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3/11/14

Al límite, (Bleding Edge), de Thomas Pynchon

Le tomo prestada la afirmación que Juan Francisco Ferré dejó hace unos días en twitter: “Algún día los historiadores más serios recurrirán a Pynchon para entender el devenir americano en la historia occidental” y ordena las novelas de Pynchon en orden cronológico: Mason & Dixon, Contraluz, V, El Arco Iris De Gravedad, La Subasta Del Lote 49, Vicio Propio, Vineland y Al Límite.

Visto desde esta perspectiva no podemos negar que la obra de Pynchon abarca la totalidad de la historia estadounidense, desde su fundación hasta la caída de las Torres Gemelas. Sin poder afirmar que lo que hace sea novela histórica, sobre todo desde que se ha convertido en una especie de subgénero en el que tiene acogida parte de lo peor y parte de lo más vendido, sin que una cosa excluya a la otra, de la narrativa contemporánea, si podemos decir que sus “ficciones históricas”, con toda la carga de ironía y delirios fantásticos que llevan, constituyen lo que afirma Ferré, una especie de panel histórico que muestra no tanto la Historia que reflejan los textos académicos, sino esa especie de infrahistoria que no tiene cabida en ellos.

Al límite, (¡Bleeding edge, cojones!) es una panoplia de situaciones que ocurren en torno a la época del ataque al World Trade Center. Y uso deliberadamente panoplia porque muestra una serie de “armas” empleadas para desestabilizar la sociedad o para encontrar resquicios en el sistema para enriquecerse. Desde la injerencia encubierta de instituciones gubernamentales estadounidenses en Centroamérica, hasta el ataque terrorista, desde los hackers, independientes o contratados por el gobierno, hasta las burbujas financieras, desde los fraudes hasta las conspiraciones. 
Lo bueno de Pynchon es que sabe que no debe profundizar en este tipo de cosas sino mostrarlas simplemente a través de las aventuras personales de cada uno de los (¿cientos?) de personajes que pueblan la novela. Esto consigue un tono de profundidad, y quizás de denuncia, al mismo tiempo que un aire de liviandad irónica que constituye la marca personal del autor. Intenta abarcarlo todo a través de una sucesión de anécdotas y esa dualidad convierte a Al lím.. Bleeding edge en una novela amena y apreciable. Pero, lo que está claro es que no es una de las grandes novelas de Pynchon. Parece que ha decidido abandonar sus monumentales novelas “históricas” para volver, con ésta y ViciInherent Vice, a lo que ya abordó en Vineland, novelas de falso género noir que retratan una época determinada.
Sigue siendo Pynchon. Un autor, eso sí, que demanda que entres en su juego paranoico-conspiratorio y que no te pide nada más, como lector, que te entregues y disfrutes.
¿Seguro?
No. Hay algo más en las novelas de Pynchon. Algo que las hace destacar sobre el resto. Pero está oculta entre sus páginas… así que no solo disfrutes leyendo. Investiga.

(La verdad es que los que admiramos a Pynchon acabamos pareciendo miembros de una secta. Somos lectores fanáticos y, por tanto, poco fiables cuando recomendamos una de sus novelas. Somos lectores paranoicos dispuestos a creer toda conspiración que Pynchon desvela. Y lo somos porque la realidad siempre nos sorprende imitando a la ficción. Tengo que confesar una cosa, creo haber visto a Mohamed Atta en 2001. Y eso que podría parecer algo descabellado coincide con la cronología de sus pasos por el mundo… tal vez Atta, su fotografía, se haya instaurado en el subconsciente colectivo tras los ataques al WTC… pero comparto esa seguridad, la de haberle visto, con otra persona de absoluta confianza… y ahora la protagonista de Al lím… de Bleeding Edge también puede haber coincidido con Atta… o es otra broma de nuestro conspiranoico favorito:  

Ya en el taxi de vuelta a casa, por la radio suena una ruidosa cháchara en árabe, que Maxine al principio toma por un programa de llamadas de oyentes, hasta que el taxista coge un auricular y se une a la charla. Ella mira la tarjeta de identificación fijada en el plexiglás. La cara de la fotografía es demasiado borrosa pata distinguirla, pero el nombre es islámico, Mohammed no sé qué. 

Es como oír una fiesta desde la habitación de al lado, aunque Maxine se fija en que no hay música ni risas. Emoción intensa, sí, pero más cerca de las lágrimas o la rabia. Hombres que se pisan al hablar, gritando, interrumpiéndose. Un par de las voces podrían ser femeninas, aunque más tarde le parecerá que pertenecían a hombres de voz aguda. La única palabra que Maxine reconoce, y la oye más de una vez es Inshallah.

 —“Lo que sea” en árabe —dice Horst asintiendo con la cabeza. 

Están parados en un semáforo, esperando. 
—Si Dios quiere —le corrige el conductor, medio volviéndose en su asiento, de manera que Maxine de repente puede mirarle directamente a la cara. Lo que ve en ella hará que le cueste conciliar el sueño. O al menos así lo recordará”)

De la traducción de Bledding Edge, Al Límitede Vicente Campos, para Tusquets.

Ah, y aquí un agradecimiento autoreferencial a José Luis Portero, lector razonablemente cabreado, por su búsqueda del fragmento correcto:

29/4/11

Contraluz , de Thomas Pynchon: Dudas

En El mundo invertido, Christopher Priest plantea una inmensa ciudad de madera cuyos habitantes deben mantenerla en movimiento continuamente. Eso ocurre, y aquí desvelo algo de la trama, los habitantes de la ciudad de Priest se desplazan en los parámetros de una geometría hiperbólica y ocurre que, a escala local (humana), los distintos tipos de geometría, hiperbólica, elíptica y euclideana, puede asumirse que coinciden, llevándonos al error de aceptar lo local y su representación euclideano-tridimensional como modelo del Universo.. No debe extrañarnos: Vivimos en una esfera y sin embargo a escala local consideramos que habitamos un plano. El lenguaje está plagado de esos errores: la única línea recta que une, por ejemplo, Barcelona con Paris pasa ineluctablemente por debajo del suelo. Los planos, los mapas, son traslaciones bidimensionales del mundo real.
Lobachevski y Riemann están presentes en Contraluz. Y tratándose de Pynchon no está de más recordar, por lo anteriormente dicho, que la Línea Mason-Dixon no es una recta. A pesar de eso los personajes de Contraluz, con ligeras fluctuaciones, parecen moverse en la línea este-oeste, prolongando, a lo largo de Estados Unidos y atravesando el Atlántico, la línea que trazaron los topógrafos y que era el tema principal de la novela Mason y Dixon.

Mi duda radica en cómo sería posible descubrir si los personajes de Contraluz están condicionados por el universo en que se desenvuelven, si sería posible averiguar cuál de ellos habita un universo lobachevskiano, cuál se desplaza en una geometría riemanniana y si los lectores necesariamente estamos asentados en un universo euclideano. Me da la sensación de que más que nunca en Contraluz, los personajes y la propia narración de Pynchon se mueven en marcos geométricos distintos a los que presumimos, incluso ese recurso le sirve a Pynchon para recordarnos que nuestras percepciones nos engañan continuamente.





La cosa se complica después de este fragmento:

De hecho, los Cuaterniones fracasaron porque pervirtieron lo que los vectoristas creían saber de las intenciones de Dios: que el espacio es sencillo, tridimensional y real, y que, de existir un cuarto término, uno imaginario, se asignaría al Tiempo. Pero los Cuaterniones llegaron y le dieron la vuelta al planteamiento, definiendo los ejes del espacio como imaginarios y dejando que el Tiempo fuera el términoreal, y también escalar..., simplemente inadmisible. Por descontado, los vectoristas fueron a la guerra. Nada de lo que sabían del Tiempo permitía que éste fuera tan sencillo, como tampoco podían permitir que el espacio se viera comprometido por números imposibles, el espacio terrenal que habían luchado por penetrar, por ocupar, por defender desde hacía incontables generaciones.

Contraluz, Thomas Pynchon; traducción de Vicente Campos

Recordemos que los ijks (“vagabundos que plantan sus tiendas de trabajo tan sólo mientras lo exija el problema, luego levantan el campamento y siguen adelante, siempre ad hoc y localmente, ¿qué esperabas?”) son la base de los cuaterniones


Está grabado en piedra en Brougham Bridge, un puente de Dublín que, curiosamente, no aparece en el Ulises:

Here as he walked by
on the 16th of October 1843
Sir William Rowan Hamilton
in a flash of genius discovered
the fundamental formula for
quaternion multiplication
i² = j² = k² = ijk = −1

¿Quiere decir todo esto que Contraluz representa la rotación en un espacio de tres dimensiones de la narración? Y si eso fuese así, y quizás esta fuese la pregunta que más nos interesaría que fuese respondida, ¿el centro de rotación es Pynchon o el lector?

26/4/11

Contraluz (fragmento)



—Observamos el mundo, los gobiernos de todo el espectro, algunos con más libertad, otros con menos. Y vemos que, cuanto más represivo es el Estado, más se parece la vida a la Muerte. Si morir es sumirse en la no-libertad total, entonces el Estado tiende, en el límite, a la Muerte. El único modo de resolver el problema que plantea la existencia del Estado es utilizar la contra-Muerte, también conocida como Química — dijo Flaco.
Era un superviviente de las luchas anarquistas en no pocos lugares a ambas orillas del Atlántico, especialmente en Barcelona, en la década de los noventa. Provocada por la bomba del Teatro Liceo durante una interpretación de la ópera de Rossini Guillermo Tell, la policía había detenido no sólo a anarquistas sino a cuantos pudieran oponerse en cualquier sentido al régimen, o siquiera pensarlo. Se detuvo a miles, a los que se mandó «montaña arriba» a la fortaleza de Montjuic, que se agazapaba como un matón sobre la ciudad, como si acabara de asaltarla, y cuando los calabozos estuvieron llenos se mandó a los presos encadenados a buques de guerra reconvertidos en barcos prisión que permanecían anclados en el puerto.
—La jodida policía española —dijo Flaco—. En Cataluña son un ejército de ocupación. Todos los presos del 93 que no eran anarquistas antes de que los llevaran a Montjuic llegaron rápidamente a la misma conclusión. Fue como reencontrar una antigua religión, casi caída en el olvido. El Estado es el mal, su derecho divino procede del mismísimo Infierno, y al Infierno es adonde todos íbamos. Algunos salieron de Montjuic destrozados, moribundos, sin genitales sanos, intimidados hasta el silencio. Los látigos y los hierros incandescentes son ciertamente eficaces para esa labor. Pero todos nosotros, incluso los que habíamos votado y pagado nuestros impuestos como buenos burgueses, salimos odiando al Estado. E incluyo a la Iglesia, los latifundios, los bancos y las empresas en esa palabra obscena.

Contraluz , Thomas Pynchon; traducción de Vicente Campos.

8/4/11

Contraluz, de Thomas Pynchon



Corría la voz de que Michelson y Morley no habían encontrado la menor diferencia en la velocidad de la luz al ir, venir o pasar de lado con relación a la Tierra desplazándose a lo largo de su órbita. Si había Éter ahí, en movimiento o en reposo, no tenía el menor efecto sobre la luz que transportara. El humor en las cantinas frecuentadas por los eteristas se tornó cada vez más sombrío. Como si tuviera la misma sustancia que una invención o una batalla, el resultado negativo ocupó su propio lugar en la historia de Cleveland, como otro de los misterios revelados de la luz.
—Es como esos cultos que creen que el mundo acabará el día tal y tal —comentó Roswell—, se deshacen de todas sus posesiones terrenales y se dirigen en grupo a la cima de alguna montaña a esperar, y entonces el fin del mundo no llega. El mundo sigue girando. ¡Menuda decepción! Todos tienen que descender aprisa la montaña con el rabo espiritual entre las piernas, salvo uno o dos idiotas incurablemente sonrientes que lo ven como una oportunidad para empezar una nueva vida, a partir de cero, sin estorbos, de hecho, para renacer.
-Y eso ocurrió con el resultado de Michelson-Morley. Todos hemos invertido mucha fe. Y parece que el Eter, tanto en movimiento como inmóvil, sencillamente no existe. ¿Qué hacemos ahora?
—Mantener la opinión contraria —dijo O.D. Chandrasekhar, que había venido a Cleveland desde Bombay, India, y no hablaba mucho, pero cuando lo hacía, nadie tenía la menor idea de qué quería decir—. Este resultado nulo puede interpretarse igual de fácilmente como una prueba de la existencia del Éter. Ahí no hay nada, pero la luz viaja. La ausencia de un medio que transporte la luz es el vacío de lo que en mi religión se llama akasa, que es la base o el fundamento de cuanto imaginamos que «existe».
Todo el mundo guardó silencio un momento, como reflexionando sobre sus palabras.
—Lo que me preocupa —dijo Roswell por fin— es que el Éter acabe siendo algo parecido a Dios. Si podemos explicar cuanto queremos explicar sin él, entonces, ¿por qué conservarlo?
—A menos... —señaló Ed— que sea Dios.

Contraluz, Thomas Pynchon, traducción de Vicente Campos