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25/7/13

Hijos apócrifos, de Víctor Balcells Matas

Esta es una de esas reseñas complicadas de escribir.
En primer lugar porque conozco personalmente a Víctor Balcells y nos une una suerte de afinidad lectora que se traduce en amistad.
En segundo lugar porque hay un concepto que no se debe, no se puede o no me da la gana mencionar. Un concepto que algunos resaltarán como inconveniente y otros como influencia. Como el concepto en el caso de Balcells no se puede soslayar, mencionarlo está de más. Sobre todo cuando Hijos apócrifos tiene la suficiente consistencia narrativa en sí mismo como para olvidarnos de lo que no se puede evitar.
Dicho esto, unido al hecho de que gracias a Balcells y a la editorial Alfabia no he tenido que comprar la novela, no será extraño que os acerquéis a estas notas con cierto recelo.

Empecemos:


May I ask, sir, what exactly are your intentions?            
My intentions? Unethical, reprehensible but very practical.

Sabrina; del guión de Billy Wilder, Ernest Lehman y Samuel Taylor


Después de lo que acabo de decir podríais pensar que la cita hace referencia a esta reseña, pero la intención es remarcar las motivaciones de los personajes de Hijos apócrifos.

Porque, no sé calificarla de otra manera, todo en la novela de Víctor Balcells es comedia.
Tal vez sería excesivo decir que es una screwball comedy, pero participa de las peculiaridades del género. De ahí la cita de Sabrina (aunque sea más una comedia romántica que estrictamente screwball) Porque lo verdaderamente interesante de las alocadas comedias del cine estadounidense son las situaciones absurdas a las que se abocan sus protagonistas a fin de mantener un engaño, una mentira o una impostura. Intenciones reprensibles pero verdaderamente prácticas para el fin perseguido, que suele ser de tinte romántico. Ya sabemos que al final el chico conseguirá a la chica, el malvado se ablandará, y todos serán felices por mucho que nadie sea perfecto.

En esos parámetros se mueven los personajes de la novela de Balcells: mentir, fingir e impostar los abocan a situaciones ridículas y desatinadas. Pero a diferencia de las comedias cinematográficas, estas situaciones no son un efecto transitorio que se diluirá en el happy end, sino que nos muestran la verdadera naturaleza de los personajes. En Hijos apócrifos la búsqueda/pérdida del padre es el nexo común que une a sus protagonistas. La paternidad y la filiación se confrontan en una sucesión de situaciones absurdas que dejan en evidencia la naturaleza pesimista y desesperanzada de los objetos de la narración.
Así tenemos a un escritor altivo y mujeriego que contrata a otro escritor para que escriba su biografía (“¿Y por qué quiere que escribas tú si él ya es escritor?”) o, más bien, para que contemple como vive su vida. A un estudiante de filología en Salamanca que ha crecido sin la presencia de la figura paterna, mezclado en círculos literarios y enamorado de la hija de un escritor empeñado en apartarla de él. A un poeta en ciernes, amigo del estudiante. A otro poeta que es sobornado por el escritor para que seduzca a su hija y suplante al estudiante.
Hay personajes que se esconden bajo camas o dentro de armarios, otros atrapados en balcones cerrados. En algún momento de la narración todos los personajes son arrastrados a situaciones absurdas de las que intentan salir con la peor de las posibilidades. Hay alcohol, muchas bebidas alcohólicas que los personajes consumen con un frenesí desmesurado e ilógico como una representación de nuestra forma de enfrentarnos a la realidad enmascarándola y reinterpretándola y de las consecuencias que acarrea tal desmesura etílica.
Hay cadáveres y palacetes y burdeles y discotecas y una continua re-localización geográfica que nos muestra que por muy lejos que viajemos nunca nos podremos librar de nosotros mismos.

“¡Viajar!, ¡Perder países! Y una mierda, todo es lo mismo, siempre.”

Pero no nos dejemos arrastrar por los tópicos. Se tiende a equiparar comedia con obra ligera. Pero una de las funciones de la comedia es la de la sátira social. Y estando la mayor parte de los personajes relacionados con la literatura Hijos apócrifos es una mordaz visión del mundillo social literario (aquel que sucede fuera de la escritura)
(Y aquí, si no fuera porque he decido que ese concepto debe quedar fuera de la lectura y de la reseña, diría que Balcells satiriza sobre los ineludibles lazos de sangre y sobre la independencia familiar del individuo)

La ligereza que suele acompañar a la comedia suele ser tratada peyorativamente, pero la visión descorazonadora que aporta de Balcells desmiente el tópico.

No quisiera que se produjese un malentendido con estas notas. Hijos apócrifos no es una novela hilarante y me pregunto seriamente si realmente es una comedia. Lo que hace Balcells es utilizar los recursos del género para darle una nueva vuelta de tuerca a los temas de la impostura y la familia enfocándolos desde una perspectiva ácida en la que se suceden situaciones embarazosamente absurdas a las que los personajes responden de forma extemporánea. 

Además, y esto ya es especulación por mi parte, si es posible que algunos comentarios hagan referencia al concepto que no menciono como influencia, por mi parte me ha parecido ver cierta recurrencia con los Poetas en la noche de José María Fonollosa, porque quizás el objetivo final de Balcells sea reflejar ese mundo que podríamos llamar “literatura social”, un mundillo tragicómico en el que cada uno cree poseer cierta filiación que nada tiene que ver con la implacable realidad.
O quizás sea al contrario, somos hijos de nuestras lecturas.

Bebamos.