10/5/10

Quiero la cabeza de Alfredo García, de Sam Peckinpah

Una entrada en el nº40 de Nuestro Funeral me hizo volver a Quiero la cabeza de Alfredo García :



Warren: ¿Le gusta el beisbol? A mí me gusta el baloncesto. Es un juego rápido, emocionante. ¿Que me dicen de Bill Russell de los Celtis, 1969? ¡Ese era un buen jugador!
Robert: Hace tiempo que trabaja usted aquí, ¿verdad?
Warren: Sí. Unos... seis años. Empecé en El Gato Negro de Tijuana. Era un buen sitio. El lugar que elegía la gente de categoría. Una noche fue Paulette Godard y me preguntó si yo sabía...
Gig: Usted conoce a mucha gente, ¿no?
Warren: ¿A quién andan buscando?
Robert: Como ya le he dicho, a un tipo que trabajó para nosotros. Un buen amigo, al que me gustaría volver a ver.
Gig: Es un mujeriego. Se llama Alfredo García. Usted puede ayudarnos a encontrarlo. Tiene unos treinta años. A veces se hace llamar Al García. Habla inglés... español... y un poco de francés.
Robert: Un chico listo...
Warren: Soy un hijo de puta... Pero me ha convencido. Me suena ese nombre.
Gig: ¿Y el apellido García?
Warren: Claro. Es como... Jones, o... Smith.
Gig: Estamos en el Hotel Camino Real. Si sabe algo nos alegraría verle.
Warren: No se preocupen. Si está vivo, lo encontraré.
Robert: ¡Es igual! Esté como esté, no es problema.
Warren: Entonces... ¿lo mismo da vivo que muerto?
Gig: Muerto, mejor muerto.
Warren: ¿Qué quieren oir?
Gig: Guantanamera.
Warren:¿Cómo dijo que se llama, señor?
Gig: Crusoe. Robinson Crusoe.




Bennie – Warren Oates acepta el encargo de encontrar para unos siniestros asesinos a Alfredo García, “muerto, mejor muerto”, porque ellos no saben que García ya está muerto. Así que lo único que debe hacer Bennie es viajar hasta donde está enterrado, cavar, robar la cabeza de Alfredo García, entregársela a los sicarios y cobrar el dinero. Las cosas nunca son sencillas.




Toda la acción se desarrolla en un ambiente sórdido y sucio, tanto como la ambiciosa misión que se propone Bennie. Hemos descendido al infierno.
No hablamos de realidad ni de los lugares físicos en los que se desarrolla la historia. Creo que Quiero la cabeza de Alfredo García tiene una interpretación alegórica.
La película se inicia con una escena bucólica: Una mujer moja sus pies en un estanque en el que nadan patos mientras canturrea una canción y acaricia su vientre abultado por el embarazo. Dos hombres aparecen y le dicen a la mujer que su padre quiere verla. El clima de paz y felicidad se trunca. La mujer acompaña a los hombres y una puerta se cierra tras ella.



Hemos abandonado el Cielo y entrado en el Infierno: O en nuestro mundo. El padre de la mujer, un poderoso hacendado, azota a su hija hasta que esta confiesa que el padre del niño que espera es Alfredo García. Entonces el padre pronuncia su sentencia: Quiero la cabeza de Alfredo García.
Todo ocurre por un niño.
Ya comenté a propósito de Grupo Salvaje la permanente presencia de niños en la película: “Todos soñamos con volver a la niñez. Aun los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores”. Niños que agraden y son agredidos, que contemplan, como un juego más, la violencia y la muerte.
En Quiero la cabeza de Alfredo García las puertas se cierran impidiéndonos acceder al Paraíso, ni tan siquiera a ese paraíso que (no entiendo muy bien la causa) consideramos la Infancia. Pero los niños, de nuevo su presencia es abrumadora durante todo el metraje, apenas juegan. Si descontamos el momento en que son invitados a helados por uno de los siniestros asesinos que persiguen a Bennie, el resto del tiempo los niños trabajan.









El último contempla un asesinato.
El mundo es un lugar miserable en el que la inocencia no tiene cabida. Bennie se enfrenta al Poder que simboliza el Mal y a los guardianes de las Puertas



Y finalmente atraviesa las Puertas para que la mujer y su hijo puedan recuperar el Paraíso.



Pero comete el error de coger el maletín con el dinero. Bennie carga con sus pecados.



No hay lugar en el Paraíso para Bennie.

6 comentarios:

koolauleproso dijo...

¡Qué peliculón! Lo vi ya hace bastante, y me dejó con la boca abierta. Quizás la película más redonda (y desesperanzada) de este borracho genial.

Tránsito Blum dijo...

Recuerdo que tu entrada sobre "Convoy" de Sam Peckhinpah me gustó mucho y allí te dejé anotadas varias de mis impresiones sobre el mezclado género de la road movie con el western tardío, destacando esta gran obra que ahora toma forma en tu Blog.

Y la destaqué porque, aparte de causarme estupefacción, lo cual hecho en falta, ya la cinta fue muy controvertida en su tiempo. Realmente es su trabajo más brutal y nihilista de todos los que llevó a cabo donde se aloja la quintaesencia del cine sucio. Te transcribo pues nuevamente ese comentario, porque sigo pensando lo mismo:

El comienzo tiene puntos que echan para atrás, como el codazo que le mete uno de los sabuesos del patriarca a la prostituta en la taberna mexicana donde preguntan por el paradero de Alfredo García. Es una violencia desaforada. Pero a la media hora de película, cuando Benny (Oates) decide aceptar el encargo de encontrar a García vivo o muerto por una sustanciosa recompensa se lanza a la carretera con su chica (Isa Vega), que fue novia en su día de Alfredo y tiene información de donde puede estar, la intensidad de su cruel encargo va tomando nerviosismo y entras en un estado de tensión acojonante, con tiroteos y escenas altamente potentes. La frase de “García es nuestro Santo” me fascinó y la presencia de las moscas fue el colofón a ese final tan apocalíptico que genera una total liberación de todos los nudos que se crean durante el relato fílmico. Es una gozada. Abogo por hacer una revisión reciclada de este cine. El tipo de la moto que les asalta es el que años más tarde trabajó de camionero en "Convoy". Esa escena también te encoje. Toda la película acaba con tu respiración hasta llegar al desastre, al hudimiento y a la ruina total. Es catártica.

Y ahora, después de visionar esta potente road movie yo recomendaría saltar a una de sus predecesoras, "Malas tierras" de Terrence Malick, todavía más inquietante y fatalista, que sintoniza con toda esa furia de lo desolado y lo putrefacto que pudimos leer en la obra literaria de Monterroso con "Movimiento perpetuo" y que tanto Malick como Peckinpah supieron mostrar con imágenes en aquellos alienados años setenta.

Un saludo, Portnoy.

Anónimo dijo...

Bennie coge el maletín con dinero porque con él, cree, podrá lavar sus pecados, o mejor aun, lavar la suciedad del mundo y procurarse una vida mejor. No son los pecados de Bennie lo que se lleva con el maletín, sino la esencia misma del mundo sucio y podrido del que quiere escapar. Como el único paraiso que hay es el de la infancia y a ese no se puede volver, ya está irremisiblemente perdido, todo lo que queda es una voluntad despiadada que se sirve del engaño para satisfacerse. Bennie cree poder escapar del mundo con ese maletín, pero es solo un ardid, pues no hay salida o vuelta atrás, solo el estallido final de absurda violencia; y el mundo gana.

Buen blog, un saludo.

J.

Portnoy dijo...

Yo creo que ese gesto de Bennie volviendo a recoger el maletín es significativo. Si el hombre sabe que todo está irremesiblemente perdido, el maletín es un peso muerto. Vuelve a recogerlo porque piensa que hay posibilidad de redimirse, cree que es el pago que merece no él, sino la muerte de 21 personas, y que hay una Justicia que le otorga la posesión del maletín. No sé, es una interpretación personal. Sí, tal vez como dices, J., Bennie se autoengaña. Lo que nos interesa, lo que hace de Quiero la cabeza una película por encima de la media (mediocre) es que nos permite hablar de ella e interpretarla más allá del argumento visible. Quiero la cabeza cuenta cosas (pero también importa cómo las cuenta). Qué triste, en comparación, los diálogos de Clive Owen con la cabeza de Benicio del Toro en Sin City.
Totalmente de acuerdo Blum con lo que dices. Es la capacidad de plasmar los detalles, la brutalidad, la suciedad y la miseria (moral, sobre todo) lo que hace de la película de Peckinpah un viaje de pesadilla. Pero lo que dices "Abogo por hacer una revisión reciclada de este cine" me parece que conduciría a tristes remakes despojados de toda intensidad y, sí, crítica social de las pelis de Peckinpah.
Pero este tipo de cine es necesario.
Muchas gracias por vuestros comentarios. Ya había perdido la esperanza en el blog como medio de comunicación, Me alegra compartir esta película.
Saludos

Pablo dijo...

Estoy impaciente por saber tu opinión acerca de "Contraluz" de Pynchon. Aunque 1337 páginas no se leen rápidamente, esperaré. Porqué seguro lo terminarás antes que yo.

Un fiel pynchoneano.

Portnoy dijo...

Creo que habrá que esperar un buen tiempo para Pynchon... un año o dos
:-)