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11/6/12

Larva, de Julián Ríos (y II)

1
Antes de continuar hay que leer la primera parte : Después de todo este post no es más que la confirmación del fracaso.

2
Noche de San (Don) Juan
Borrachera y empacho.
Los personajes y las situaciones son evanescentes, como si estuvieran formados por palabras de niebla que se diluyen en el aire una vez pronunciadas.
¿sin dejar rastro?

3
Una fiesta, una orgía, una bacanal, un rabelesiano tumulto de carne y carne y alcohol.
Especulemos: Pongamos que al fondo de la sala hay un escenario dispuesto para una orquesta y un único músico.



El hombre va pasando de instrumento a instrumento. Pinza una cuerda, ensaya unos acordes en el teclado, sopla distraído unas notas sintiendo la boquilla vibrar en sus labios, tañe el metal dorado y baquetea y golpea y ensaya ritmos. Indolente y cansado. Un equipo va grabando todo lo que el músico solitario toca. Luego reproducimos la cinta a velocidad rápida.

4
Larvando hasta el argotamiento en esta navela, bateau-larvoir!, todos los tropos sucios…

Me cansa, me fastidia, me agota.
(Y después)

Haced oídos sordos y no se preoculpen, amigos, que yo tampoco sé lo que me digo

Nadie sabe nada, autor, lector.
Batiburrillo, cambalache.
In taberna

5
Don Juan siempre apresurado, a la carrera.
Aquelarre, Hyeronimus Bosch, Carroll
Cacofonía onomatopéyica con eco (y el lector con ecolalia)

6
castellano-gallego-catalán-francés-inglés-alemán y holandés errante

7
Aquelarre, Hyeronimus Bosch, Carroll, Rabelais, Mozart, Apocalipsis según San Bloom, Marlowe, Shakespeare, Sham Rock



8
Mozárabe
Leer como quien avanza por un barrizal cacofónico y a cada paso el peso de las alpargatas crece. Ahí reside la raíz de lo que somos, lo que hablamos. Necesito un siglo para aprehenderlo.
Los campos semánticos y las aliteraciones controlan la narración y no al revés.
Estamos perdidos.



9
Estoy equivocado. Estoy buscando donde no encontraré, sencillamente porque donde busco hay mejor luz. Pero la parte narrativa (en un sentido clásico) se encuentra en el apéndice, Notas de la almohada. Me he empeñado en buscar donde no está la clave de Larva. Las páginas impares del cuerpo central del libro no contienen una historia. Muestran la forma en que nuestro pensamiento (consciente y subconsciente) DEFORMA la narración. De qué manera nuestro pensamiento larva el significado de todo texto, cómo contaminamos cada una de nuestras lecturas.

(Las páginas pares muestran como se deforma la lectura del autor)(o algo así)

Y ahí está, en un fragmento perdido, la solución:
(La solución que yo quiero ver)
Un espectáculo de ventriloquia; Dr Freud and Mr Joyce (“He rejoyces in the name of Freud”)

Manipulador y muñeco intercambiables. ¡Gran espectáculo!

10
Sham Rock; el ruido y la furia.

Don Juan (mujeres) vs Diablo (libros)

Larva termina en la página 301



11
Empezamos:
Sexo, alcohol, drogas, pornografía y terrorismo en una orgía.

“Una mano negra escribe en el muro:
GODDOTISNOWHERE”

8/6/12

Larva, de Julián Ríos

He completado el tránsito de Larva. ¿Qué más puedo decir?
Germán Sierra ya lo dijo todo sobre la novela de Ríos.

Pero tengo una extraña sensación. Entre la de haber fracasado como lector y la de encontrarme ante una novela (¿?) de la que no se puede-debe hablar mal.

En un momento de la obra Don Juan vende su alma al diablo por escribir un libro. Tal vez Larva, ya que la tenemos en las manos, ya que es una realidad, la parte del diablo. Pero todos sabemos que el pacto firmado con sangre es un engaño mefistofélico. La letra pequeña siempre perjudica al firmante. Y así Larva es el libro publicado y el engaño del diablo es el texto ininteligible. O algo así… no es más que una especulación personal.

De alguna manera la estructura de la novela (llamémosla así) determina la falta de fluidez narrativa (aceptando que existe un mínimo hilo narrativo): En las páginas impares el texto que podemos considerar principal, en las pares las notas y acotaciones al texto que acompañan en sus correspondientes impares, y una serie de relatos, Notas de la almohada, que complementan la historia. Es, pues, una estructura que invita a una lectura quebrada, fraccionada, interrumpida, de tal manera que se diluye en el conjunto del texto la línea narrativa principal (lo que nos lleva a preguntarnos si realmente existe) (es decir, obviamente existe, pero si seguimos la estructura impuesta por Ríos, nos perdemos en la tormenta de frases, ideas y sugerencias que (¡atención!) CADA UNA DE LAS PALABRAS generan)

Probemos un ejemplo (si el corrector de Word lo permite)

Finito in finito!, bufoneó Don Juan arrebatándole el mamotreto de contabilidad al alquimista. Miró los guarismos, pasó violentamente la hoja. Ok! Y con una pluma ((de ganso?)) de su sombrero, In hoc signo vinces! (*), rubricó (**) la partida doble:



(*) IN HOC SIGNO VINCES:
Signo cambiante
Lo veía de nuevo en lo alto, veleteando a la entrada de la villa de los misterios, en Fulham, durante la mascarada de una noche oscura de San Juan.
Signo Veleta.
Quevedos (algo chafados) del gran buscón en sueños, ocho echado y máscara, larva retorcida en sortija doble, signo de una noche sin fin ni inicio (infinit!), en cinta de Möbius, que alumbra el alumbrado en el fuego eterno de un auto de fénix.

(**) Ve! Que ringorrango!:
Nudo gordiano? Infinito? / Sólo cuando se abre el libro. En el fin de la escritura, empieza el infinito de la lectura.




Tengo que confesar una cosa. Mi problema con Larva es esencialmente particular. Soy un maniático. Una de las cosas que más me hacen sentir avergonzado en un texto son algunos tipos de juegos de palabras y en Larva se exploran todas las relaciones verbales y contextuales posibles. En cierta manera el texto se autoexplica y justifica (algo que me parece innecesario). Es en esa exhaustiva muestra de referencias, que van desde los conceptos más cultos a las relaciones fonéticas más pueriles, donde el texto de Ríos me agota, me confunde, me hace perder el hilo.
En los pasajes más abtrusos del Ulysses y, sobre todo, en Finnegan’s Wake, Joyce vuelca directamente sobre el papel los fugaces y distorsionados pensamientos de la duermevela, que precisan una versión anotada para que el lector entienda todas las relaciones y referencias existentes en cada frase. Por su parte Roussel ordenó que se publicase póstumamente Comment j'ai écrit certain de mes livres, donde explicaba la forma en que desarrollaba sus fantasiosos textos.
Larva, no se puede negar, es heredera de Joyce y Roussel, tanto de Finnegan’s Wake como de Locus Solus, y contiene tanto la versión anotada del texto como la explicación no tanto del proceso de creación como de las referencias del autor. Exhibe un prodigio laberíntico de escritura y, al mismo tiempo, el plano-guía para llegar al final. Un plano que oculta los baches del camino y que no avisa que cada consulta supone un tropezón para el lector.

Yo debería defender fanáticamente Larva, pero no he sido capaz de entrar en el juego que propone. Esto me coloca en una situación paradójica porque mientras parece ser que defiendo el tipo de literatura que desarrolla Ríos en Larva, como lector me siento completamente derrotado por el texto.
(Un pensamiento fugaz: Tal vez hubiese disfrutado más de Larva hace 20 años) (lo cual no es más que una excusa barata (y patética))




En el fin de la escritura, empieza el infinito de la lectura”: y la verdad es que siento que no he completado el tránsito de Larva. Creo que voy a volver a leerlo, pero esta vez únicamente las páginas impares, sin distraerme con notas y digresiones (que, por otra parte, ya conozco)
Deseadme suerte.
(el infinito de la lectura)

1/6/12

Los hijos de Nobodaddy, de Arno Schmidt

Las sombras que me persiguen: Arno Schmidt menciona a Hamsun (ya lo comenté). Julián Ríos prologa Los hijos de Nobodaddy. Ríos, en Larva, menciona a Hamsun “Ham! Soon! mirando todos aquellos jamones colgantes” a propósito del hambre. Y del hambre habla también Schmidt, en El brezal de Brand. La trilogía Nobodaddy termina con un relato postapocalíptico, Espejos negros. Hace poco acabé de leer la novela postapocalíptica de Markson, La amante de Wittgenstein. Y, creo, (creo) que podría (a los hechos me remito) decir que siento cierta afinidad por lo postapocalíptico. Sobre todo por aquellas historias que presentan un mundo agonizante a través de una narración en primera persona que nadie (ateniéndonos a los postulados del propio relato) podría leer. Ya se sabe, aburro a las piedras repitiéndolo, pero (en esas condiciones) el lector ha muerto. Es la (mal) llamada Soledad del lector. La unicidad del lector en su nicho.

José Luis Amores ya habló sobre esta trilogía. La recomienda para no ser leída. Y como es un libro de bolsillo ni siquiera para ser exhibido. Espero que comprendáis la ironía.
Bolmangani, Los hijos de Nobodaddy

El problema (después de Ríos, después de Amores, después del artículo que publicó Goytisolo en “ese” suplemento) es qué puedo decir yo sobre los textos de Schmidt.



Momentos de la vida de un fauno” 1939- 1944
El narrador es Düring, un funcionario del Tercer Reich. Düring vive una ficción, desprecia al régimen bajo el que trabaja, aborrece a su mujer y desprecia a sus hijos adoctrinados por la ideología nazi. Sólo la literatura le salva. Y la hija adolescente de sus vecinos con las que mantendrá un apasionado romance. Sexo y destrucción es la analogía que desarrolla en un magnífico capítulo final.




El brezal de Brand” 1946
Diario escrito en papel higiénico británico proveniente de un campo de prisioneros del que el narrador acaba de ser liberado. Quiere escribir una biografía de Fouqué. HAMBRE. Conoce y convive con dos hermanas. Entre libros e historias literarias, los personajes intentan cada día, a cada momento, conseguir alimentos y combustible para evitar el frío. ¿Amor? ¿solidaridad?





Espejos negros” 1960- 1962
Cinco años después de la destrucción nuclear del planeta, el narrador pedalea por la misma zona del noreste alemán en el que se desarrollan las dos historias precedentes. De nuevo las necesidades básicas (alimentación, refugio contra los elementos…) motivan los actos del narrador protagonista. Pero aquí no hay la dependencia solidaria con otras personas que padecen. El narrador siente, a pesar del desastre, cierta liberación con los vínculos sociales. De hecho los tres narradores de las tres novelas que componen Los hijos de Nobodaddy sienten cierta aversión-horror por el creciente número de la población mundial.

Otro rasgo común de los tres es que quieren escribir una biografía sobre Fouqué: el primero recopila datos aprovechando su trabajo de funcionario, el segundo pretende escribirla, el último (y remarquemos con mayúsculas lo de último) no necesita escribirla.
(NOTA: En el prólogo Julián Ríos afirma que los tres quieren escribir una biografía de Fouqué. Pero no encuentro en Momentos de la vida de un fauno ese dato. Düring, el narrador, está encargado de confeccionar un archivo de la historia general de la jurisdicción en que trabaja, aunque lo hace en su propio beneficio. Aunque se menciona a Fouqué, el narrador realiza una apología sobre Wieland, poeta contemporáneo de Fouqué)

Tres bicicletas sin nadie en ellas cruzan solitarias la calle ante los tres narradores.

Hay muchos rasgos en común entre los tres narradores… dejémoslo: Los tres narradores son el autor. El espacio en el que se desarrollan las respectivas acciones es una ficción útil, un escenario desastroso (en los tres casos) que sirve tanto para explicar el individualismo como para criticar el gregarismo.

“Quien escribe un libro debe tener muchas cosas que decir, en todo caso más de las que pueda escribir (…)
Todo escritor debería recoger a manos llenas las ortigas de la realidad y mostrárnoslo todo: las raíces negras y viscosas, los tallos verdes y venenosos, las flores insolentes. Y en cuanto a los críticos, esos sempiternos aguafiestas, parásitos del espíritu, deberían dejar de dar alfileretazos a los poetas y dar luz a su vez a una obra “distinguida”: ¡Entonces el mundo se extasiaría y exhalaría gritos de gozo!”
De “Momentos de la vida de un fauno

En el trozo que no he transcrito, habla del consejero secreto de Goethe “que nunca tuvo la menor idea de que la prosa pudiera ser un obra de arte
Ahí creo que radica la intensidad narrativa de Schmidt, en ese afán de construir una prosa poética con una estructura que apela a la discontinuidad y lo fragmentario.

Las tres novelas conforman un todo. Schmidt escribía una biografía de Friedrich de la Motte Fouqué mientras redactaba los textos que componen esta trilogía. La república de los Sabios, publicada en 1957, es una distopía postnuclear en la que critica a las esferas culturales. La lástima es que el buque-isla donde están aislados los “sabios” de lo que resta del mundo (Europa ha sido completamente devastada por la guerra nuclear) quiere ser una analogía de la separación “cultural” creada por la Guerra Fría. Aunque es interesante en ciertos aspectos y se podría considerar una continuación de Espejos negros, esta novela ha envejecido mal. Me ha decepcionado. Aunque sigo interesado en otra de sus obras, Zettel's Traum, un libro-atlas tipográficamente difícil de reproducir, basado en las obras de Edgar Allan Poe.

Esto es, pues, lo que tenemos de Arno Schmidt. Un hombre volcado en su obra, inmerso en ella, oculto en las palabras de sus narradores, dispuesto a denunciar al mundo y a defender la individualidad personal, capaz de las diatribas más furiosas contra el poder de cualquier signo y, al mismo tiempo sin que sea contradictorio, buscar la belleza poética en su prosa resentida y furiosa:

En el calmísimo aire de las huertas y marismas: a diez pasos de mí se dibujó la figura de un campesino; al principio era toda gris, como salida de una columna de humo; (luego me pareció que llevaba unos pantalones azules, aunque sus espaldas encorvadas permanecían sin colores ni contornos); las manos le pendían hacia abajo; de pronto se enderezó e hizo restallar el látigo, de suerte que el aire gimió de dolor: entonces el caballo, hecho de trozos de sombras, desapareció junto con él, y él mismo nunca había de volver a presentarse ante mi vista. (Sin duda había sido tragado por la tierra, sembrado… de alguna manera)

También de “Momentos de la vida de un fauno

Eso es Schmidt.

Traducciones de Luis Alberto Bixio (“Momentos de la vida de un fauno”), Fernando Aramburu (“El brezal de Brand”) y Florian von Hoyer y Guillermo Piro (“Espejos negros”)