3/12/07

Zoo, de Robinson Devor

Zoo,de Robinson Devor

1- Los hechos:

He tratado de objetivizar lo que se cuenta en Zoo, exorcizar los hechos a través de la narración oral, al igual que j. intentó hacer en su día contándome la película, pero no es posible librarse del estupor y el rechazo que la historia provoca, aún conociéndola antes de ver la película.
Porque lo que se hace difícil de asimilar es que, aparte de su aparato cinematográfico y de la falsedad de la traslación, lo que se cuenta en Zoo es cierto, responde a una realidad demoledora. Sabemos que el bestialismo o zoofilia es una desviación sexual reconocida, pero le adjudicamos un carácter anecdótico, unido quizás a la pertenencia a cierto estatus social o a ciertas regiones físicas restringidas. Queremos creer que es algo inusual, lejano, patológico.
Algo que nunca nos puede tocar.

El Seattle Times recogía en julio de 2005 la siguiente noticia :

Enumclaw-area animal-sex case investigated: King County sheriff's detectives are investigating the owners of an Enumclaw-area farm after a Seattle man died from injuries sustained while having sex with a horse boarded on the property.



Zoo cuenta la gestación de un club de zoófilos que se reunían en un rancho del estado de Washington, donde al parecer el bestialismo no era delito, para mantener relaciones sexuales con caballos, hasta que la muerte de uno de sus miembros a causa de un desgarro intestinal al ser sodomizado por un semental, desató el escándalo.




2- La película:

He tratado de objetivizar lo que se cuenta en Zoo sin éxito. Y lo he intentado porque el gran mérito de Robinson Devor es conseguir objetivizar la historia... aunque tiene truco.
Zoo está planteado como un documental cuyo eje narrativo es la voz de los auténticos protagonistas de los hechos explicando lo que ocurrió. Creo que solamente un documental de este tipo puede poner verdaderamente a los espectadores ante unos narradores poco fiables. Intentan justificar los motivos que les llevaron a mantener relaciones sexuales con caballos (y no indaguemos sobre los detalles) basándose en dos principios razonables, un amor (en el plano afectivo, se entiende) desmedido por los animales y el derecho innegable de llevar la libertad individual hasta sus extremos. Ese derecho les hace rechazar cualquier tipo de arrepentimiento, más allá del lógico que deben mostrar ante la muerte de un compañero. El gran acierto del director es dejar que sean ellos quienes hablen sin ninguna voz extradiegética que dirija la narración y a través de la suma de visiones subjetivas, la de cada uno de los implicados, construir un relato objetivo.
Aunque ya digo que tiene truco.

3- El hecho fílmico:

Porque sin el truco es inadmisible una película como Zoo. Estamos pues ante una película que se acerca tanto a la realidad, a una realidad desagradable y que acaso no queremos conocer, que debe alejarse de ella. Debe ser manifiestamente fílmica. Por eso Zoo es formal y estilísticamente una película bella, con una cuidada fotografía y un montaje que nos invita a compenetrarnos con la naturaleza.
Creo que hay una escena que ejemplariza este hecho.



En ella, después de la muerte de Mr. Hands, los dos hombres que se han encargado del rancho durante esos años contemplan en la tele un documental que transcurre en una base espacial (en una escena anterior contemplaban un paseo lunar, puede que Devor quiera simbolizar lo alejados del mundo que están esos hombres, como si su enfermedad les convirtiese en marcianos, alienígenas), junto al televisor hay un amplio ventanal en el que se puede contemplar la luna ascendiendo sobre la silueta de la montaña. Belleza y sordidez, naturaleza y humanidad, considerada ésta en el sentido más peyorativo imaginable.
Como si se tratase de un manual cinematográfico el director marca de forma premeditada la diferencia en los tres planos principales de la película: Narración, imagen y música. Si la sordidez de la historia se enfrenta a la belleza de las imágenes la música introduce un tercer elemento discordante que se enfrenta a los otros dos planos de forma que el resultado final es desconcertante y consigue que parece que no el conjunto es de completa objetividad.
Pero no es así. Devor hace un retrato sórdido, mordaz y crítico de las convenciones sociales y de la hipocresía moral, un retrato que no debe limitarse a la sociedad estadounidense... una historia que debe hacernos pensar a todos.

4.- La imagen pornográfica

Toda la película es un ejemplo de cómo debe mostrarse la imagen pornográfica , sin mostrarla, eludiéndola, mostrando la sangre que salpica la pantalla pero no la cabeza que se abre tras el disparo. A mitad de la película el director trae a escena a uno de los actores que intervienen en la película. Todos los que aparecen en la película lo son, excepto dos veterinarios y dos de los zoófilos protagonistas. Las voces, siempre en off, son reales, es decir, pertenecen a las auténticas personas que participaron en los hechos. Sin embargo la presencia de este actor, relatando algunos aspectos un tanto ridículos sobre el conocimiento de la muerte para la representación de un papel cinematográfico, recuerda al espectador la calidad de representación de lo que estamos viendo. Es muy importante para el director que quede constancia del hecho fílmico, llegando incluso a dejar que se considere a Zoo como un falso documental.
¿Lo es?
Debo confesar que antes de ponerme a escribir sobre la película he tenido que buscar la noticia en la red. De no haberlo hecho, de no saber que lo que se cuenta en la película ocurrió en realidad, tal vez no hubiese hablado sobre ella. Porque en definitiva la importancia del artificio de Zoo radica en la debida protección que el espectador merece ante la imagen pornográfica.
Y sin embargo la imagen pornográfica se muestra, no directamente, claro, a través de una pantalla de televisor, en una de las escenas más crueles de la película y, a la vez, más ácida. j. y yo discrepamos al respecto, él cree que la pena se refiere al hombre y yo al caballo. El caso es que a un matrimonio mayor se le obliga despiadadamente a ver una de las grabaciones que los zoófilos realizaban de sus actos. Fugazmente vemos al caballo montando al hombre en la pantalla. El hombre y la mujer quieren irse, pero los policías les obligan a ver las imágenes, hasta que al final les preguntan ¿Es ese su caballo? Sí, solloza la mujer.

7 comentarios:

Javier Moreno dijo...

Un paralelo que se podría considerar es Capturing the Friedmans versus Zoo. Me parece que tienen muchos puntos en común.

Recaredo Veredas dijo...

Hola Javier. No creo que sea lo mismo, ya que Capturing the Friedmans focalizaba en la duda, mientras que Zoo lo hace en las causas. Buen artículo, en el que se especula sobre un tema tan interesante como la representación verosímil del horror. Sebald, aunque pareza que no tiene ninguna relación, escribió brillantes páginas sobre el tema. Saludos.

Gulchenruz dijo...

Me encanta tu bloc, yo intento hacer lo mismo peró no lo consigo, no es ni un símil. Escucha, la disposición del blog me gusta, el modelo. Como lo puedo conseguir?

Anónimo dijo...

Posiblemente murio feliz, como esos dos alemanes que uno le corto la polla al otro y juntos se la comieron, una vez muerto el "castrado", el otro se lo zampo en varias comidas y tab contentos. Por mi me parece cojonudo, superhedonistas al margen de la conciencia impuesta generalizada. Pero ya salieron los "especialistas" de turno, como psicologos y psiquiatras, hablando de que son "enfermos" y que murieron como unos "desgraciaos"...para la gente (en mi opinion de una sociedad enferma y castrada) puede que sean "enfermos"...pero me compadezco de los que les llaman desgraciaos.

Ricardo Salan dijo...

He visto el documental y me deja frio. Bellas imagenes campestres, pero no explica nada, deja reflexiones inconexas.
Aqui la cuestion es el tabu.
Se habla de una muerte accidental por un acto que no es ilegal, quiza inmoral. Para mi la parte mas importante es el prejuicio social. el muerto, respetado por sus compañeros de trabajo y exmujer e hijo; otro, el ejemplar trabajador que durante 30 años ha cuidado los caballos de unos ricachones, cuy opinion de 30 años cambia por conocer que participo en actividades de la granja en cuestion.

Una sociedad estadounidense o occidental en general hipocrita, se prohibe el bestialismo en el estado de Wahington tras este accidente, pero no se prohiben las armas tras la matanza de Newtown. Un escandalo sexual acaba con la carrera de un politico o ciudadano en general, pero no el uso de armas de fuego.

Es la moral protestante la que queda reflejada en este documental, da igual que sea legal si es inmoral tiene el mismo efecto.
En el "pais de las libertades" hacer algo legal, pero inmoral esta perseguido por la ley. Si ese mismo caballo hubiera pateado hasta la muerte al mismo hombre nadie habria procesado al dueño de la granja, seria un simple accidente.
Y hablan los politicos de defender a los animales, que se supone que habrian sido maltratados por realizar sexo con hombres; pero alguien mata a un chico desarmado y nadie se plantea prohibir las patruyas ciudadanas o la tenencia de armas.

Cada pais y cada sitio tiene lo que merece. En EEUU nadie morira accidentalmente por bestialismo, pero moriran unos cuantos por armas de fuego, quiza no accidentalmente.

Mario Pedroza dijo...

Digan lo que digan esto es una porquería, como quieren embellecer un acto tan enfermo y horrible con estupenda fotografía y musica, entonces también se puede justificar la pedofilia o el narcotrafico o el terrorismo así???? ................ a mi me dio risa ver el vídeo de la penetracion , que manera mas pendeja de morir , empalado por un caballo

Mario Pedroza dijo...

Esto esta como para haberse ganado un premio darwin, no dudo que lo halla ganado