27/11/10

La maleta, de Sergei Dovlatov

La vida es una colección de objetos inútiles que acumulamos y de la que nos cuesta desprendernos. Cuando Dovlatov abandonó la Unión Soviética únicamente le permitieron hacerlo con una maleta. Lo que contenía es el germen de los relatos que componen el libro La Maleta editado por Labreu en catalán.
Una vez leído el libro y comprobar el contenido de la maleta de Dovlatov no puedo dejar de preguntarme qué contenían las otras dos maletas de las que tuvo que prescindir. La otra pregunta es qué persona elije para abandonar definitivamente su país una maleta llena de artefactos inservibles. La respuesta a la primera pregunta es irrelevante. La respuesta a la segunda se encuentra dentro del texto:

A todas las tentaciones y horrores de la vida contraponíamos nuestro único don: la indiferencia.

La indiferencia es fundamental en la forma de narrar de Dovlatov. Todos los paradigmas del escritorio tienen cabida en su estilo. No narraba para plasmar la realidad, ni para satisfacer una pulsión vital, ni obedeciendo a una vocación, ni siguiendo una tradición, ni rebelándose contra un sistema opresor, ni siquiera para crear otro mundo que sustituyese al mundo. Da la sensación de que escribía porque no sabía hacer otra cosa. Y que hubiese sido absolutamente igual no escribir. Incluso que hubiese preferido no hacerlo. Escribía con la misma indiferencia que servía de motor a la vida en común con la madre de su hija.
Pero en el texto descubriremos como esa indiferencia se ve cuestionada.
Entonces escribir.
Escribir sobre los trastos olvidados en una maleta, convertirlos en foco narrativo, reconstruir una vida por los pocos andrajos rescatados de una maleta relegada al fondo de un armario: Un traje, una camisa, unas botas, una chaqueta de pana, un gorro de piel de foca, tres pares de calcetines sin usar, unos guantes y un cinturón militar.

En la parte interior de la tapa había fotografías enganchadas: Rocky Marciano, Armstrong, Joseph Brodsky, la Lollobrigida con ropa interior transparente. El aduanero había intentado arrancar a la Lollobrigida con las uñas. Sólo había conseguido arañarla. (…)
En el fondo de la maleta había una página del Pravda del mes de mayo de 1980. Un titular grande proclamaba: “¡Larga vida a la gran doctrina!” En el centro había un retrato de Karl Marx.
(…)
Observé la maleta vacía. En el fondo Karl Marx. En la tapa, Brodsky. Y, entre ambos, una vida perdida, única y sin precio.

La narración de La maleta, la sucesión de relatos que implica a cada una de las prendas de ropa encontradas entre Marx y Brodsky, no intenta recuperar esa vida perdida. Es la narración de esa pérdida, de las condiciones por las que esa vida única y sin precio se perdió. Pero no se trata de gritar contra un sistema injusto, ni de acusar a los ejecutores, ni tan siquiera de denunciar el pasado ideológico de la Unión Soviética. Recordemos, la indiferencia es lo que Dovlatov deja traslucir. Las cosas fueron así, no hay que darle más vueltas, parece decir el autor. Incluso narrar esos sucesos es una de esas “cosas que son así”. Ni los hechos ni su narración tienen en el fondo importancia. Son cosas que pasan.
Y podríamos aceptarlo si no fuera porque otra de las características fundamentales de Dovlatov es la ironía.

(…) Empecé (a trabajar) como aprendiz de un entallador. Decidí aferrarme al campo de la escultura monumental.
Por desgracia la escultura monumental es un género muy conservador. La causa es su misma monumentalidad.

(…) me nombraron (para representar) a Papá Noel. (…) Me engancharon una barba y me dieron un gorro peludo, una chaqueta larga y un cesto lleno de regalos. Entonces me hicieron salir al escenario.
La chaqueta me iba corta, el gorro olía a pescado. Casi me había quemado la barba encendiendo un cigarrillo.
Esperé a que hubiese silencio y dije:
- ¡Hola, queridos niños! ¿Me conocéis?
- ¡Lenin, Lenin!- gritaron desde las primeras filas.

Esa ironía, esa mirada ácida a su pasado, es completamente demoledora. La indiferencia y la ironía son un combinado letal que aniquila el pasado histórico y la realidad soviética. Dominar esos dos elementos, mezclarlos de forma tan sutil de forma que todo parezca natural, conducirlos hacia un tema tan antiestadounidense como el derrotismo y la exaltación del perdedor, dice mucho de Dovlatov y del propósito de su obra.
Había algo en aquella etapa histórica, en ese territorio llamado Rusia, al que varias generaciones no tuvieron acceso. Lo que fuese ese algo desconocido, la pérdida de ese algo, marca a todos esos rusos. Eso es lo que queda tras leer a Dovlatov, la constatación de un vacío existencial contemplado a través de la genialidad de un escritor.
Tengo la tentación de asegurar que en realidad la maleta estaba vacía. Pero se sobreentiende la metáfora de Dovlatov. Lo que sí me parece de verdad urgente y necesario es recuperar la obra de este gran escritor.


Los textos de la novela son una traslación de la traducción catalana de Miquel Cabal para la edición de Labreu Edicions.

2 comentarios:

Naüj Oczálev dijo...

Buenísimo. Un saludo.

Dubitador dijo...

Es muy bueno el articulo. Dan ganas de comprar lo que sea de Dovlatov.

Estoy suscrito a los feeds del blog y me vino el impulso de poner a compartir el articulo, pero no pude.

He puesto a compartir mil y una chorradas, pero ahora, ante algo que me cuestiona, me asalta el prurito de que deberia poder justificar la comparticion, su recomendacion.

A proposito, ando como un lustro detras de una version digital de "El lamento de Portnoy", esa novela breve, intensa, humoristica y tremendamente seria de Philip Roth. Está descatalogadisima y merece la pena que pase a flotar en los procelosos mares de las descargas criminales.

Si la tienes en digital, liberala, que yo intentare ponerla en los repertorios mas habituales.
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