1/11/08

Hades

Mr. Kernan dijo con solemnidad:
-Yo soy la resurrección y la vida. Eso le toca a uno el fondo del corazón.
-Eso es- dijo el señor Bloom.
Tu corazón quizá pero ¿qué le importa al tipo en el seis pies por dos con los dedos de los pies en las margaritas? Eso no lo toca. Sede de los afectos. Corazón partido. Una bomba después de todo, bombeando miles de galones de sangre por día. Un buen día se atasca y ya estamos. Montones de ellos yaciendo por aquí: pulmones, corazones, hígados. Viejas bombas oxidadas: al cuerno lo demás. La resurrección y la vida. Una vez estás muerto estás muerto. La idea del último día. Levantándoles a todos de un golpe de sus tumbas. ¡Sal fuera, Lázaro! Y salió el quinto y perdió el trabajo. ¡Levantaos! ¡El día final! Entonces cada quisque hurgando por ahí en busca de su hígado y sus tripas y el resto de sus asuntos. Encontrar todas sus malditas cosas por sí mismo esa mañana. Un pennyweight de polvo en una calavera. Doce gramos un pennyweight. Medida Troy.

(...)

-Cuentan la historia, dijo, de que dos borrachos vinieron por aquí un atardecer con niebla buscando la tumba de un amigo de ellos. Preguntaron por Mulcahy el del Coombe y les dijeron dónde estaba enterrado. Después de andar tropezando por ahí en la niebla encontraron la tumba, claro que sí. Uno de los borrachos fue leyendo el nombre: Terence Mulcahy. El otro borracho estaba mirando una estatua del Salvador que había hecho poner la viuda. (...) -Y, después de mucho mirar a la sagrada figura, dice, No se le parece a él ni pizca jodida. Ese no es Mulcahy, dice, lo haya hecho quien lo haya hecho.

(...)

Estoy muy seguro de que el terreno se pondría muy sustancioso con abono de cadáver, huesos, carne, uñas, fosas comunes. Terribles. Volviéndose verdes y rosados, descomponiéndose. Se pudren deprisa en tierra húmeda. Los viejos flacos más duros. Luego una especie de sebosa especie de queso. Luego empiezan a ponerse negros, rezumando una melaza. Luego secos del todo. Mariposas de los muertos. Desde luego las células o lo que sea siguen viviendo. Cambiándose. Viven para siempre prácticamente. Nada de qué comer comen de si mismas.
Pero deben criar una cantidad endemoniada de gusanos. El terreno debe de estar sencillamente hirviendo de ellos. Que un día os hierva la cabeza. Todas rizos y hoyitos, su belleza. Con todo eso él parece bastante alegre. Le da una sensación de poder viendo a todos los demás bajar primero. No sé cómo mirará la vida. Haciendo sus chistes también: le calienta las válvulas del corazón. El del boletín. Spurgeon salió para el cielo a las 4 esta madrugada. 11 de la noche (hora de cerrar). No llegó todavía. Pedro. A los muertos en todo caso a los hombres les gustaría oír de vez en cuando un chiste o a las mujeres saber qué está de moda. Una pera jugosa o un ponche para señoras, caliente, fuerte y dulce. Evitad la humedad. Hay que reírse a veces así que más vale hacerlo así. Enterradores en Hamlet. Muestra el profundo conocimiento del corazón humano. No se atreven a hacer chistes con los muertos por lo menos en dos años. De mortuis nil nisi prius. Primero quitarse el luto. Diflcil imaginar su entierro. Parece una especie de chiste. Leer tu propio aviso de fallecimiento dicen que vives más. Te da cuerda otra vez. Nuevo arriendo de vida.

Ulises, James Joyce, capítulo 6.
Traducción de J.M. Valverde

1 comentario:

jdvictoria dijo...

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