (al menos para mí) de McEwan.

Al final me decido a escribir sobre el tema a causa del especial de Babelia en el que se escogieron los libros más destacados de 2008. Hay que visitar El síndrome Chéjov y leer la entrada Babelia: Ponga una lista a su mesa , para confirmar que la cuenta de la vieja es muy útil cuando tienes intenciones tendenciosas.

Lo que queda bastante claro es que alguien (o algunos alguien sabiamente organizados) está sabiendo vender muy bien parte de la literatura inglesa, léase Amis, McEwan, Rushdie (recordemos que la literatura inglesa abarca muchas nacionalidades) o Hornby por poner algunos de los nombres más destacados. Sí, se venden bien. Habría que saber que los diferencia a ellos de Byatt, Boyd o Ishiguro para que éstos, de una calidad literaria indiscutible si no superior a la de los “intocables”, no sean promocionados en igualdad de condiciones. Cosas del marketing y los conglomerados empresariales de opinión.
Supongo.
Los mismos que amañan los resultados de una encuesta de libros más destacados de 2008.
Supongo.

Bien… ¿y el libro que da título al post?
La casa de los encuentros. Lo primero que me pregunto son los motivos, aparte de los obvios, de Amis para escribir una banalidad como ésta. Luego me pregunto, y lo hago con toda sinceridad, acaso Amis no ha leído a Solzhenitsyn, ni a Primo Levi, ni a Kèrstez… y, la carencia más flagrante, ¿no ha leído Vida y destino de Vasili Grossman?
Qué triste, pálida y mediocre es La casa de los encuentros en comparación con Vida y destino

Dejando aparte las miserias del campo de concentración, ¿no ha leído Amis La señorita Smila y su especial percepción de la nieve de Peter Høeg en la que el frío es un elemento que se siente en cada una de sus páginas?. Da la sensación que para Amis el frío en La casa de los encuentros es un elemento decorativo que basta con mencionarlo para olvidarlo después. Pero lo peor es que todo lo demás también parece meramente decorativo. Así que la historia se reduce a un (de nuevo) artificio con pretensiones nabokovianas que no trasciende del decorado borroso que nos presenta el autor.

Yo no acabo de entender esta magnificación de cierto tipo de narrativa inglesa, esta sobrevaloración de obras que llamaremos “normales” para no ser demasiado peyorativo, este juego de intereses que nos salpica, por ejemplo como lectores de El País, y que conduce a callejones sin salida y que no aportan nada. A la narrativa, quiero decir. Para la edición supongo que será un interesante negocio.





Edito para añadir los interesantes artículos que sugieren Blumm en los comentarios y Manuel Vilas en su blog:
Babelia y los mejores libros del año 2008: un misterio electrónico.
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