8/6/14

"No zones but the Zone", un texto para el especial Pynchon, Quimera nº 326, enero 2011

Este texto apareció en el número 326 de Quimera. Hoy, seguramente lo hubiese escrito de otra manera o, directamente, no lo hubiese escrito.

"No zones but the Zone"

Elementos de ciencia-ficción como contexto diegético en Nabokov, Pynchon y Foster Wallace


No lo negaré pues está escrito por ahí y aún a riesgo de ser redundante explicando las dificultades que encierra la lectura de las novelas de Thomas Pynchon hay que entender que lanzarse de cabeza, sin apenas referentes, sin otras lecturas previas del autor, a Gravity’s Rainbow es equivalente a suicidarse como lector.
Espero que estas circustancias sirvan para justificar que tras mi primer encuentro con Pynchon escribiese una reseña en la que califiqué su novela de excesiva y monstruosa tanto por su extensión como por su tema, y que dijese que a pesar de eso resultaba trivial. No era más, dije, que una acumulación, pretendidamente joyceana, de textos apenas entrelazados por el hilo común de La Zona.
Pero ya en ese entonces, tras esa primera lectura, reconocía que La Zona era el mayor acierto de la novela: Un territorio concreto que seguía los criterios personales (irónicos y atemporales) de Pynchon. Slothrop, el protagonista de Gravity’s Rainbow condicionado como un perro de Paulov a una respuesta sexual ante el olor del combustible impulsor de los cohetes que asolan Londres durante la segunda Guerra Mundial, se verá envuelto en distintas peripecias a través de La Zona, una búsqueda con un contenido común determinado por el abuso de drogas, por distintas aberraciones sexuales, con la música como elemento omnipresente de atrezzo y por un completo sinsentido narrativo que en cierta manera llega a abrumar. Acompañando a Slothrop a través de La Zona visitamos la Europa devastada por la guerra. La región centro-europea está a merced de las tropas de distintos países, un escenario del que muchos huyen y donde otros intentan obtener ganancias. La Zona es un espacio sin control, totalmente desgobernado, en el que se mueven distintos grupos de personas con un objetivo común: Hacerse con el control del V-2, el más poderoso misil fabricado, el que traza en el cielo una parábola a causa de la gravedad, un arco iris de combustible quemado.  
Las intenciones de Pynchon en Gravity’s Rainbow era mostrar un sistema social anárquico en el que todo funciona por compartimentación en el que cada grupo, más o menos organizado actúa como ente independiente. Personajes de distintas nacionalidades se desplazan por La Zona, que se convierte así es un lugar de éxodo, retorno, acciones absurdas y misiones bélicas descabelladas. Puede recordar a la Europa Central de 1945, pero no es un lugar real, histórico. Es el marco narrativo en el que Pynchon desarrolla su narrativa cinética, desbordada y desmesurada, el entorno perfecto que le permite saltar de un personaje a otro, de una situación a otra aún más absurda, en una acumulación de digresiones y saltos temporales que anticipa la narrativa contemporánea, sea esta literaria, cinematográfica o televisiva.

But here in the Zone categories have been blurred badly. The status of the name you miss, love, and search for now has grown ambiguous and remote, but this is even more than the bureaucracy of mass absence: some still live, some have died, but many, many have forgotten which they are. Their likenesses will not serve. Down here are only wrappings left in the light, in the dark: images of the Uncertainty. . .

Las categorías se han confundido, sólo quedan imágenes de la Incertidumbre.

Tuve que leer Vineland, Mason & Dixon y V., para entender que esa es precisamente la característica principal de la narrativa de Pynchon: La confusión de categorías, la plasmación de sucesivas imágenes de la incertidumbre, una amalgama coral de personajes cuyas acciones compartimentadas son narrativamente anárquicas, en cuanto a desarrollo, línea temporal y género, y que conforman, por acumulación y partiendo del axioma de la confusión,  el todo que es la novela.

Tuve que leer otras novelas de Thomas Pynchon para darme cuenta de cómo funcionan estructuralmente sus novelas, pero fue finalmente la lectura de Infinite Jest, de David Foster Wallace, la que me mostró lo equivocadas que fueron mis impresiones iniciales.

En Mason & Dixon, los protagonistas están encargados de trazar la división entre los territorios que en 1732, controlaban los Penn y los Calvert. Es una línea trazada entre los paralelos 39 y 40, una línea inexistente, una línea esotérica, una frontera imaginaria que separa arbitrariamente el norte del sur, y durante su trazado a Mason de Dixon.
El astrónomo y el topógrafo trazan una línea donde antes no había nada, roturan la tierra, desbrozan el terreno, dibujan sobre el mapa una frontera que, a partir de entonces, dotará de carácter contrapuesto a los habitantes de cada uno de los lados. Crean la línea a través de la cual se articulará la historia. Construyen, en cierta manera, la historia.
Y de eso trata, más o menos, Mason & Dixon, de opuestos que se complementan: La Razón contra la Irracionalidad mística, mágica y religiosa; la precisión astronómica contra la salvaje naturaleza; la lógica contra la imaginación.
De alguna manera todo eso se contradice dentro de la propia narración. Pynchon mezcla los elementos que se oponen de forma que aparezcan complementándose, sin anularse mutuamente, conviviendo en un espacio neutral, en una tierra de nadie creada por la Línea, que construyen a su alrededor los propios Mason y Dixon. Como si a los personajes los envolviese el espíritu de cambio propio de su época, como si con sus precarios y aparatosos instrumentos de medición estuvieran atrayendo la atención de ese mundo ilusorio que pretenden abolir. Como si los relojes y los complejos observatorios astronómicos atrajesen todo aquello que en principio se opone al pensamiento racional.
Y, al mismo tiempo, Pynchon opone, de forma que se complementan, el relato histórico de la narración literaria, aboliendo el tiempo histórico y los géneros.
En Infinite Jest, Foster Wallace actúa de forma opuesta (complementaria, por tanto) a Pynchon, crea una realidad futura (aunque ahora corresponda con nuestro presente) compleja y elaborada. La Zona de Gravity’s Rainbow o la línea de Mason & Dixon son sustituidos en Infinite Jest por tres escenarios de acción: la Academia Enfield de Tenis, la Ennet House para la Rehabilitación del Alcohol y las Drogas y, geopolíticamente, la ONAN, Organización Norteamericana de Naciones. Los dos escenarios locales funcionan a nivel de “realidad”, mientras que el otro escenario,  como La Zona o La Línea, funciona como espacio narrativo libre y anárquico, con sus elementos cercanos a los recursos de género fantástico. Pero con la particularidad de que apenas existe interacción entre la “realidad” de Incandenza y Gately con el macrouniverso de la ONAN, el Tiempo Subsidiado y La Gran Concavidad-Convexidad (salvo a través de los terroristas canadienses en silla de ruedas, pero, recordemos, la novela termina cuando los hilos narrativos empiezan a juntarse) El entorno geopolítico ficticio que propone el autor en Infinite Jest es una excusa para la digresión, un trasfondo narrativo importante y con unas normas establecidas, pero que, en cierta manera, se podría considerar innecesario si nos centramos en las historias de Incandenza y Gately, de igual manera que los trasfondos históricos de Pynchon sirven de escenario para desarrollar su vigorosa narrativa contemporánea. El entorno socio-político en el que desarrolla en Infinite Jest puede ser similar en intenciones al empleado por Pynchon en sus novelas: Un espacio atemporal en el que el presente del autor-lector modifica la realidad del pasado histórico (o del futuro posible en caso de Infinite Jest). No se trata de ser riguroso con la realidad histórica, sino consecuente y coherente con el ámbito de lo real en el presente de la escritura-lectura.

Seguro que se puede cuestionar si es lícito suponer a David Foster Wallace heredero de la narrativa de Pynchon. Alegar que la escena que transcurre el 1 de mayo ARIAD en Tucson entre Marathe y Steeply es similar a la que mantienen en V. Margravine di Chiave Lowestein con (curiosa similitud) Stencil, o que el padre de Steeply es presentado como adicto a la serie M*A*S*H., al igual que Héctor Zuñiga, personaje de Vineland lo es a la televisión en general, son argumentos débiles que no implican nada. Referencias escondidas, sutiles homenajes, descuidos inconscientes. Especulaciones que seguramente nada tienen que ver con las intenciones de los autores, con la realidad.

“Realidad”, en el contexto de la literatura, es un concepto peligroso. Y aquí entra en escena  el tercer actor, Vladimir Nabokov. En sus notas a Lolita deja su frase célebre sobre cómo debe escribirse realidad:

El libro se desarrollaba lentamente, con muchas interrupciones y digresiones. Me había llevado unos cuarenta años inventar Rusia y la Europa Occidental, y ahora debía inventar Norteamérica; obtener los ingredientes locales que me permitirían agregar una pizca de «realidad» (palabra que no significa nada sin comillas) corriente al fermento de la fantasía individual, que a los cincuenta años de un proceso mucho más difícil que en Europa, durante mi juventud, cuando la retención y receptividad estaban en su apogeo.

Si reflexionamos sobre lo que significa “realidad” en el campo de la narrativa, tal vez debamos aceptar la indicación de Nabokov de escribir la palabra entre comillas. Así pues no es extraño que, como alumno de Nabokov, Pynchon aplique ese aforismo. Y si “realidad” debe escribirse entre comillas cuando hablamos de literatura, entonces todo es posible en la “realidad narrativa”, con lo que quedan abolidas las exigencias de la rigurosidad histórica y de la precisión cronológica.

Pero, quizás, Nabokov empezó a desarrollar el concepto de Zona, mucho después de abandonar sus clases magistrales en Cornell. Siempre sorprende la meticulosidad descriptiva de Nabokov. Su estilo ha sido calificado de preciso, exquisito, suntuoso e incluso barroco. Sobre todo ello, como elemento distintivo, destaca la precisión detallista de sus descripciones, que en muchas ocasiones puede resultar obsesiva e innecesaria, pero que siempre tiene un objetivo determinado.
En Ada or ardor Nabokov, sin renunciar a la meticulosa descripción, es más concienzudo, extenso y preciso. De la construcción del reino de Zembla, desarrollada en su anterior novela, Pale Fire, pasa a la construcción de todo un planeta como territorio narrativo. En Antiterra o Demonia, las dos denominaciones del mundo creado por Nabokov, los personajes se mueven en un entorno espacial, social y político que mezcla rasgos de Rusia y Estados Unidos, pero con la salvedad temporal de que todo en Antiterra, el planeta especular a Terra, que quizás sea nuestro propio planeta o quizás una distorsión de nuestra “realidad”, sucede con cincuenta años de antelación respecto a Terra. Aún estando escrita en inglés Nabokov no emplea el término “earth” para referirse a “nuestra realidad”, sino Terra como antítesis del mundo donde se desarrolla la historia de Ada or ardor, cuya designación dual se suma a la infinitud de simetrías y oposiciones que encierra la novela.

Subvertir la realidad histórica y especular sobre la posible evolución de la sociedad es un recurso de género ampliamente usado en ciencia-ficción. Esto implica que en los círculos tradicionales sea considerado un recurso menor, de serie B, de consumo popular. Vladimir Nabokov tuvo la osadía de emplear recursos narrativos de género y dignificarlos en su obra más ambiciosa y, al mismo tiempo, romper la barrera clasista de los géneros literarios abriendo camino a la hibridación narrativa que constituirá uno de los rasgos destacables de la literatura contemporánea. Así que es posible decir que no se puede entender a Pynchon sin Nabokov, en el sentido de que el ruso abrió un camino con la ruptura de la rigidez de los géneros.


Sí, ya decía arriba que enfrentarse a Pynchon sin cierto entrenamiento supone un suicidio como lector… lo reconozco, es un mal chiste. "No zones but the Zone" y solo hay una Zona, sea ONAN, Antiterra, la Línea o la propia Zona, la de la literatura.

2 comentarios:

neordental dijo...

Hola Portnoy, tengo una duda y no sabía donde preguntarte, así que te la suelto aquí.

Todo el mundo sabe que Pynchon fue alumno de Nabokov, aunque este no se acordara, pero a su mujer le resultaba familiar su caligrafía y bla bla bla. Lo que me interesa es: ¿se tiene testimonio de lo que opinaba Vlads de él como escritor? ¿Algún juicio de 'El arco iris de la gravedad' o sus otras 2 primeras novelas?

Son dos genios que me fascinan (el ruso demás como crítico, comparto mucho su visión del arte) y me encantaría saber si se sabe algo del tema.

Saludos y gracias!

Portnoy dijo...

Alfred Apple le pregunta a Nabokov sobre varios autores contemporáneos, entre ellos Pynchon de quien el entrevistador dice que "seguramente figuraba en el curso Literature 312" (Apple también había sido alumno de Nabokov) Vera Nabokov comenta que recuerda la extraña letra de Pynchon, en una nota a pie de página de Apple en la entevista. La respuesta de Nabokov fue "No conozco la obra de Pynchon"
Y me temo que eso es todo, una anécdota. No recuerdo ninguna mención más de Nabokov a la obra de Pynchon, ni creo que le interesase demasiado.
Supongo que si hubiese habido alguna mención más, los hagiógrafos de Pynchon ya la hubiesemos recogido y pulido convenientemente.
Un enlace a un artículo sobre Pynchon y Nabokov

http://revel.unice.fr/cycnos/document.html?id=1475

Un saludo y gracias por tu comentario