12/8/05

EXPIACIÓN, de Ian McEwan

A propósito de la novela Saturday, de Ian Mc Ewan, JacoboDeza habla sobre su autor en La senda de los libros

Hace un tiempo escribí sobre las sensaciones que me había dejado la (por entonces última) novela de McEwan. Ni siquiera me molesto en corregir el comentario:

La última novela de McEwan, que ha ganado varios premios este año, me hace pensar que actualmente la literatura sufre un proceso de hibridación, eso que a veces he llamado sin fortuna la "tercera vía", es decir, que sin renunciar a los aspectos literarios ni a los juegos metaficcionales, los novelistas, y sobre todo la generación proveniente del Reino Unido, con Amis y McEwan a la cabeza, pretenden sobre todo vender, ser comerciales. Ya hemos debatido en numerosas ocasiones si eso es bueno o malo para la literatura. No pretendo entrar en ese debate otra vez, solo quería dejarlo como testimonio objetivo de una realidad sin entrar en su valoración.
Expiación goza de esa doble característica. Metaficcional en cuanto es un relato escrito por una de las protagonistas, Briony Tallis, con la subjetividad consiguiente y nunca negada por la autora. La primera parte de la historia sucede en el día más caluroso del verano de 1935, cuando la protagonista de 13 años decide ser novelista, o más bien una mistificación que ella haría sesenta años más tarde de su iniciación en el "realismo psicológico imparcial". Así, la primera parte de la novela, a mi parecer demasiado extenso, comprende la visión desde los distintos puntos de vista de los personajes de la novela de ese día especial, que culminará de forma trágica, y que acarreará un pecado que se debe expiar. A veces tienes la sensación leyendo algunas novelas de que parten de una idea inicial bastante buena para un relato corto y que innecesariamente los autores inflan para construir una historia más ambiciosa. Esa es la impresión que tengo con Expiación. A una primera parte demasiado larga y en ocasiones repetitiva le sigue un relato sobre la retirada de las tropas inglesas hacia Dunkerque en la segunda guerra mundial. Es en esta parte donde la narrativa de McEwan brilla a gran altura, con crudeza, pero sin la escabrosa morbosidad de El inocente, sumergiéndonos en una pesadilla de horror y muerte. Es, curiosamente, la parte menos metaficcional, la más directa narrativamente , y la mejor conseguida de las cuatro partes de la novela. Uno se pregunta si es necesaria esa hibridación de la que hablábamos al principio, ese alarde literario que pretende complacer a los más exigentes, mezclado con una narración francamente impecable y dirigida a un mayor número de lectores. Pero como dice McEwan en la novela un escritor actual no puede escribir como uno del siglo XIX, debe escribir sin renunciar a nada de lo aprendido. Justificación o no, lo cierto es que sin la intriga que contiene la novela, las reflexiones sobre la propia novela que vuelca en autor, no tendrían mucho sentido. Sobre todo, tienen gracia la crítica literaria que se incluye sobre la primera parte del relato, y las incoherencias técnicas que aprecia un experto del ejercito, sobre la parte militar de la novela.
En fin, no sé si acabo de explicarme bien. No estoy valorando literariamente la novela, solo quiero exponer el problema de la hibridación, que a mi parecer no acaba de sostenerse del todo. Expiación es interesante y su lectura es satisfactoria, pero deja un regusto de algo que no acaba de cuajar, como una mesa con una pata ligeramente más corta.

Diciembre de 2002.


Es para enriquecer el debate.

(Ahora los coletazos del absurdo me llevan a autocitarme... en fin)