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31/12/08

2009

No quería pensar al anudarse la corbata, al ponerse el saco, al elegir una de las dos polveras. "Ese señor que me mira en el espejo"

(...)

Se palpó de cigarrillos y no tuvo fuerzas para desprenderse del sobretodo húmedo que lo rodeaba, seduciéndolo, con un olor triste y cobarde, un perfume de resaca y de antiquísimas lociones que le habían refregado en el pelo en salones de peluquerías que series de espejos hacían infinitos, tal vez demolidos años atrás, increíbles ya, en todo caso. Sospechó, de golpe, lo que todos llegan a comprender, más tarde o más temprano: que era el único hombre vivo en un mundo ocupado por fantasmas, que la comunicación era imposible y ni siquiera deseable, que tanto daba la lástima como el odio, que un tolerante hastío, una participación dividida entre el respeto y la sensualidad eran lo único que podía ser exigido y convenía dar.

El astillero, Juan Carlos Onetti

Esta noche, en ese segundo más que nos regalan las mareas, me buscaré en el espejo y pensaré "ese señor que me mira". Y pensaré en la herrumbre, en el tedio, en el fracaso, en el tiempo...