14/10/12

Los pobres, de William T. Vollmann

Los mendigos, sobre todo los que no carecen de cierta nobleza, deberían pedir limosna sin dejarse ver, por medio de los periódicos. En teoría, y siempre de lejos, uno puede amar a su prójimo; pero de cerca es casi imposible. Si las cosas ocurrieran como en los escenarios, en los ballets, donde los pobres, vestidos con andrajos de seda y jirones de blonda, mendigan danzando graciosamente, los podríamos admirar. Admirar, pero no amar... (Ivan en Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoyevski)

En la parte final del libro, Vollmann aclara su posición ante el tema que ha desarrollado. En comparación a todas las personas que ha descrito en Los pobres y respecto a aquellas que acampan al lado de su casa (y la asedian de alguna manera) Vollmann es consciente de que es una persona rica. Pero también nos recuerda que, salvo alguna excepción, probablemente los lectores de Los pobres también somos personas ricas. Más que en sus viajes por todo el mundo y sus entrevistas con personas de pocos o escasos recursos, a los que preguntaba por qué eran pobres y por qué creían que había ricos y pobres, donde se revela la hipócrita y condescendiente relación entre pobres y ricos es en la relación, casi una especie de lucha, que Vollmann intenta establecer con los indigentes que acampan al lado de su casa. 

Era amable con ellos en cosas que me costaban poco. Después cruzaba el aparcamiento y les cerraba la puerta de acero en las narices. ¿Era eso correcto?” 

Así esta serie de entrevistas por todos los rincones del planeta con personas empobrecidas se convierte en una reflexión moral sobre nuestra actitud ante los pobres. ¿Apela entonces Vollmann, al demostrar la ineficacia de las acciones individuales, acciones paliativas temporales sujetas a consideraciones éticas y morales, a la necesidad de atajar el problema de la pobreza desde el Estado? La solidaridad y la limosna (palabra que creo no emplea Vollmann) son lenitivos que acallan la conciencia y no solucionan el problema. 

“Si vuelven a todo el mundo más pobre la economía se empobrece”, pero ¿y si solo empobrecen a algunas personas? Alguien que explota a otros con el fin de reducir el coste de fabricación de su producto, todavía precisa la existencia de personas que sean lo bastante ricas para comprarlo. Pero no veo ningún motivo por el que debería resultar impráctico (es decir, no rentable) contratar a trabajadores por una miseria para producir un artículo con miras a venderlo a pobres por una miseria más un 10 por ciento. En pocas palabras, el interés personal no me exige enriquecer a mi vecino. Simplemente dejarle “la última gota”. Si aun así decido ayudarle, no hago sino complacerme a mí mismo. 

¿Es entonces Los pobres un libro marxista? Es, en todo caso, tal y como reconoce Vollmann, un libro escrito desde la perspectiva de quien no es pobre, con la paradoja a todos los niveles que ello conlleva. Y los lectores, también no-pobres, cerramos el libro de la misma manera que Vollmann cierra su puerta de acero en las narices de los sin techo que acampan junto a su casa. 

“Para Thoreau soy un miembro de “esa clase en apariencia acaudalada pero que es la más terriblemente empobrecida de todas, los que han acumulado basura, pero no saben cómo usarla o librarse de ella y, por tanto, han forjado sus propias cadenas de oro y plata” (…) En cuanto a mí, me considero perteneciente a la clase afortunada. Al cerrar mi puerta de acero en las narices de los problemas ajenos, me retiro al interior de mi cráneo, donde a veces no logran penetrar ni mis propios problemas” 

Vollmann es consciente de que su discurso al tratar un tema tan delicado puede derivar a tonos mesiánicos, paternalistas o cínicos, hipócritas en suma, visiones de la vida quizás bien recogidas por Dostoyevski en Los hermanos Karamazov, sobre todo. Consciente de esa indeseada deriva, consciente de estar escrito (y leído) por alguien perteneciente a la clase afortunada, lo que ha hecho Vollmann en Los pobres es poner rostro y nombre a todas aquellas personas pobres a las que ha podido acercarse y entrevistar, intentando despojar a esas personas de su halo de Invisibilidad que les conferimos al pasar por su lado sin mirarlas, nos acerca a su Deformidad y su Dolor, intransferibles y alienantes. Personaliza a esas personas que no queremos ver. Las sitúa en le mundo, nos muestra sus imágenes. Vollmann además explora los contextos de esa pobreza, desde la explotación salvaje de recursos en las antiguas repúblicas soviéticas, pasando por los efectos de la crisis financiera de Japón, la indefensión de las mujeres bajo el régimen talibán o la inherente pobreza africana resultado del expolio colonial y las recurrentes guerras. 
De alguna manera Vollmann nos muestra lo que somos, lo que nuestra sociedad en el fondo es. 


“Burqa, baby, hand, Peshawar, 2000” Photo by William T. Vollmann from his book “Poor People” FOR USE WITH BOOK REVIEW ONLY Photo: William T. Vollmann / SF

5 comentarios:

J. M. dijo...

Vollmann es, probablemente, uno de los escasos "genios" que todavía nos quedan; y, a mi modo de ver, lo que distingue al genio es el rigor, el rigor estricto, sin fisuras

cirugia plastica de nariz dijo...

excelente blog!!! soy amante de la literatura de Poirot y tus post son una revelacion para mi!
felicitaciones por el contenido y por la dedicacion que le pones a tus post
saludos

Blumm dijo...

Buscaba otro de Vollmann pero introduje en tu buscador el apellido --y me perdonarás--, no había leído esta magnífica entrada. Busco Raimbow Stories que creo que tampoco lo ha traducido nadie, como siempre. ¿o sí? Sigo investigando.

Anónimo dijo...

Habéis leído La Familia Real de Vollmann alguno? no se ha traducido al español, pero en inglés y en francés podéis encontrarla. Terrible...hipnótica....

Anónimo dijo...

http://www.palidofuego.com/la-familia-real-william-t-vollmann/

Ya en español.