2/9/12

Los inconsolables, de Kazuo Ishiguro (fragmento)

Vi con cierto alivio que se trataba de un clásico de la ciencia ficción: 2001 una odisea del espacio..., una de mis películas favoritas que jamás me he cansado de volver a ver.
Tan pronto como aparecieron en pantalla las impresionantes secuencias del mundo prehistórico, sentí que me relajaba y no tardé en abandonarme cómodamente a la magia del filme. Estábamos ya en la parte central de la trama – con Clint Eastwood y Yul Brynner a bordo de la nave espacial, rumbo a Júpiter- cuando oí que Sophie decía a mi lado:
-Aunque el tiempo podría cambiar, por supuesto.
(…)
(seis páginas después)
... mi atención había vuelto de nuevo a la película. Clint Eatswood se comunicaba ahora con la Tierra a través de micrófono. Hablaba con su esposa y las lágrimas le resbalaban por la mejilla. Me di cuenta que nos acercábamos a la famosa secuencia en la que Yul Brynner entra en la sala y pone a prueba la rapidez en sacar el revólver de Eastwood dando una palmada ante él.
(…)
(en el siguiente capítulo)
- Pero señor Ryder
(…) no se vaya aún. Debería quedarse hasta que el astronauta desmantele el HAL, al menos...
(…)
Al salir de la sala, eché una última mirada a la pantalla y vi a Clint Eastwood preparándose para desconectar el HAL, mirando atentamente su enorme destornillador.
Los inconsolables, de Kazuo Ishiguro; traducción de Jesús Zulaika para Anagrama.



(Al final de la película Clint Eastwood se convierte en el Vigilante de la Tierra y, con su enorme destornillador, mantiene reaccionarios diálogos con sillas vacías)