Mostrando entradas con la etiqueta La Zona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Zona. Mostrar todas las entradas

12/5/09

La Zona, de Sergei Dovlatov (y II)

Nota: Los textos entrecomillados son versiones mías en castellano a partir de la traducción al catalán de La Zona, de Sergei Dovlatov a cargo de Miquel Cabal para Labreu .

La tesis de Dovlatov en La Zona es que en última instancia no hay diferencia entre presos y vigilantes: “Para Solzhenitsyn el campo es el infierno. Yo, en cambio, pienso que el infierno somos nosotros mismos
Dovlatov tenía una visión pesimista sobre la sociedad y el ser humano:

Es sabido que el mundo es imperfecto. Los pilares de la sociedad son la codicia, el miedo y la venalidad. El conflicto entre sueño y realidad hace milenios que dura. En lugar de la deseada armonía, son el caos y el desorden los que imperan en el mundo.
Y aún más, hemos descubierto algo parecido dentro de nuestra alma. Estamos ávidos de perfección, pero a nuestro alrededor triunfa la vulgaridad”.
(…)
“Mi vida consciente ha sido el camino hacia la cima de la banalidad”.

En estas condiciones, con esta perspectiva sobre la vulgaridad y la mediocridad de los actos del ser humano, Dovlatov compone La Zona, un libro sobre los campos penales soviéticos desde el punto de vista de un vigilante.
Hay una decidida renuncia a narrar “los episodios más salvajes, sangrientos y monstruosos de la vida en un campo” y, en su lugar, la voluntad de “escribir sobre la vida y las personas”.
Y no quiero invitar a mis lectores a una cámara de los horrores
A continuación, escuetamente, enumera algunas de esas atrocidades sobre las que se niega a escribir.
Estamos entonces ante el ser humano, ávido de perfección, sumergido en la vulgaridad, una vulgaridad que se sobreentiende, que es tan persistente como el barro entre los barracones, como el frío. Dovlatov sabe que todo está dicho. Queda, si acaso, lo mínimo, la constancia de que el ser humano es capaz de adaptarse a todas las circunstancias sin dejar por ello de estar sometido a las mismas pasiones, sexo, sí, alcohol, también, y, como el autor destaca “la codicia, el miedo y la venalidad
El infierno somos nosotros.
Entonces, como todo está narrado, queda la estructura.
Estamos en 1982.
Dovlatov compone La Zona intercalando cartas a su editor con fragmentos que configuran una suerte de relatos breves que acaban convirtiéndose en una novela que prescinde de lo superfluo.
En las cartas nos enteraremos de las vicisitudes del autor, que vivía para entonces en EEUU después de ser “invitado” a abandonar la URSS, y la azarosa forma de recuperación de los textos que componen La Zona, desperdigados, microfilmados, sacados a escondidas de la Unión Soviética, reenviados a Dovlatov. El texto original de La Zona permanecía en la URSS. La estructura es la que es no sólo por esa voluntad de mezclar pasado y futuro, sino también porque los textos, que compondrían la posible novela que hubiese sido La Zona, han sido fragmentados, perdidos, remitidos de un lugar a otro del mundo. Además Dovlatov confiesa que su obra no está acabada: “Es una especie de diario, son apuntes caóticos, un conjunto de materiales desorganizados”. Todo este material desestructurado y enmarañado adquiere unidad y coherencia por el tema común del que tratan, los apuntes de un vigilante de campo y porque “En general, se expresa la idea banal y única de que el mundo es absurdo”.
Hay un fuerte contraste premeditado entre las cartas fechadas entre febrero y junio de 1982, y los textos del campo. Un contraste que nos hace pensar si es posible evolucionar y, creo que es la intención de Dovlatov, superar la vulgaridad y la absurdidad del mundo.
Es curioso comprobar como algunos de los aspectos que definen lo que ahora, a principios del siglo XXI, consideramos signos de la vanguardia, o la “modernidad”, narrativa, es decir fragmentación, esbozo, inclusión del presente de la escritura en el de la narración, brevedad y síntesis, son las señas de identidad de La Zona de Dovlatov.
La “modernidad” se alcanza reescribiendo lo pasado… o la “modernidad” hay que buscarla años atrás… o la “modernidad” es un fraude, la asunción de modos que acaban deviniendo comunes… o…
Qué importa. Dovlatov es Dovlatov, no nos quedemos en la influencia de La Zona en la narrativa del siglo XXI, porque tal vez, la estructura de La Zona no es más que fruto de sus circunstancias.
Lo dudo.
Pero que lo que estoy diciendo no nos lleve a engaño. La Zona no es solo una obra fundamentada en una arriesgada o peculiar estructura narrativa. Es también un importante testimonio literario que ahonda en la miseria de la condición humana. Es tan importante lo que se dice en los sucesivos episodios carcelarios descritos con el lacónico estilo de Dovlatov, como lo que el autor prefiere no contar, o como, nunca por encima ésta del estilo, su estructura. Es pues una obra sólida, envuelta en una latente ironía, en una cínica desesperanza, anegado todo ello en vodka, incluso en colonia engullida como último recurso alcohólico.
Hay en La Zona un regusto de autodestrucción, es innegable, pero también la firme convicción de que la naturaleza humana lleva aparejada su propia condena. Y que no importa en que lado de la alambrada nos encontremos.
Dice Dovlatov que hay dos tipos de narrativa enfrentadas, la carcelaria y la policíaca. En la primera el preso “es una figura sufriente y trágica que merece compasión y admiración. Por tanto el guardián es un monstruo y un malvado, es la encarnación de la crueldad y la violencia”.
Para la policíaca “el presidiario es el monstruo, la criatura del infierno. Y consecuentemente, el policía es el héroe, el moralista, una personalidad brillante y creativa
Continúa Dovlatov: “Cuando me hice guardián, estaba dispuesto a ver al recluso como víctima. Y a verme a mí como torturador y asesino.
Es decir, me inclinaba por la escala (de la narrativa carcelaria), la más humana. La que era más característica de la literatura rusa que me había educado. Y evidentemente la más convincente. (Porque Simenon no es Dostoievski.)
Una semana más tarde había dejado correr estas fantasías. La (escala carcelaria) resultó completamente falsa. La (policíaca) también.
(…)
A ambos lados de la alambrada se extendía el mismo mundo sin alma

Ver también:
La Zona, la culminación de un proyecto editorial (para una lectura cronológica recuérdese que un blog lo primero es lo último)