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Submáquina, de Esther García Llovet

Verás… En este país hay dos clases de narradores contemporáneos, los que tienen revólver cargado porque han entendido a Bolaño y los que cavan…
Javier Avilés, “El bueno, el feo y el malo de la narrativa española actual”.


Nos gusta citar influencias en los autores a los que leemos. No tanto por demostrar nuestra porción de erudición (casual y circunstancial en la mayoría de ocasiones), sino más bien por dejar claro que compartimos con el autor referencias comunes. En torno a Submáquina, de Esther García Llovet se cita a Cheever, a Lynch, a Cronenberg, y muchas películas de frontera. Se cita, claro, como un remanente inevitable a Bolaño.
(No se cita (gracias, gracias) ese término insidioso que “alguien” en El País se inventó para definir cierto tipo de narrativa)
(Lo de La Frontera es un tema a desarrollar, de cómo el western, el chambara o la novela negra se desarrollan en un espacio mítico y sin ley en el que la voluntad individual es el principal motor de acción y la moral de cada uno define a los personajes que se convierten así en arquetípicos)
Submáquina es un western, es novela negra y es literatura de frontera. Y, por su forma, no es nada de ello. Si acaso un híbrido en el que la estructura es fundamental. Es una novela compleja en su constitución y al mismo tiempo, al emplear recursos de género, sencilla en su desarrollo.
Con Bolaño comparte el territorio mítico de la frontera y la desestructuración del relato. Pero la aportación más interesante de García Llovet es el personaje principal, Tiffani Figueroa, ex-policía, investigadora con un oscuro pasado, que se integra de forma expeditiva al despiadado mundo de la frontera. Y ese mundo es tradicionalmente masculino, en el que la mujer es objeto y víctima. El relato de género al que me refiero suele ser misógino, si acaso, a la mujer aparte de esos papeles secundarios se le reserva el de villana sin escrúpulos. García Llovet rompe con la tradición e introduce a su personaje (del que espero más historias) en un territorio más hostil de lo que suele ser. Tiffani Figueroa es una gran heroína.
Y esto me lleva a otra referencia que me parece leer entre líneas. El héroe actual, al menos desde hace un tiempo, no puede escribirse olvidando al Corto Maltés. Un héroe que actúa fuera de la ley, que quiere hacernos creer que obedece únicamente a sus intereses, que es cínico, frío y egoísta, y que finalmente se comporta en contra de esa imagen que intenta imponer a quienes le rodean, ayudando a los desvalidos de forma altruista, emocionándose e implicándose en aquello que no le concierne.
Esa dicotomía del héroe actual está presente también en Tiffani Figueroa, y lo está, como corresponde a toda buena narración, de forma velada, no implícita, oculta en la fragmentación y la estructura, intuida en los distintos puntos de vista, en los distintos narradores de Submáquina.

Esther García Llovet no cava.

(Nota: El que quiera entender esta no-reseña como algo más, como una deuda de deshonor que debo pagar, o de gratitud con Salto de Página o lo que sea, está equivocado. Submáquina es una buena novela)

Yo creo, Portnoy, que lo único que sobra es esa aclaración final. Es innecesaria: si has mantenido tu postura frente a Perturbaciones contra viento y marea, se te supone lo mismo con cualquier nueva crítica. Por lo demás, te hubiera gustado o no, esto me parece una no-crítica mucho más seria y mucho más honesta.

Un saludo,

M.

El bueno, el feo y el malo es una magnífica película. Es más, es una de mis películas favoritas. Y de la banda sonora... bah, sólo Ennio Morricone en su estado más puro.

Ahora quiero saber quién te va a editar ese conjunto de reflexiones valientes que están funcionando como desbrozadora. ¡Bravo!

El título es el mejor: El bueno, el feo y el malo de la narrativa española actual.

Lo que más me ha gustado es que no hayas escrito literatura española actual sino narrativa. Sí, qué preciso. La literatura es un arte...

¡Bravo!

Lo de la misoginia es complicado. Para mi, el protagonismo de mujeres "víctimas y objetos" no indicaría misoginia sino machismo, esto es, considerar a la mujer como incapaz de nada más.

La misoginia es para mi lo contrario al machismo: considerar a la mujer un ser peligroso (y capaz), lo que por tanto lleva al resquemor.

Para mí, la misoginia también tiene un componente de desprecio. El misógino no considera a la mujer como un ser humano, por eso es capaz de ejercer la máxima crueldad contra ella. Tal vez porque, como dices, en el fondo la teme.

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