21/12/04

Pastoral americana, de Philip Roth

Imaginemos a un norteamericano, alto, rubio, estrella del deporte, conocido en todo el barrio, amable, buena persona. Este es Seymor Levov, “el Sueco”, judío de nacimiento para más señas. Norteamericano perfecto, ejemplo del manido “sueño americano” que culmina casándose con Miss New Jersey y haciendo prosperar el negocio paterno. Todo es perfecto en la vida de El Sueco hasta que un día su hija adolescente pone una bomba en la oficina del tranquilo pueblo en donde habitan, matando a una persona.
Al igual que en La mancha humana, Nathan Zuckerman es el encargado de narrarnos el descenso al infierno en la vida del Sueco. El omnisciente narrador se va diluyendo poco a poco, debe escribir sobre el Sueco, pues así se lo pidió antes de morir, pero es imposible que sepa tantos detalles de su vida (al igual que ocurrirá en La mancha humana) Pero esto no es más que una de las habituales formas narrativas que emplea Philip Roth en sus novelas: El narrador que sabe demasiado (trasunto del propio Roth), los saltos temporales, la no-solución de todos los hilos narrativos que propone, intermisiones históricas y sociales sobre Estados Unidos. La novela así se convierte en un repaso de ciertos acontecimientos no de forma crítica, sino constatando la realidad de la vida estadounidense, de su estratificación social y religiosa, yendo más allá de los tópicos globalizadores totalmente irrelevantes cuando se trata de hablar de personas.
Pero, ¿qué es la pastoral americana?:

...sólo se reunían una vez al año y en el terreno neutral, exento de religión, de la festividad de Acción de Gracias, cuando todo el mundo come lo mismo y nadie se escabulle para comer cosas curiosas, ni torta de patatas ni pescado relleno ni hierbas amargas, sino sólo un pavo colosal para doscientos cincuenta millones de personas, un pavo colosal que los alimenta a todos. Una moratoria sobre los alimentos curiosos, las maneras no menos curiosas y la exclusividad religiosa, una moratoria sobre los tres milenios de nostalgia de los judíos, una moratoria sobre Cristo, la cruz y la crucifixión para los cristianos, cuando todo el mundo en New Jersey y los demás lugares puede ser más pasivo sobre sus irracionalidades de lo que lo son el resto del año. Una moratoria sobre todos los motivos de queja y los resentimientos, y no sólo para los Dwyer y los Levov sino para todos los demás norteamericanos que sospechan de todos los demás. Es la pastoral americana por excelencia y dura veinticuatro horas.

¿Qué ocurrirá con los Levov cuando el día de esa pastoral todo se derrumbe?

5 comentarios:

Vero dijo...

Es viejo este post, pero lo veo ahora, vine buscando la novela, que leí hace poco, y no me, bueno, no puedo decir que no disfruté leerla, pero me decepcionó un poco. Hay un tonito en Zuckerman que me suena moralista, acá.

Anónimo dijo...
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Lina dijo...

Me encantó la novela, aun cuando las primeras 100 páginas se me hicieron un poco lentas. El análisis sicológico del personaje principal es muy acabado.
Lina

Anónimo dijo...

a mi esta novela me deslumbró totalmente. fue la segunda de roth que lei (la priemra fue "mi vida como hombre" que no me gusto tanto), y me impacto! recomiendo fervientemente Operación Shylock y Me casé con un comunista. Roth es un gran maestro en novelar desde lo humano, desde la persona diriase virtual que construye con sus personajes, a las que da vida con esa manera de escribir tan suya como si estuviera sentado en tu auto acodado a la ventanilla, en una ruta larguisima. es un placer leerlo como si se lo escuchara contar cosas, una tras otra, viajando por ahi.

Pepe dijo...

No me gusto el libro. Me parece que la historia se puede contar en 50 páginas, y en el resto no hace más que repetir las mismas ideas, una y otra vez. Se hace aburrido a la lectura, escribe de una manera que te tienes que obligar a leerlo porque es P.Roth y todo los criticos dicen que es un genio. Al final lo único que queda claro es que el defiende el estilo de vida americano clásico (capitalista, y retrógrado) y todo pesamiento distino a eso lleva a la pérdida de la razón, a perder el norte.