6/9/15

Dogma, de Lars Iyer

Alguna vez me he preguntado (y he preguntado) cómo debería ser la narrativa contemporánea. Todos parecemos saber cómo NO debería ser, pero tenemos vagas nociones de cómo debería ser.
Por suerte, Iyer parece tener similares inquietudes y lanza en Dogma una serie de propuestas para la narrativa del siglo XXI.
Como no podía ser de otra manera, un Lars apela a otro Lars. Iyer a von Trier:

“El cine ha de descender a la cotidianidad, y contar historias sobre la cotidianidad, eso es lo que exigía Dogma 95, dice W. El cine ha de preocuparse de la realidad. Del amor. De la muerte. «¡Pathos!», dice W. «¡Todo va del pathos!»”

Estas son, según W., según Iyer, las reglas, el Dogma narrativo:

Primera regla: Dogma es espartano.
Segunda regla: Dogma es Pathos.
Tercera regla: Dogma es sincero.
Cuarta regla: Dogma es colaborativo.
Quinta regla: Dogma practica el plagio.
Sexta regla: Dogma es personal.
Séptima regla: Habla siempre de monjas, y de perros.
Octava regla: Emplea términos griegos que apenas entiendas.
Novena regla: El dogmatista ha de estar siempre borracho.
Décima regla: Dogma ha de ser sobrio.

“¿Cuántas reglas tenemos ya?, se pregunta W. Dogma es colaborativo, de esa se acuerda. Dogma es claro, ¿dijimos esa? La presentación debe ser inteligible para todo el mundo. (…) Dogma es fundamentalmente democrático, dice W.Dogma es personal, en esa ya estábamos de acuerdo, dice.(…)Dogma es reticente (…) lo dicho no se publica. ¡Desprecia la publicación! ¡Publicar es de tontos! Por otra parte Dogma es estudioso.(…)Dogma es apocalíptico.(…)Dogma está de parte de quienes sufren (…) Dogma es un movimiento defensor.(…) Dogma es periférico (…) Dogma rehuye el centro, dice W.Por eso no debemos olvidar que Dogma es asertivo.(…)Una última regla, una especie de meta-regla, dice W.: Dogma es experimental. Pueden añadirse más reglas pero sólo mediante la experiencia de Dogma”

Es Dogma una novela Dogma. Pues al igual que el otro Lars (y no olvidemos que aquí hay tres Lars en juego, Iyer, von Trier y el personaje que acompaña a W.) abandonó Dogma 95, Iyer abandona sobre la marcha, en la misma novela, las reglas que postulan sus personajes. De hecho, las reglas adquieren plena validez cuando se las abandona. No hay cosa más inútil, digo yo a título personal, que un decálogo, a no ser que esté diseñado de forma que no se vayan a acatar nunca sus consejos.

Así pues, ¿qué es Dogma? Pues es la inteligente continuación de las histriónicas aventuras de W. y Lars, Magma.
Esta segunda novela de Iyer es de nuevo un lamento (exagerado, impostado, sí, pero sincero) sobre la degradación del pensamiento actual, sobre nuestra condición de sociedad pre-apocalíptica y sobre nuestra voluntaria estampida hacia el abismo.

Herzog, Kafka, Walser, Howlin' Wolf, Jandek, el Oulipo, el Mahabharata, el capitalismo, la religión y muchos otros deambulan por la novela de Iyer junto a sus dos (¿idiotas?) personajes, mientras que las ratas sustituyen al agua que degradaba física, pero alegóricamente, el apartamento de Lars en Magma.

El pollo bailarín

Pulsa en la imagen:


“¿Cómo es que nuestra idiotez nos sorprende aún?, se pregunta W. ¿Es que aún albergamos la esperanza de vencer a nuestra idiotez?"

Dirán que es una novela magnífica e inclasificable... ¿inclasificable? Es una novela Dogma, no hay más que decir.
Avanzamos en la dirección correcta.


Los fragmentos de la traducción de José Luis Amores, para editorial Pálido Fuego.

1 comentario:

kovalski dijo...

Magma estaba bien pero Dogma es espantosa, saludos