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9/4/18

Homo Lubitz, de Ricardo Menéndez Salmón

Andreas Lubitz estrelló deliberadamente el avión que copilotaba, tras hacerse dueño del control del aparato, contra una montaña en los Alpes. Murieron 149 personas y Lubitz.
En 2026 David Cronenberg estrenó una película basada en el suceso.

Esto no es más que una pequeña revelación del argumento de la novela de RMS.
Lubitz como síndrome. Lubitz, Breivik, Atta... nombres que quisiéramos olvidar. Nombres unidos a rostros que millones de personas han visto. Millones de personas que creen poder reconocer en esos rostros infaustamente famosos atisbos de locura e impiedad. Rostros que son idénticos a los nuestros en las fotografías que guardamos.
Lubitz como síndrome: La total, nihilista, falta de empatía.
No se aprecia en las fotos.
Personas que para conseguir sus objetivos no dudan en sacrificar a cientos de personas.
Personas que se comportan como empresas.

El Homo Lubitz al que hace referencia el título no sería otro que aquel cuyo comportamiento a nivel personal no difiere del de una empresa: mayor rendimiento a menor precio y a cualquier coste.

¿En eso nos hemos convertido?
La Economía Mundial (esa entelequia sin ninguna base) obliga a los Estados a comportarse como Empresas. Cada Nación es evaluada en razón de los beneficios que obtiene y los gastos que genera.
El siguiente paso, obviamente, es considerar a cada ciudadano de la misma manera.

Richard O'Hara, el protagonista de la novela de RMS es un Homo Lubitz. Eficaz empleado de una corporación empresarial multinacional su vida está en cierta manera vacía de contenido. Obsesionado con los accidentes mortales, donde siempre existe un culpable o se puede inventar uno y unos objetivos, puede constatar como esa culpa se diluye y desaparece cuando el causante de esos accidentes es una Empresa o un Gobierno.
Pero no parece importarle. O sí. La complejidad del personaje se resuelve de manera brillante en la novela de RMS.
Por ejemplo, el paraíso de felicidad infantil nace de un gesto de total altruismo, el mayor que pueda efectuar un ser humano.

Homo Lubitz, de lo que he leído del autor (que no es mucho pero tampoco es poco), es la novela que más me ha gustado de RMS. No sólo porque plantea temas interesantes sobre nuestra condición, ni por su elegancia narrativa sin juicios diegéticos. Sobre todo porque es un no-velado homenaje a dos grandes autores de nuestro tiempo que han desvelado nuestros rincones más oscuros, el ya citado Cronenberg, que aparece como personaje, y Don DeLillo, cuyo estilo y temática impregna las páginas de la novela.
No es un desmérito la influencia de DeLillo en Homo Lubitz. De hecho es todo un acierto ya que esta novela es del tipo de las que nos gustaría que siguiese escribiendo el estadounidense.

Tal vez habría que hablar de la magnífica capacidad de RMS para destilar por ósmosis los estilos de otros narradores, para que sus novelas nos recuerden a las de otros autores sin dejar de ser genuinamente suyas. Por eso, tal vez, no esté suficientemente valorado en nuestra narrativa contemporánea local.