22/4/05

Extraterrestres

Según Jenófanes de Colofón los dioses no son más que una invención humana, creada a imagen y semejanza del ser humano. Dotados no solamente de cuerpos, brazos y piernas similares a las del hombre, los dioses tienen además todos los vicios imaginables. Son corruptos, mienten, engañan, traicionan, etc. por lo que en ningún momento deberían ser usados con fines educativos. Jenófanes no se limita a señalar una mera semejanza general entre dioses y humanos, sino que apunta a que en cada región del mundo los dioses tienen las características de los habitantes de la zona :

"Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros,
Mientras que los tracios dicen que los suyos tienen ojos azules y son pelirrojos"

(De Historia de la filosofía griega , José Sánchez-Cerezo de la Fuente)

En cuanto a la pregunta "Suponga que recibimos un mensaje de los extraterrestres ¿Cómo le gustaría que fueran los extraterrestres?" las respuestas recibidas apuntan a la persistencia del antropomorfismo en nuestros deseos o a que usamos ese recurso para acercarnos a lo inexplicable.

Las respuestas recibidas apuntan en esa dirección: “Educados, buenos y cultos”, “valientes, coherentes, leales y maleducados”, “bobos y divertidos”, “más pequeños y bobalicones que nosotros (para poder conquistarlos)”. Arturo Belano (bonito seudónimo, por cierto) me manda una imagen de un ser informe pero con múltiples ojos, un órgano humano.
Resumiendo, tendemos a atribuir a lo desconocido, en este caso la posible vida humana, rasgos antropomórficos, no sólo físicos, si no también morales. En realidad no veo motivo alguno para que la vida extraterrestre pueda parecerse a la humana ni física ni moralmente.
El cine también abusa del antropomorfismo, aunque, como en el caso de Disney, creo que esa tendencia busca más bien la economía y la rápida identificación del espectador: Alien, Godzilla, muchos de los personajes de Star Wars... no son más que hombres dentro de incómodos disfraces. Que yo recuerde solamente Carpenter, en The Thing, plantea la posibilidad de un ser alienígena hostil capaz de adoptar el aspecto de cualquier forma de vida con la que hubiese entrado en contacto con anterioridad. Aunque el repertorio de metamorfosis es espeluznante se observa la tendencia a conservar cierta morfología reconocible a partir de la variedad de vida terrestre.



El problema en última instancia es un problema de lenguaje: No podemos describir lo indescriptible y, cuando lo hacemos, sólo es posible por comparación y analogía. El mayor defecto de las obras de Lovecraft y de los que siguieron el camino de los mitos de Cthulhu, radica precisamente en intentar describir a los seres primigenios que intentan volver a dominar la Tierra: En cuanto el lector intenta dar forma a los viscosos tentáculos del ser acéfalo pierde el contacto con el terror que pretende trasmitir su autor.



La narrativa de ciencia ficción ha abordado en numerosas ocasiones el tema de la disimilitud entre la posible vida extraterrestre y su interacción con la humanidad: Nubes de gases interestelares dotadas de conciencia, seres amorfos que conviven en extrañas simbiosis en universos paralelos... Y también el tema de posibles ecologías en otros planetas: Rebaños de nubes gaseosas bajo las nubes de Júpiter, enjambres de vida en volcanes subterráneos bajo los hielos de Europa.
A pesar de ser intentos alejados del estereotipo de insecto alienígena dispuesto a acabar con la humanidad, algunos de estos remarcables ejemplos no pasan de ser extravagancias zoológicas (bien documentadas algunas) y otros comenten el error de intentar explicar con voz humana los conflictos de estas entidades incomprensibles para nosotros.
Creo, por lo que sé, que sólo Stanislav Lem en Solaris y en Edén ha sabido captar la complejidad de esas posibles relaciones entre especies que no comparten los mismos patrones lógicos. La conclusión de Lem viene a ser que no hay posibilidad de comunicación.
Y si no hay comunicación es posible que el principio antrópico cobre todo su valor: El Universo es tal como es porque nosotros estamos aquí.