Aunque el arte es (copio) “una actividad creadora del ser humano, por la cual produce una serie de objetos (obras de arte) que son singulares, y cuya finalidad es principalmente estética”, no podemos eludir que durante mucho tiempo, desde el Renacimiento hasta el Siglo XX, el Arte ha estado vinculado a su funcionalidad, siendo ésta (generalizo) principalmente la ostentación. La posesión de obras de arte es un símbolo de status social. El arte contemporáneo (sigo generalizando) está desprovisto en gran parte de esa funcionalidad. Las “obras de arte” actuales no pueden ser “poseidas”. El arte contemporáneo es cualquier cosa excepto “portátil”. Y su carácter ostentativo se diluye ante su fugacidad, ya que otra de sus particularidades es la de sólo poder ser exhibida en determinados lugares y, en gran medida, una única vez.
No divaguemos.
Kassel no invita a la lógica, es una novela y, como tal, una impostura, una ficción. Es cierto que Enrique Vila-Matas acudió como escritor invitado a la Documenta 13 celebrada en Kassel y que ese viaje es el sustrato de su novela. Es cierto que su participación consistía en sentarse a escribir en un restaurante chino y que dio una conferencia en principio programada para que no asistiese nadie. Es cierto que cada una de las obras descritas en la novela fueron exhibidas en Documenta 13. Se puede consultar la página web del evento o las fotografías de los asistentes a la muestra. Existió en alguna ocasión un galgo con una pierna pintada de rosa en un agreste jardín dominado por una estatua cuya cabeza era un panal de abejas.
Todo es cierto, “real”.
Pero el narrador innominado de Kassel no invita a la lógica no es necesariamente Vila-Matas. A pesar de que los alter-egos creados para la ocasión, Autre y Piniowsky, parecen no funcionar demasiado bien, al contrario que en otras narraciones del autor, para los propósitos del narrador y que reclamen de alguna manera que ese “yo” narrador se desenmascare, eso no llega a ocurrir. Siempre hay una distancia insalvable entre lo escrito y la (sea-lo-qué-sea) realidad.
Quizás lo que de “realidad” haya en Kassel no invita a la lógica lo resuma el propio autor en su artículo Ser contemporáneos
El resto es ficción.
Y no lo es.
Porque es cierto que Kassel no invita a la lógica es una reflexión sobre el impacto del arte contemporáneo sobre el escritor-narrador. Pero también es importante en la novela nuestra relación con el tiempo, la brevedad de la vida y la inminencia de la muerte.
Me acordé que Chesterton decía que había una cosa que daba esplendor a cuanto existía, y era la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.Tal vez era ese deseo de que hubiera algo más lo que nos llevaba a buscar lo nuevo, a creer que existía algo que pudiera todavía ser distinto, no visto, especial, algo diferente a la vuelta de la esquina más inesperada; por eso, algunos nos habíamos pasado toda la vida queriendo ser vanguardistas, pues era nuestra forma de creer que en el mundo, o tal vez más allá de él, más allá del pobre mundo, podía haber algo nunca visto. Y por eso algunos rechazábamos la repetición de lo que ya se había repetido (…)
Enrique Vila-Matas: Kassel no invita a la lógica; Ed. Seix Barral.
Nuestro narrador sufre la desazón del paso del tiempo. Se levanta optimista por la mañana (un nuevo día por delante con la promesa de esquinas inesperadas) y por la noche le embarga la angustia de otro día consumido. Esto tal vez a algunos os suene a exageración, pero es un sentimiento abrumadoramente real que se alcanza a cierta edad. La convicción, fuera de estadísticas y probabilidades, la seguridad aplastante de que los días vividos superan en muchos a los que nos quedan por vivir. Y debemos seguir (me incluyo) adelante arrostrando esa angustia ante la inminencia de la nada.
El arte, cualquier forma de arte, es capaz de colmarnos el deseo de sorprendernos a cada esquina, es capaz de proporcionamos el ánimo de seguir adelante.
Esta idea en manos de cualquiera podría haberse convertido en una cursilería patética. Es más, es posible interpretar la novela desde esa perspectiva y hacer una lectura equivocadamente afectada.
No caigamos en ese error.
Hablamos de Enrique Vila-Matas. Hablamos de una novela que, de nuevo, revisa la realidad desde su peculiar perspectiva, un estilo no sé si llamar cómico-erudito (tragicómico, quizás, pero enérgicamente intelectual) Una novela en la que cada capítulo es una nueva esquina a doblar.
¿Una novela buena, mala?, ¿en comparación con otras mejor, peor? Joder, ES Vila-Matas. Disfrutad, porque no encontrareis ahora mismo en las librerías una novela comparable a ésta. Sencillamente, Vila-Matas compite en otra liga literaria. Algo que muchos, enfrascados en sus disputas domésticas, todavía no han entendido.
“El arte es algo que nos está sucediendo”
Falso P.S.:
Entonces ¡WYATT!
Y recordad, según avanzamos Wyatt ya no es Wyatt. Wyatt es “él” y el Padre Gilbert Sullivan y Stephan y Stephen. ¿Podemos decir en cada momento que Wyatt es Wyatt? ¿Es el mismo Wyatt en cada parte de la narración? ¿Es Wyatt Autre y Piniowsky y el narrador y Vila-Matas y ninguno de ellos?
Gritad: ¡WYATT!
